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KENIA:
Todos quieren un acuerdo

 
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El presidente keniano Mwai Kibaki, en el centro, estrecha la mano a su rival político, Raila Odinga, a su izquierda. Kofi Annan aplaude.

 


El pasado15 de febrero, Kofi Annan, mediador oficial en la crisis de Kenia, anunciaba que ambos partidos –el gobernante Partido de Unidad Nacional (PNU), de Mwai Kibaki, y el opositor Movimiento Democrático Naranja (ODM), de Raila Odinga– habían llegado a un entendimiento para comenzar un proceso de diálogo y reconciliación nacional. A pesar de estar más de quince días reunidos alejados de la prensa, en el Kilaguni Safari Lodge, en el Parque Nacional Tsavo West, a 275 kilómetros al sureste de Nairobi, tan sólo se logró una declaración de intenciones comunes. Ambos partidos están de acuerdo en la creación de una comisión independiente que revise los resultados electorales, que comenzará a trabajar el 15 de marzo. Annan también hizo alusión a la necesidad de realizar amplias reformas constitucionales, judiciales, policiales y en el Parlamento.

Sin embargo, aún queda por resolver el mayor escollo de la crisis: la estructura del ejecutivo para los próximos meses. Un cambio de Constitución podría permitir a Raila Odinga ser nombrado primer ministro. Pero algunos miembros del equipo de gobierno de Kibaki han insistido en que ellos ganaron las elecciones y rechazan la fórmula de Gobierno de coalición, como se alienta desde el exterior, sobre todo desde Estados Unidos.

Así, las conversaciones continuarán en Nairobi, con el fin de que en un plazo de tres a seis meses se acabe con la grave crisis en la que se encuentra empantanado el país desde las pasadas elecciones del 27 de diciembre. Tras las acusaciones de fraude de los seguidores de Raila Odinga –de la etnia luo– al presidente Mwai Kibaki –kikuyu–, el malestar y las manifestaciones de protesta adquirieron un carácter de enfrentamiento étnico que se cobró la vida de 1.000 personas y ha provocado unos 300.000 desplazados.

A pesar de que en el terreno político exista un proceso de diálogo abierto, entre la población existe todavía mucho miedo. Mwai Kibaki ha instado a la gente a que vuelvan a sus casas, pero el miedo a sufrir venganzas o nuevos actos de violencia por el hecho de ser de una u otra etnia paraliza a la población. “En Nakuru la gente todavía está refugiada en los estadios y en las iglesias –asegura un misionero de la Consolata a la agencia MISNA–. A pesar de que la policía vigila los caminos, viajar de noche es peligroso”.

Nakuru está considerada el bastión de la oposición de Raila Odinga y ha sido escenario de numerosas manifestaciones contra el Gobierno de Mwai Kibaki. “Se teme ahora que las comunidades de las víctimas se quieran vengar de la violencia que han sufrido. Además, se enfrentan a la incertidumbre ante el futuro y a las repercusiones económicas de la crisis”, asegura el mismo misionero.

 
 

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