| Escrito por África González Gómez,
on 30-01-2008 13:22
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¿Necesita el continente los viajes glamourosos de la actriz Angelina Jolie, de Bono, el cantante filantrópico de U-2, de Maddona acudiendo a solucionar el problema de los huérfanos en Malaui, o del último viaje de David Beckam, como embajador de Unicef, a Sierra Leona? Los más críticos consideran que estas campañas mediáticas distorsionan la imagen de África y perpetúan la imagen de un continente desvalido que necesita ser “redimido” por el hombre blanco. Es decir, más de lo mismo.Las visitas de Blair, de Brown, de Al Gore, y por supuesto de Bono, cantante del grupo británico U-2, al continente africano y los grandes llamamientos con el inevitable y mesiánico “Save Africa”, el año pasado más concretamente la campaña “Save Darfur”, provocaron no pocos artículos y foros de discusión entre africanos, periodistas y ciudadanos interesados o amantes del continente.
El debate fue mayor en Estados Unidos, donde la campaña Save Darfur fue mayor. Ya en diciembre de 2005, el escritor Paul Theroux en su artículo “The rock star´s burden” (La carga de la estrella de rock), publicado en el New York Times y en The International Herald Tribune, criticaba abiertamente a Bono por abanderar campañas “de palabras vacías y gestos públicos” basadas en la presunción errónea de que “África es fatalmente conflictiva y sólo puede ser salvada por ayuda externa”. Para Theroux: “África es un lugar encantador - mucho más encantador, pacífico y resistente y, si bien no próspero, mucho más autosuficiente de manera innata de cómo normalmente lo pintan. Pero precisamente porque África parece inacabada y tan diferente al resto del mundo, un paisaje en el cual una persona puede inventarse una nueva personalidad, atrae a los mitomaniacos, gente que quiere convencer al mundo de su valía”. Además de contra Bono –“ese rockero irlardés que se pasea con un sombrero de cowboy....- también se despacha a gusto contra el exhibicionismo de Angelina Jolie y Bratt Pit “Famosos blancos que viven de su imagen aparecen en África a lo grande. Mirando a Brad Pitt y Angelina Jolie recientemente en Etiopía, abrazando a niños africanos y sermoneando el mundo sobre la caridad, la imagen que inmediatamente saltó a mi mente era la de Tarzán y Jane”. El pasado verano la revista norteamericana Vanity Fair decide dedicar un número especial a África. La revista invadía los kioskos con la portada de 21 diferentes fotografías de personas de prestigio internacional, hechas por la fotógrafa Anne Leibovitz. Por las portadas desfilaron desde George Bush y Condolezza Rice, hasta Desmond Tutu, Mandela, el candidato a la Casa Blanca Obama, el actor beninés Djimon Hounsou, la cantante Madonna, Brad Pitt, el multimillonario Warren Buffett, la modelo de origen somalí Iman, Bill y Belinda Gates. Brat Pitt era el encargado de entrevista a Desmond Tutu; se incluía un artículo de fondo sobre la necesidad de erradicar la pobreza del economista británico Jeffrey Sachs; un artículo sobre Nelson Mandela escrito por Bill Clinton.... Y, por supuesto, el blanco de todas las críticas, el cantante irlandés Bono, que, en un caso único, había sido editor especial de la publicación sobre África y que desde las páginas de la prestigiosa revista alentaba a los próximos candidatos a la Casa Blanca a abanderar la causa de África. Como reacción al número de VF, salió publicado en el Washington Post un artículo titulado “Dejen de tratar de salvar a África” (escrito por el joven escritor americano-nigeriano Uzondima Iweala, autor del libro “Beasts of No Nation, una novela sobre niños soldado) El artículo de Iweala, como era de esperar, levantó grandes adhesiones en la comunidad afroamericana y africana. Su tesis es que África no quiere ser salvada, ya que los propios africanos son capaces de su propio desarrollo a través de una colaboración justa con otros países “de la comunidad global”. En el artículo critica duramente a los que quieren “salvar” África ya que, según él, lo hacen por vanidad y para paliar su sentimiento de culpa: “Parece que actualmente Occidente, consumido por la culpa respecto a las crisis humanitarias que ha creado en Oriente Medio, se ha puesto a ayudar a África para su redención. Estudiantes universitarios idealistas, famosos como Bob Geldof y políticos como Tony Blair han hecho suya la misión de traer la luz al continente oscuro. Vuelan para voluntariados y misiones de reconocimiento o para elegir niños para adoptar más o menos de la misma manera que mis amigos y yo en Nueva York tomamos el metro para ir a la perrera municipal a adoptar perros callejeros”. Y, añade, “Ésta es la nueva imagen que Occidente tiene de sí mismo: una generación sexy, políticamente activa cuyos medios preferidos para propagar sus ideas son los artículos especiales en las revistas con famosos en primer término, africanos desesperados al fondo”. Hacía