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Los combates registrados el pasado mes de febrero en Yamena, la capital de Chad, ocuparon buena parte de los informativos de radio y televisión y no pocas páginas en todos los diarios, tanto nacionales como internacionales. Pocas semanas antes, había sido la violencia étnica desatada en Kenia tras las elecciones presidenciales la que acaparó el protagonismo en los medios de comunicación. También lo fue Sudán Meridional en su momento; al igual que Darfur, la República Democrática de Congo, Somalia, Uganda, Liberia, Sierra Leona o Ruanda… Una lista interminable que puede inducirnos a la idea de que la violencia y la muerte están tan incrustadas en el continente africano que es imposible desterrarlas de una vez para siempre.
Sin embargo, y en medio de un panorama tan sombrío, también ha habido –y sigue habiendo, por fortuna– muchas luces de esperanza. Liberia consiguió salir de su infierno y hoy, de la mano de una mujer, Ellen Johnson-Sirleaf, está logrando curar sus heridas y resurgir de las cenizas de muerte en las que se vio sumida por una guerra fratricida. Sudán Meridional logró, por fin, terminar una guerra que se cobró millones de víctimas. Ruanda, pese a tener aún muchas heridas abiertas, camina con paso firme por el camino de la reconciliación. En la región del Kivu, en la República Democrática de Congo, se acaba de lograr un compromiso por la paz. La lista también se puede hacer interminable. Cierto es que en muchos de estos lugares la paz es relativa, o que pende de un hilo; pero es paz, al fin y al cabo, y da luz y esperanza a una población cansada ya de sufrir tanto. Por desgracia, estas pequeñas luces ocupan, en proporción, mucho menos espacio informativo que aquellas sombras.
Al tiempo litúrgico de Cuaresma se le suele rodear también de un cierto halo sombrío. Para los cristianos es tiempo de conversión, de penitencia, de buscar lo negativo y lo oscuro de la vida humana para cambiarlo y transformarlo en luz renovadora. Sin embargo, el centro del acontecimiento pascual no es la Muerte de Jesús, sino su Resurrección. Todo el camino cuaresmal está enfocado hacia una única realidad: la de la Vida del Resucitado que, con su triunfo sobre la Muerte, da la Vida a la humanidad. Cuando todo parecía perdido y la humanidad pensaba que la muerte había vencido, Dios puso las cosas en su sitio. No, no es la Muerte la vencedora, es la Vida la que al final triunfa sobre ella.
Es posible que los acontecimientos que nos muestran los medios de comunicación –que son bien reales–, nos hagan pensar que África sigue caminando por senderos de muerte y violencia. Pero a pesar de ello, existe otra realidad, la de la esperanza, la de millones de hombres y mujeres que quieren y desean la paz, la de grupos, asociaciones, Iglesias, líderes religiosos y políticos que día a día se están esforzando por la paz y la reconciliación. Son pequeñas luces que tienen el mismo derecho a ocupar el lugar que les corresponde en los medios de comunicación. Ellos encarnan en el África de hoy esa esperanza que nació con la Resurrección de Jesús en Jerusalén. Nuestra profesión de comunicadores nos exige informar, cierto; pero nuestra vocación de seguidores del Dios de la Vida nos pide alimentar y difundir esa esperanza, por muy pequeña que parezca.
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