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Descripción: El impala (Aepyceros melempus) es un
antílope de tamaño medio. Altura desde la cruz 85
a 100 centímetros; peso 40 a 80 kilos. Pelaje pardo rojizo,
más pálido en los flancos. Abdomen de color claro,
blanco a veces. Una raya vertical y negra en la parte posterior
del muslo. Mechones de pelos negros por encima de los talones de
las patas posteriores. Cuernos muy largos en forma de lira y visiblemente
anillados. La hembra es más pequeña y sin cuernos.
Hábitat-Distribución: Sabana con acacias
y bosques claros. Estepa arbustiva preferentemente. A menudo cerca
del agua.
Reproducción: Generalmente una cría después
de seis a siete meses de gestación.
Naturaleza: Estructura corporal esbelta, con patas largas
y cuello delgado. El sentido de la vista lo tienen poco desarrollado.
Son muy ruidosos y gruñen a menado durante todo el día.
En las peleas que llevan a cabo los machos para disputarse un grupo
de hembras, no suelen resultar heridos ya que sus cuernos están
configurados para que se entrelacen y sirvan tan sólo para
empujar. Son capaces de realizar prodigiosos saltos de nueve metros
de longitud y tres metros de altura. Son gregarios y no suelen desplazarse
grandes distancias.
Alimentación: Comen tanto de día como de
noche. Ramonean en las hojas de los rboles y de los arbustos.
Su dieta es muy seleccionada, descartando cuidadosamente los tallos.
También comen hierba y en la estación seca buscan
frutos, flores y hojas de acacias. Transcurren un 40 por ciento
de su tiempo alimentándose y otros 40 por ciento rumiando.
Acuden en rebaño a la charca
durante la tarde ya que dependen mucho del agua, aunque pueden sobrevivir
durante largos períodos con el rocío. Cada uno bebe
en la orilla durante menos de medio minuto. Algunos permanecen vigilantes,
ya que saben que en la charca son fáciles presas de sus enemigos.
Vida cotidiana: Cada macho tiene su «harén»
de 15 a 20 miembros entre hembras y crías. Durante la estación
seca se forman rebaños más numerosos llegando algunas
veces a 100 individuos. Los machos jóvenes e inexpertos forman
grupos en espera de ser dueños de un clan de hembras. Las
hembras, a su vez, también constituyen rebaños bajo
las órdenes de la más vieja.
Los machos vigilan al grupo de las
hembras y de sus crías desde una posición destacada.
Los enormes saltos que realizan les sirven para mostrar su estado
de ánimo o para dar la alarma de algún peligro inminente.
Los enormes saltos ponen enseguida en alerta a sus compañeros.
Las peleas entre los machos son frecuentes durante la época
de celo, emitiendo sonoros gruñidos. |