Misioneros Combonianos | C/ Arturo Soria, 101 | 28043 Madrid | España | 91 416 98 38  
.

LA HORA DE LA VERDAD
 
 

La cumbre de Lisboa del pasado mes de diciembre, en la que se reunieron los jefes de Estado de África y Europa para buscar nuevos caminos de cooperación, nos invita a estrenar este nuevo año, si no con un optimismo real, sí al menos con esperanzas renovadas. Lisboa supone el inicio de una nueva etapa en la historia de las relaciones entre ambos continentes. Según lo que allí se respiró y que está plasmado en la declaración final, África y Europa están decididas a “construir un nuevo acuerdo político y estratégico para el futuro, superando la tradicional relación donante‑receptor”.

África y Europa deben entenderse en un marco de reciprocidad e igualdad. Ya no sólo por el pasado –que aunque no se debe olvidar, sí es bueno superar–, sino sobre todo de cara a un futuro que cada vez es más común. Uno de los frutos de esta cumbre ha sido el llamado “plan de acción para el período 2008‑2010”, que contempla ocho grandes campos de cooperación que van desde la paz y la seguridad hasta la ciencia, la sociedad de la información o la tecnología espacial, pasando por la energía, el cambio climático, el comercio, la inmigración, el buen gobierno o el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. En la introducción a este plan se afirma que “las alianzas deben ser consideradas como relaciones políticas entre dos partes interesadas que se han organizado voluntariamente en torno a una visión común, con la intención de lanzar acciones concretas y cuyos actores y duración variarán en función de los objetivos de dicha cooperación”.

Pese a que se suela llamar a África como el continente desconocido, su historia ha estado ligada a la de Europa desde hace muchos siglos; a veces para bien, a veces –desgraciadamente, las más– para mal. Lo que sí es incuestionable es que de cara al futuro, África y Europa están condenadas a entenderse, y deben hacerlo porque el futuro de ambas converge cada vez más. Por eso, un trato de igual a igual es condición sine qua non para poder afrontar ese futuro. La cumbre de Lisboa y las decisiones que allí se tomaron son ya un primer paso.

Pero una cosa son las buenas intenciones, y otra muy distinta la situación concreta y real en la que viven ambos continentes. Un trato de igual a igual entre la región más rica y la más pobre del planeta no es tan fácil; hay mucho que hacer para que esa relación sea verdaderamente igualitaria. El gran abismo que hay entre una y otra, especialmente en el campo económico, tecnológico o de comunicaciones, es un gran obstáculo que hay que salvar. En Lisboa se puso de manifiesto la dificultad que tiene África para adoptar los nuevos acuerdos económicos propuestos por la Unión Europea, acuerdos que, tal y como están planteados, supondrían una crisis económica de tales dimensiones que pocos países africanos podrían soportar.

África, por su parte, debe avanzar mucho en lo que a democracia y buen gobierno se refiere, si quiere tratar de tú a tú al viejo continente. Europa, por su lado, tiene ante sí la oportunidad de cambiar su imagen ante un continente al que hasta ahora sólo ha mirado por intereses económicos y comerciales. Si el trato es realmente de tú a tú, con confianza y equidad, podremos mirar al futuro con optimismo. Ha llegado, pues, para ambas, la hora de la verdad.

 

 
 

© MUNDO NEGRO tiene la exclusiva para España de los servicios de las siguientes revistas: NIGRIZIA, de Verona; LEADERSHIP, de Kampala (Uganda); ALEM-MAR, de Lisboa; NEW PEOPLE, de Nairobi (Kenia); WORLDWIDE, de Pretoria (Sudáfrica); WORLD MISSION, de Manila (Filipinas); AFRIQUESPOIR, de Kinshasa (República Democrática de Congo)