| Manou Gallo, percusionista, bajista y cantante de Costa de Marfil, publica su segundo disco en solitario, "Manou Gallo". Esta vez la artista defiende el material de su segundo álbum sin bajo ni tambores de por medio. Un disco sin título en el que su sudoroso rostro de ébano copa la portada. Su estilo poco tiene que ver con la música tradicional de Aïcha Koné o el adictivo y moderno zoblazo de Meiway, cantantes marfileños con proyección panafricana, sino que va un paso más allá.
"He adquirido sobre todo confianza y madurez. En mi primer disco la música estaba todavía por definir y no estaba muy segura de lo que estaba haciendo. Esta segunda colección de canciones es un trabajo muy personal con influencias del rock, el funk y del jazz. Es la madurez de todo lo que ha representado para mí toda mi vida musical", sentencia quien fuera niña prodigio de los tambores en su aldea natal de Divo.
La relación de Manou con la música le viene desde el mismo día de su nacimiento, el 31 de agosto de 1972. Ciertas lenguas dicen que su abuela le transmitió el don de tocar los tambores, aunque ella se desmarca de esta versión. “Mi abuela no me inculcó la pasión por la música. Simplemente me retuvo un poco antes de que me iniciara en la música, ya que las mujeres africanas de la etnia djiboi, de la que provengo, tienen prohibido tocar el tambor. El día que nací mi bisabuela murió y mi madre me contó que ella le había revelado que yo era una enviada para dar la vuelta al mundo”.
Afirmación que queda constatada en los numerosos viajes y giras que ha realizado a lo largo del mundo, ya sea en solitario o con su anterior banda, Zap Mama, aquel exótico combo que en sus trabajos iniciales interpretaba a cappella los cantos tradicionales de los pigmeos de Congo. En 1980, durante la celebración de un entierro, con tan sólo ocho años, Manou ofreció en público sus habilidades con los tambores parlantes Atoumblang, instrumentos sagrados que sirven para comunicarse con los espíritus. Los asistentes se quedaron estupefactos ante la exhibición de la niña y algunos de los presentes la tacharon de bruja.
“Empecé en la percusión por la pura curiosidad que puede sentir un niño. Cogí unos palillos y empecé a tocar. El bajo vino después, cuando entré en el grupo Woya en 1985. También aprendí a tocar el piano y algo de solfeo”. El grupo Woya, que le sirvió para curtirse sobre el escenario, se hizo muy popular y realizó varias giras por África occidental en la segunda mitad de los años ochenta. Todo lo que es hoy Manou se lo debe a su mentor y guía espiritual Marcelin Yacé, director musical de Woya. Fue él quién la animó a probar con las cuatro cuerdas de la guitarra bajo. Marcelin fue una de las primeras víctimas de la guerra civil que se desató en 2002 en Costa de Marfil y que acabó con su vida aquel fatídico 19 de septiembre.
La talla artística de Manou se puede medir en acontecimientos como la invitación que el saxofonista camerunés Manu Dibango le brindó en el concierto de conmemoración del 50 aniversario de su carrera. También ha tenido el honor de codearse con el cantante norteamericano de soul Ben Harper, con quien compartió tablas en la sala Forest National de Bruselas, el 30 de octubre del año pasado. Para la realización de su segundo disco Gallo ha contado con invitados como el cantante Tanga Rema, de Burundi, o el rapero Ballo, antiguo miembro de Starflam, un reconocido grupo de la escena belga.
Admiradora del trabajo de bajistas como Richard Bona, Etienne Mbappé, Michael Alibo, Meshell Ndegeocello, o Habib Faye, el compositor y también teclista de Youssou N’Dour, nuestra inquieta protagonista reconoce que no le hace ascos al Coupé Décalé, la música de baile más exportable de Costa de Marfil. "En todos los países hay música comercial. Lo único que me molesta es que está hecha de una manera muy acelerada. Pero hay temas que están bien y soy la primera en ponerme a bailar cuando la escucho". Manou también se interesa por la música tradicional, un género que no puede olvidar dado su bautismo de fuego a los tambores.
Pese a su condición de residente en Europa, no exenta de visitas a África, sigue con interés los acontecimientos que a día de hoy vive su país. “Espero que la paz vuelva algún día a Costa de Marfil. Cuando estaba en Bruselas y me enteré de los vertidos tóxicos del barco Probo Koala me indigné con la actitud de occidente. Es deplorable meter todo eso en un barco y hacer que cruce el océano para que llegue a África”. Tras sus escasas visitas a España, Manou Gallo descubre las afinidades que le unen a nuestro país. "Me gusta mucho el fútbol y admiro a equipos como el Real Madrid y el Barcelona. También me gusta la música de guitarra flamenca, porque es muy próxima a los ritmos africanos". |