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Hace más de 41 años que Gerardo González Calvo comenzó su andadura periodística en esta revista. Desde entonces, nada ni nadie pudo frenar su trayectoria. Con su presencia, tiempo y dedicación, ha cooperado de manera singular a que cada número de Mundo Negro viera la luz del día mes tras mes. No habrá ningún ejemplar en que no haya firmado algún artículo, elaborado alguna sección o programado algún número especial. Su nombre ha estado, a través de estas cuatro décadas, ligado fuertemente a nuestra revista.
Al llegar al final de su etapa en la redacción, no podemos eludir un sincero homenaje de despedida. Es la causa imperiosa de la jubilación la que hace que tengamos que poner fin a un hito en la historia de Mundo Negro y despedirnos de él. Ya jubilado –aunque sabemos que nunca se jubilará en lo referente a su pasión por África–, pone el broche de oro a una vida llena de experiencias, de artículos, de miles de horas en la redacción, a tiempo y a destiempo, por esa pasión que empezó a cautivarle allá por los años sesenta: África y los africanos. Su trayectoria periodística y sus conocimientos sobre el continente africano siguen siendo un punto de referencia en los medios de comunicación españoles.
Tan identificado ha estado con África que no dudó en poner ese nombre a su hija. Conoce como nadie los entresijos de la compleja situación del continente no sólo a través de sus estudios, sino también por sus múltiples viajes, ya desde los comienzos de las independencias de los países africanos hasta hoy. Fruto de esos viajes y sus memorias, han visto la luz varios libros suyos publicados en la Editorial Mundo Negro. Durante estas cuatro décadas, su vida también ha estado estrechamente vinculada a San Daniel Comboni, y con él a los misioneros combonianos; por eso tampoco es casualidad que su hijo lleve el nombre de Daniel.
Tener en el organigrama de Mundo Negro una persona con tanta experiencia africana y con tal capacidad para vibrar por su realidad ha sido un privilegio para África, para la revista Mundo Negro y para la Misión. Le ha llegado el tiempo de poner fin a esta rica trayectoria, aunque sabemos, como no podía ser menos, que seguirá dispuesto a echar una mano si se necesita, porque su pluma no descansará por más que él se lo proponga. Tres pasiones se han entremezclado en su vida: África, Comboni y la Misión.
Al concluir su tarea como redactor-jefe de Mundo Negro, brotan del corazón dos palabras. En primer lugar, gracias. No sólo por su abnegación y energías dedicadas, sino sobre todo por su persona y su presencia. En segundo lugar, queremos expresar, junto con todos nuestros suscriptores, colaboradores, corresponsales y empleados, nuestro reconocimiento por haber dado lo mejor de sí para que la revista se renovara permaneciendo fiel a los pilares que siempre la han distinguido.
Gracias, Gerardo, hasta ahora redactor-jefe de Mundo Negro; gracias por lo que eres y por todo lo que has dado a esta revista. Su historia no se podrá recordar sin tenerte en cuenta a ti. En nombre de los misioneros combonianos, de nuestros suscriptores, amigos y bienhechores, un gracias de corazón.
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