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CHAD:
La pesadilla recurrente

 

 

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Un pick-up militar de los rebeldes chadianos aparece quemado en una calle de Yamena.

 


Cristales rotos, impactos de balas y de granadas en las fachadas, coches quemados, cadáveres por las calles y tiendas saqueadas. Así se presentaba Yamena, la capital de Chad, donde 160 personas murieron y más de 1.000 resultaron heridas, después de los enfrentamientos entre grupos rebeldes venidos de Sudán y el Ejército gubernamental a comienzos del mes pasado.

El ataque fue llevado a cabo por tres grupos, a los que lo único que les une es su voluntad de derrocar a Déby y acaparar los ingresos del petróleo. Los tres unificaron su mando bajo los auspicios de las autoridades sudanesas, que acusan a Chad de apoyar a los rebeldes de Darfur, principalmente el Movimiento para la Justicia y la Igualdad (MJI).

Se trata de la Unión de las Fuerzas para la Democracia y el Desarrollo (UFDD), dirigido por el general Mahamat Nouri, de la etnia gorane y un antiguo amigo de Déby; la Reagrupación de las Fuerzas para el Cambio (RFC), fundado por los hermanos Timane y Tom Erdimi, de la etnia zaghawa bideyat, sobrinos de Déby; y, por último, la UFDD-Fundamental, dirigido por un árabe, Abdelwahid Aboud Makaye.

Atrapadas entre un presidente autocrático, corrupto y reelegido en unas condiciones antidemocráticas en 2006 y unos grupos rebeldes que codician el poder, la oposición no armada y la sociedad civil fueron las principales víctimas de esta última guerra. Acabados los combates, el jefe del Estado chadiano inició la caza de los presuntos cómplices de los rebeldes y, también, de aquéllos que le molestaban. Según Amnistía Internacional, varios miembros de la oposición política, entre ellos el ex presidente Lol Mahamat Choua, fueron arrestados por la guardia presidencial.

Al mismo tiempo, Déby Itno llamaba a los ciudadanos a retomar el curso normal de sus actividades, porque sus tropas “controlan” el país, después de decretar un toque de queda. Miles de habitantes –unos 30.000, según Cruz Roja– que se refugiaron en Camerún y Nigeria están regresando a sus hogares.

Asimismo, el líder chadiano lanzó un llamamiento a la Unión Europea para el despliegue rápido de la fuerza europea en Chad y la República Centroafricana (EUFOR) –efectivo desde el 12 de febrero–, que debe proteger a los 450.000 refugiados de la provincia sudanesa de Darfur –acogidos al este de Chad­– y desplazados chadianos y centroafricanos.

Calificado como el peor ataque al que Déby se había enfrentado desde su llegada al poder en 1990, la ofensiva de los rebeldes, que cruzaron el país de este a oeste en 300 vehículos, empezó el 28 de enero. Tras dos intentos fallidos de repelerlos en Massaguet, a unos 50 kilómetros de Yamena, las fuerzas gubernamentales, con Déby al frente, se atrincheraron en la capital, donde finalmente derrotaron a los insurgentes, con la ayuda de Francia, cuyos aviones habrían bombardeado las posiciones rebeldes, aunque París lo niega.

Militarmente debilitados –perdieron 200 vehículos y la mayor parte de sus tropas– y políticamente presionados por Francia, la Unión Africana, la ONU y Estados Unidos, los rebeldes se retiraron al este y sur de la capital para posteriormente aceptar un alto el fuego, aunque continúan con sus movimientos de tropas.

Dicen esperar la llegada de una columna de 200 coches procedentes de Sudán, que, por un lado, podría haber fomentado esta ofensiva para perturbar el despliegue de la EUFOR. Por el otro, Jartum, con la ayuda de sus milicias yanyawid, aprovechó los enfrentamientos en Chad para bombardear la región de Geneina, ocupada por los rebeldes del MJI, que redujeron su dispositivo para poder socorrer a Déby. Este ataque provocó una nueva oleada de refugiados –unos 12.000, según ACNUR– hacia Chad, acusados de simpatía con los rebeldes de Darfur.

Lo de ahora es la historia que se repite. Desde la independencia en agosto de 1960 hasta hoy, ningún régimen instalado en Yamena ha tenido una real legitimidad. Excepto N’Garta Tombalbaye, colocado por Francia al finalizar el periodo colonial, y que le apoyó durante 15 años, ninguno de los dirigentes de este país llegó al poder por las urnas, llámese Félix Malloum Ngakoutou, Lol Mahamat Choua, Goukouni Oueddeï, Hissein Habré y, en la actualidad, Idriss Déby Itno. Todos, al frente de tropas improvisadas armadas por algún “padrino”, llegaron por la fuerza de las armas. Y se han mantenido, en general, por el mismo medio, sin que nada ni nadie en el continente consiga poner fin a esta detestable cultura de la alternancia por el kalashnikov.

 

 
 

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