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Commonwealth

Una riqueza poco común

 
 
   

La palabra Commonwealth significa “riqueza común”. Esta organización agrupa a 53 naciones, casi todas ellas antiguas colonias británicas. A finales de noviembre sus jefes de Gobierno se reunieron en Kampala (Uganda). El país africano se volcó en los preparativos, pero las conclusiones de la cumbre revelaron que la riqueza es poco común en una Commonwealth donde están presentes algunos de los países más ricos del mundo junto con algunos de los más pobres.

     

Por José Carlos Rodríguez

 

Desde hace dos años los ugandeses han añadido una palabra nueva a su ya rico vocabulario: CHOGM. En siglas inglesas, significa: Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth, un acontecimiento que se celebra cada dos años.

Pero para la gente de a pie en Uganda, durante los dos últimos años la palabra ha llegado a tener resonancias de adviento secular, un acontecimiento brillante que traería, como si de un nuevo mesías se tratara, la solución a una larga letanía de problemas sin resolver: carreteras, seguridad, electricidad, comunicaciones, sanidad pública...

“¿Está usted preparado para el CHOGM?”, ha sido el eslogan repetido por radios y grandes carteles publicitarios. El habitante de Kampala que emplea todos los días dos horas en acudir a pie a su trabajo porque no le llega el dinero para pagarse el transporte público lo oye, se encoge de hombros, y se pregunta sorprendido qué preparación se espera de él.

Otros anuncios publicitarios portaban la foto de cantantes, empresarios, presentadores de radio famosos, con grandes sonrisas, proclamando: “Yo sí estoy preparado para el CHOGM”. Uno los veía y no podía menos de preguntarse qué papel tendría toda esa gente en una reunión de jefes de Gobierno, pero no importa, todos los ugandeses seguirán usando la frase durante muchos años como parte del habla coloquial.

“Yo creo que no estás preparada para el CHOGM”, dice el marido a la mujer si se retrasa con la comida. “Aquí no estamos preparados para el CHOGM” es ahora la expresión habitual cada vez que hay un apagón, no sale agua del grifo o circulamos por una incómoda carretera llena de baches.

commonwealthProtagonistas, los ugandeses

Al final, el 22 de noviembre llegaron los dignatarios, encabezados por la reina Isabel de Inglaterra y acompañados de miles de delegados, y ¡oh milagro!, todo salió a pedir de boca. Las obras de renovación del aeropuerto de Entebbe estaban concluidas, las carreteras asfaltadas, los nuevos hoteles dieron otro aire al centro de Kampala, todo funcionó debidamente, se retiraron mendigos, prostitutas y moto‑taxis de las calles, y hasta los policías de tráfico con su flamante uniforme de blanco añadieron colorido a la ciudad.

Más de 800 periodistas de todo el mundo cubrieron el acontecimiento. El Gobierno de Uganda se gastó 150 millones de dólares en toda esta preparación durante los dos últimos años fiscales. Algunos gastos, como reparar carreteras, poner papeleras en Kampala o mejorar la infraestructura del sector turístico, han tenido una clara utilidad y el país se seguirá beneficiando en el futuro. Otros, como desembolsar 11.000 dólares en paraguas para los delegados o varios millones en teléfonos móviles de última generación para oficiales del Gobierno, han sido más extravagantes.

Los ugandeses, conocidos por su proverbial hospitalidad y carácter amigable, fueron los auténticos protagonistas. Una legión de empleados de hotel, conductores, electricistas, personal de seguridad y cientos de voluntarios que prepararon ramos de flores y barrieron las calles, hicieron que los asistentes hablaran maravillas de la organización. El presidente de Ghana, John Kufour, lo resumió así el último día de la cumbre: “Uganda nos ha hecho sentir orgullosos a los africanos”.

Ya nadie duda que Uganda ha estado a la altura de la cumbre de la Commonwealth. Otra cosa es preguntarse si la Commonwealth está a la altura de Uganda. O de la mayor parte de sus países, que están entre los más pobres del mundo.

Cambio climático, sin consenso

Los jefes de Gobierno vinieron para discutir un tema: “Transformación de nuestras sociedades”. Palabra que mueve montañas, la “transformación” exige, entre otras cosas, abordar temas espinosos como el cambio climático, el comercio internacional y el progreso realizado en el campo de los objetivos del milenio de lucha contra la pobreza. En el comunicado final, el 25 de noviembre, los países presentes firmaron un acuerdo en el que se comprometían a adherirse a valores como la democracia, la igualdad de género, los derechos humanos, la lucha contra la corrupción... Quién no ha oído declaraciones semejantes anteriormente.

