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Dénis Sassou-Nguesso, presidente de la República de Congo

Francia - África:
La Françafrique se resiste
 
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Dénis Sassou-Nguesso (dcha.), presidente de la República de Congo, junto Ahmed Abdallah Sambi, presidente de Islas Comoras, en la Cumbre UE-África celebrada en Lisboa en diciembre de 2007.
 


Tres meses después de ser condenados a 8 de años de cárcel por “intento de secuestro de niños”, los 6 miembros de la ONG francesa Arca de Zoé, que pretendían sacar ilegalmente de Chad a 103 niños, fueron indultados el pasado 31 de marzo por el presidente chadiano Idriss Déby Itno.

La medida tomada por el mandatario africano, que salvó su puesto de un ataque rebelde a principio de febrero gracias a una intervención militar francesa, ha puesto de manifiesto la pervivencia de la Françafrique, expresión que sirve para calificar las relaciones privilegiadas entre Francia y algunas de sus antiguas colonia africanas.

“El caso Arca de Zoé ha puesto de manifiesto la tenacidad de la bestia inmunda llamada Françafrique”, subrayó, el 3 de abril, el semanal beninés Le Bénin Aujourd'hui. “¿Quién se atreverá a hablarnos de la famosa ruptura?”, preguntó por su parte la revista senegalesa Nouvel Horizon.

Y es que cuando era candidato a la presidencia francesa, Nicolas Sarkozy prometió romper con la política paternalista de Francia en África, lo que muchos entendieron como el fin de la Françafrique. Sin embargo, un año después de su llegada al Palacio del Elíseo, el líder galo tarda en pasar de las palabras a los hechos. Y lo que es peor, dice una cosa pero quiere otra, como lo ilustra el caso de Jean-Marie Bockel, ex secretario de Estado para la Cooperación, quien fue destinado al departamento de los Antiguos Combatientes, después de una remodelación del Gobierno el 23 de marzo.

Lejos de ser una promoción, este cambio ha sido una reprimenda para el ministro “soñador”, que quería sanear las relaciones entre Francia y África. En efecto, el 15 de enero Bockel declaró que uno de los principales frenos al desarrollo de África era el mal gobierno, el despilfarro de los fondos públicos, el descuido de las estructuras administrativas deficientes y la depredación por parte de algunos dirigentes. Y añadió: “Hoy, ante ustedes, quisiera firmar el acta de defunción de la Françafrique. Quiero pasar la página de las prácticas de otros tiempos, de un tipo de relaciones ambiguas y complacientes de las que algunos, tanto aquí como allá, se benefician en detrimento del interés general del desarrollo”.

Estas palabras no pasaron desapercibidas en África, donde Gabón acusó al Gobierno francés de dar la espalda con arrogancia a los viejos aliados de Francia en África, al querer poner fin a la Françafrique y reorganizar sus relaciones sobre nuevas bases. Según el semanal panafricano Jeune Afrique, molesto por las declaraciones de Bockel, el presidente de la República de Congo, Denis Sassou Nguesso, no quiso atenderle por teléfono.

En vez de apoyar a Bockel, Sarkozy prefirió mandarlo callar. Para limar las diferencias, el primer viaje a África de Alain Joyandet, su sustituto, fue a Gabón. En menos de dos semanas, el nuevo secretario de Estado para la Cooperación visitó en dos ocasiones –10 y 23 de abril– el país africano. Para no dejar las cosas a medias, el 2 de abril Francia otorgó una ayuda de 80 millones de euros a Congo. Esta medida pretende sobre todo que las consecuencias de las declaraciones de Bockel no afecten a un dossier económico sensible: la privatización de la terminal de contenedores del puerto de Pointe-Noire, en la que el grupo francés Bolloré compite, entre otros, contra Dubai Ports World.

Otra prueba del doble rasero del presidente francés: a principios de abril el Parlamento de la Unión de Comoras acusó a París –que apoyó la operación militar de la Unión Africana y del Gobierno comorense contra Mohamed Bacar, el ex presidente de la isla de Anjouan– de haber ayudado a éste en su huida al territorio francés de Mayotte, en el océano Índico.

Aún así, Sarkozy sigue prometiendo la ruptura con las viejas prácticas. De visita en la República Sudafricana el pasado 28 de febrero, el presidente francés insinuó un próximo cierre de las bases militares francesas en África, donde están destinados unos 10.000 soldados. Este anuncio fue bien recibido por varios mandatarios africanos, entre ellos el presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, quien denunció el 13 de marzo “las relaciones hipócritas” basadas en dichos acuerdos militares, que consideró “anticuados”. Sólo queda esperar que la promesa se haga realidad.

 
 

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