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Shihab Babiker, director de la agencia musulmana de ayuda a Somalia, reconocía no hace mucho que la cooperación entre su agencia y Cáritas para prestar ayuda a la población somalí debe ser digna de consideración: “Cuando agencias islámicas y cristianas colaboran en nombre de Dios, ponen la dignidad de la persona por encima de todas las diferencias”, afirmaba. Por su parte, el imán de Baidoa, Maalin Nuno Abdulrahaman, destacaba también el respeto y admiración que hay en la región por el personal de Cáritas.
El próximo mes de noviembre, el Vaticano acogerá el primer seminario del Foro católico-musulmán, fruto del diálogo mantenido entre estas dos grandes religiones. Es una buena noticia y una verdadera primicia, porque nunca antes cristianos y musulmanes se habían sentado a dialogar juntos a tan alto nivel. El lema del Foro es del todo elocuente y significativo: “Amor de Dios, amor al prójimo”.
La relación entre cristianos y musulmanes ha estado siempre marcada por dos factores. Uno, que podríamos llamar “teórico”, evidencia las diferencias de concepción de la religión, de la persona humana y de las relaciones entre los hombres, las instituciones e incluso los Estados. Nuestra historia común ha vivido, desgraciadamente, momentos trágicos, guerras de religión, conquistas y reconquistas que han sembrado de muerte y odio muchas generaciones.
Incluso hoy, nuestras diferencias y nuestras sensibilidades nos han traicionado muchas veces, siendo causa de malentendidos y de polémicas que a nada conducen. La reacción de muchos musulmanes al discurso del Papa en la Universidad de Ratisbona o la excesiva publicidad que se ha hecho –incluso en los medios eclesiales– a la conversión del periodista italiano Magdi Allam, bautizado por Benedicto XVI durante la Vigilia Pascual, poco han ayudado a paliar las dificultades en las relaciones.
Un segundo factor, a nuestro juicio el más importante y el que debería ser fuente de inspiración en la relación entre unos y otros, lo constituye la colaboración que siempre ha existido en la práctica, especialmente en las actividades de caridad, de solidaridad y de ejercicio del amor al prójimo. Las declaraciones de Shihab Babiker o del imán de Baidoa no son reflejo de un caso aislado. En muchos lugares del mundo, especialmente en África, cristianos y musulmanes siempre han llegado a un entendimiento y a una colaboración estrecha cuando se trata de ayudar a los más necesitados. No en vano, el ejercicio de la caridad es el principal mandamiento de ambas creencias.
África –especialmente África subsahariana– es un escenario concreto en el que ese segundo factor se pone más de manifiesto. Dispensarios, escuelas rurales, cooperativas agrícolas, asociaciones de mujeres… Un sinfín de actividades concretas en las que cristianos, musulmanes y seguidores de las religiones tradicionales logran siempre ponerse de acuerdo sin grandes dificultades, porque para ellos lo que realmente importa es el desarrollo integral de la persona humana.
El Amor de Dios, traducido en amor al prójimo es, sin duda alguna, el principal instrumento que tenemos unos y otros para crear lazos de diálogo y cooperación.
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