Pero cuando, el día anterior, tuvieron que firmar una declaración sobre el cambio climático, todo se redujo a un documento vago y ambiguo, sin ningún valor vinculante, dejando a cada Estado total libertad para seguir o no sus recomendaciones. Una buena parte de los países de la Commonwealth son pequeños Estados‑islas, muy preocupados por el cambio climático, ya que una subida de los niveles del mar puede amenazar su misma existencia. Canadá, uno de los países más ricos de la Commonwealth, ratificó el protocolo de Kyoto en 2001, pero su nuevo primer ministro, el conservador Stephen Harper, no ha querido comprometerse a firmar ningún tratado que suponga la imposición de límites a la emisión de gases que producen el “efecto invernadero”, lo que supondría poner cortapisas a su producción industrial. Como dijo el secretario saliente de la organización, el neozelandés Don McKinnon, “cuando llega el momento de ponerse de acuerdo, cada dirigente se aferra a las posiciones marcadas por sus gobiernos antes de acudir a la reunión”. Éste es un problema de difícil solución en una organización como la Commonwealth, que toma sus decisiones por consenso, no por mayoría de votos.

Participación de la sociedad civil

Pero la cumbre de la Commonwealth no fue sólo un magno evento en los nuevos hoteles de lujo de Kampala. Una semana antes, McKinnon, conocido por su carácter afable y su interés por los lugares más pobres, inauguró en Gulu, en el norte del país, una escuela técnica para jóvenes afectados por la guerra. La Commonwealth invirtió en este proyecto dos millones de dólares.

Tampoco fue sólo una parafernalia para gente importante. Como ocurre desde hace varios años, una serie de acontecimientos paralelos permiten una mayor participación popular. Más de 1.500 delegados de la sociedad civil de los 53 países celebraron el “Foro de los Pueblos”.

Acudo al hotel donde celebran esta reunión y entro en diversos talleres sobre los temas más variopintos: derechos humanos, sida, sanidad pública, derechos de la mujer, lucha contra la corrupción...

“¿Por qué no se presta a los diabéticos la misma atención de la que gozan los afectados por el virus VIH?”, pregunta en uno de los debates Alice Lamwaka, farmacéutica jefe del hospital público de Gulu. “Todo el mundo hace campaña para que se proporcionen medicamentos antirretrovirales gratis a los afectados por el sida, pero en Uganda si eres diabético, nadie te paga los cuarenta dólares que cuesta el tratamiento mensual de insulina, y te mueres”.

En otra sala encuentro a unas cien personas participando en un diálogo sobre derechos humanos. “Lo que hace falta es menos declaraciones y más actuar contra los países que violan el derecho a la libertad de expresión”, dice el gambiano Ousman Yabo, en referencia al Gobierno de su país. A continuación, la parlamentaria ugandesa Rebeca Kadaga critica la actuación de la policía en su país: “Cuando te detienen, te quitan la camisa y los zapatos, te obligan a sentarte en el suelo y te deshumanizan”.

Foro juvenil

En otro hotel, 150 jóvenes participan en el “Foro Juvenil”. En ningún lugar como éste me doy cuenta de las diferencias abismales que existen entre los distintos países de la Commonwealth, sobre todo cuando pregunto a algunos de los delegados que me expliquen cuáles son los problemas que afectan más a los jóvenes de sus países.
La población juvenil representa más de la mitad de los ciudadanos de los países de la Commonwealth. Seguramente por eso los jóvenes atrajeron más atención que otros grupos. En su discurso ante el Parlamento de Uganda, Isabel de Inglaterra habló de ellos como “una fuente de energía con un optimismo y entusiasmo casi sin límites”.

Desarrollo desigual

Es indudable que la posición del presidente ugandés Yoweri Museveni –y presidente en ejercicio de la Commonwealth durante los dos próximos años– ha salido reforzada. Durante sus intervenciones públicas, no dejó de repetir que el problema de las sociedades de la Commonwealth es un desarrollo muy desigual, “una riqueza poco común”, dijo. En su opinión, “uno de los mayores obstáculos para la transformación de muchos de nuestros países es el error de basar nuestras economías en la exportación de materias primas, en lugar de añadir valor y exportar productos manufacturados”. Para él, esta transformación sólo será posible con la existencia de “una población escolarizada, sana y con una buena formación profesional, con oportunidades de empleo en sus propios países”.

La gente de África, y del resto de los países menos desarrollados de la Commonwealth, necesitarán mucho más que declaraciones para beneficiarse del CHOGM que se ha celebrado en Kampala.

 

 
 

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