clara referencia a la revista de Vanity Fair tan traída y llevada. Detrás de las palabras de Iewala se trasluce su hartura por la cantidad de famosos que se pasean por el continente como quien se pasea por un escenario, para, a los pocos días, volverse a sus maravillosas mansiones. África no es un decorado para hacerse fotos con niños famélicos al fondo contrastando con el color blanco de la piel del famoso de turno. Y es normal que alguien que permite que su mujer se gaste 70.000 euros al año en peluquería, como David Beckam, y pasa un fin de semana de relámpago en Sierra Leona para hacerse la foto como embajador de buena voluntad de UNICEF, enerve a cualquiera. Pero en este caso, y en otros muchos, como en el de Vanity Fair, la culpa no la tiene el que se presta al “juego” de la foto, que, imagino, quiere que su imagen sirva para “ayudar a una buena causa”, sino creo que la responsabilidad es de la organización que lo propone. Después de su “desahogo”, Iewala termina su comentario confiando en que la gente inteligente se dé cuenta de que África no quiere ser salvada. “Africa quiere que el mundo sepa que a través de socios iguales junto a otros miembros de la comunidad global, nosotros mismos seremos capaces de un crecimiento imprecedente”. Otro que hacía diana de sus críticas contra Bono es el músico nigeriano Femi Kuti, hijo del legendario Fela Kuti. En una entrevista se despacha a gusto y declara que África no necesita a Bono para decirles que es pobre, sino que necesita más iniciativas de los propios africanos y más inversiones que generen negocios. Y también necesita que “las democracias occidentales dejen de hacer la vista gorda respecto a la corrupción africana”. Por supuesto, no hay corruptos si no hay corruptores. La periodista freelance Jennifer Brea escribe un artículo titulado: “Los africanos a Bono: “¡Por el amor de Dios, por favor, para!” “Tildar a África de lugar barbárico o sin esperanza o de encantador y chic puede vender revistas y puede conseguir que abramos nuestro monedero por un momento. Pero ninguno de estos mitos es verdadero o útil. Según ella, las campañas tipo “Make poverty history”, muestra a África, como continente a salvar, “negándoles a los africanos un papel como agentes de su propia transformación”. Y añade que, a largo plazo, la ayuda humanitaria hace más mal que bien por su efecto en el crecimiento económico de los países receptores. Y se pregunta si realmente queremos ayudar, “¿por qué no preguntamos a los africanos, no a sus gobiernos, como perciben los desafíos que tienen ante ellos, los sueños que tienen para el futuro, y los recursos que creen que necesitan para realizarlos?” Y, aquí viene la dura crítica a la revista Vanity Fair. “En vez de eso, permitimos que un bienintencionado estrella de rock irlandés, un economista judío americano y su cohorte de Hollywood se conviertan en la voz y la cara de África. Y, en este proceso, la historia de la otra África, la África que es dinámica, creativa, y quiere trabajar como socia (de igual a igual, N.d.T. aquí Jenniffer utiliza el famoso Partener) y liderar su propio futuro, está siendo ahogada por el grito de corneta de los famosos anti-pobreza y nuestros propias necesidades de emociones fuertes, de titulares morbosos de guerra, pobreza y pena”. El debate no es nuevo. Y dentro del mundo de la cooperación al desarrollo, ya hace tiempo que se plantearon la cuestión de qué imagen se da de los países del sur, sobre todo en las campañas publicitarias, y el tema quedó zanjado –o al menos quedó claro-con la aprobación por la Coordinadora de ONGD de un código de conducta. Sobre todo se pide que se presente a los pueblos del sur con dignidad, algo que no siempre respetan los viajes relámpagos de las estrellas mediáticas. Por ejemplo en el Código de Conducta de la CONGDE se asegura: “La comunicación y la publicidad son instrumentos de sensibilización y educación para el desarrollo, coherentes con el trabajo de las ONGD, por eso deberán propiciar el conocimiento objetivo de la realidad de los países del Sur, dando el protagonismo a las personas y pueblos del Sur, con absoluto respeto a su dignidad (...) La comunicación y la publicidad deben evitar tanto en los mensajes como en las imágenes, toda clase de discriminación, así como imágenes catastrofista, idílicas, generalizadoras o discriminatorias, que expresen una superioridad del Norte o que presenten a la gente del Sur como objetos de nuestra pena y no como socios en el trabajo conjunto de desarrollo." En mi modesta opinión, las grandes campañas mediáticas, sobre todo de organismos como UNICEF, ACNUR, OMS, que son los que más “tiran” de famosos, deberían aplicarse este código de conducta de nuestra CONGDE. Artículo elaborado gracias a la documentación aportada en el blog de Elia, española que vivió varios años en Congo, y que tiene una sección sobre África. Revisado el : 07-02-2008 19:44
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