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Andrés Laso:
Profesor y amigo de Rungu

 

 

 

 

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"En Congo hay mucho que hacer para alcanzar un buen nivel educativo"
 

Andrés Laso es un joven laico italiano, de padre panameño, que ha dedicado dos años de su vida a compartir su formación y su persona con los chavales de Rungu, al norte de la R. D. de Congo. El año 1999 fue su bautismo de fuego como laico voluntario, pues trabajó durante tres meses en Kinshasa. En esta ocasión, y ya terminada la carrera de Biología, estuvo dando clases en la escuela secundaria que dirigen los misioneros combonianos en Rungu. Andrés pertenece al GIM (Jóvenes y Compromiso Misionero), un grupo de jóvenes creado por los misioneros combonianos en Italia, a los que les une la misma pasión e inquietudes: conocer más de cerca la misión y la vida misionera. En el GIM algunos jóvenes se comprometen como laicos misioneros por unos años de su vida. “En 1998 comencé a participar en los encuentros mensuales del GIM. Dos años antes de venir a R. D. de Congo, hicimos una promesa y una semana antes del viaje tuvo lugar el rito del envío a la misión presidido por el provincial comboniano de Italia, el cual me dio una pequeña cruz”.

Antes de su servicio voluntario, Andrés trabajó en Florencia. Como biólogo, puso sus conocimientos al servicio de la enseñanza en Rungu. Allí impartió clases de Matemáticas, Biología y Química a los chavales de secundaria. También ha colaborado en la formación de profesores y ha puesto en marcha actividades deportivas. Pocos meses antes de terminar su voluntariado, hace un balance positivo de la experiencia y comenta cuáles son las carencias del sistema educativo congoleño.

Al contrario de lo que sucede en Europa, que se habla de desinterés, desmotivación y aumento del fracaso escolar, los chavales de Rungu están sedientos de saber. “El ver a los alumnos interesados, preocupados por estudiar, aprender el máximo de conocimientos, es una de las cosas que más me ha motivado para seguir adelante con mi compromiso. Me ha alegrado ver cómo los jóvenes han aprovechado esta oportunidad”, comenta Andrés. Sin embargo, en cuanto al sistema educativo congoleño Andrés reconoce que queda mucho por hacer. “Hay muchos problemas a distintos niveles. Poco después de mi llegada, los profesores consiguieron, negociando con el Gobierno, una pequeña mejora de sus sueldos. Durante varios años no habían cobrado ningún salario. Existe también el problema del nivel de los alumnos: en Rungu hay una gran diferencia entre lo que exige el programa nacional y la capacidad de los alumnos. Si se mantiene el nivel alto, los alumnos no aprenderán nada; pero, si se tiene en cuenta el nivel de los alumnos, nunca se cumplirán las exigencias del programa nacional. Haría falta también un reciclaje de los profesores. Por supuesto, también existe carencia de material escolar, falta de libros, dificultad económica de las familias... Hay mucho que hacer para alcanzar un buen nivel educativo”.

Además de dar clases, Andrés también ha organizado actividades deportivas. “El P. Mariano, que estaba encargado de ello, me dijo que le ayudara. Estaba organizando un torneo entre varias escuelas. Cuando el P. Mariano se fue, me quedé responsable de ello. Cada domingo organizábamos deportes, muchísimas personas venían de todo el pueblo a seguir a los chavales... Creo que es otra manera de formar a los jóvenes. Al principio, no aceptaban perder y se creaban situaciones de tensión. Después aprendieron a perder con deportividad. Al final, organizamos el campeonato, con los premios y una bonita ceremonia oficial. A la gente le gustó y disfrutó mucho”.

La decisión de Andrés de ponerse al servicio de la comunidad de Rungu parte de una convicción religiosa, de un compromiso cristiano. “Creo que forma parte de nuestro ser cristiano hacer el bien, servir a los otros. Por eso, el trabajo que realicé allí con los jóvenes espero que forme parte de mi manera de ser cristiano. Es un pequeño granito, puesto allí”, dice sin ningún atisbo de vanagloria.

 
 

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