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KENIA:
Las Iglesias piden diálogo y el fin de la violencia

 
 
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Un policia keniano se dirige a un manifestante durante los disturbios que se produjeron en diversas ciudades del país tras las elecciones presidenciales.
 

Ante la violencia desatada en Kenia tras las elecciones del pasado 27 de diciembre, la Iglesia keniana no ha dejado de trabajar por la paz. A la división promovida desde el ambiente político, las Iglesias de Kenia responden con mensajes de paz y reconciliación.

Ya desde 1996 los obispos venían advirtiendo del peligro de la violencia política. En unas declaraciones publicadas por la agencia vaticana Fides, el misionero de la consolata P. Luigi Anatoli recuerda que durante los enfrentamientos que tuvieron lugar en la ciudad costera de Mombasa en 1997, los obispos hablaron claro y se preguntaban si aquello no era un ensayo general de incidentes más amplios que podrían implicar otras áreas. Lo que está sucediendo hoy en Kenia viene a corroborar aquel temor.

Desde que estallaron los primeros brotes de violencia, la Iglesia keniana se puso manos a la obra, tanto para denunciar las causas de los enfrentamientos como para buscar caminos de reconciliación. Unida a la Iglesia anglicana y a otros grupos religiosos, no han dejado de lanzar llamamientos a los grupos enfrentados para que busquen una solución pacífica a la crisis política surgida tras las elecciones.

A mediados de enero, los obispos kenianos se dirigieron al presidente Mwai Kibaki y al líder de la oposición, Raila Odinga, con un mensaje claro: “Mucha gente está sufriendo actualmente; los actos masivos de protesta deterioran la situación porque ocasionan más pérdidas en vidas humanas. Detengamos todo aquello que puede causar más muertos”.

El domingo 20 de enero, las principales confesiones religiosas del país rezaban juntas por la paz y la reconciliación. Tres días después, la Conferencia Episcopal Keniana enviaba una carta a las fuerzas políticas del país en la que afirmaba que “aún no es demasiado tarde para cambiar de dirección y retomar el diálogo”, e invitaban al presidente y al líder de la oposición a “abrir el espíritu y el corazón a la mediación de Kofi Annan”.

La reacción de la Iglesia no se limitó a denunciar la violencia y hacer llamamientos a favor de la paz. Los enfrentamientos étnicos obligaron a más de 300.000 personas a abandonar sus hogares por temor a ser atacados (más de 36.000 sólo en Eldoret); gente que necesitaba una atención urgente. Inmediatamente, Cáritas de Kenia dio la voz de alarma ante el riesgo de epidemias entre los desplazados y comenzó una campaña de distribución de ayuda de primera necesidad.

Durante el funeral por el sacerdote Michael Kamau Ithondeka, asesinado el 26 de enero por ser de la etnia kikuyu, el obispo de Nakuru, Mons. Meter Kairo, no tuvo reparo en aludir a una de las causas que se esconden detrás de los enfrentamientos étnicos en Kenia: la cuestión de la tierra.

El obispo afirmó en su homilía que “el Gobierno debe elaborar una política de tierras clara para resolver los problemas de organización, residencia, educación y otros problemas sociales. Dicha política debe tener en cuenta las injusticias históricas ligadas a la atribución de la tierra y poner fin de una vez por todas a estas luchas incesantes”.

Al describir la situación humanitaria, el obispo recordó: “Miles de personas duermen con frío y sin techo; los niños no van a la escuela y los enfermos no pueden curarse. El inicio de las lluvias podría causar la propagación de graves enfermedades que traerán más muertos”.

Por otra parte, en la ciudad de Nyahururu, en el Valle del Rift, más de 50 líderes religiosos, entre obispos, sacerdotes, pastores protestantes y de diferentes confesiones neopentecostales, así como el presidente de la comunidad musulmana, salieron a la calle para difundir un mensaje de paz y reconciliación: “Una sola Iglesia, un único pueblo, un pueblo llamado Kenia, que desea la Paz”.

 
 

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