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Somalia, Mozambique o la RDC son sólo tres ejemplos de la inmensa labor de solidaridad que Cáritas realiza en África. Lo mismo gestiona un dispensario que pone en marcha una central eléctrica. Todo por el bien de los más necesitados, sin distinción de etnia ni de religión.
Todos los días, al amanecer, una muchedumbre se alinea delante del centro de salud de Caritas en Baidoa, ciudad del sur de Somalia, afectada por la sequía, el cólera y casi 20 años de violencia entre clanes rivales y facciones armadas. La gente pasa noches enteras delante del centro para poder entrar al amanecer del día siguiente. A veces la cola es tan larga que no se puede ver donde termina. El centro lo gestiona Cáritas Somalia, filial local de Cáritas Internacional, una confederación de ayuda, desarrollo y servicios sociales de la que forman parte 162 organizaciones católicas que trabajan en más de 200 países.
El director de Cáritas Somalia, David Bernocchi, dice que el centro demuestra que es posible subsanar las necesidades básicas de los somalíes con recursos limitados. Muchos de los pacientes han recorrido grandes distancias para llegar al centro, otros viven en tiendas de campaña porque han huido del conflicto armado de Mogadiscio, la capital de la nación. No es difícil encontrar a gente que ha recorrido más de 70 kilómetros para recibir ayuda, y todos la reciben sin tener en cuenta su clan, su religión o su estado social.
El Iman de Baidoa, Maalin Nuno Abdulrahaman, reconoce que sus “vecinos” son gente de paz y bien; y que la vida hubiese sido muy diferente sin Cáritas. “El respeto que le tenemos, dice, se demuestra por las distancias que la gente recorre para llegar hasta el centro”. Shihab Babiker, director de las ayudas de Somalia, reconoce que la cooperación entre su agencia y Cáritas es digna de consideración: “Cuando agencias islámicas y cristianas colaboran en nombre de Dios, afirma, ponen la dignidad de la persona por encima de todas las diferencias”.
El administrador apostólico de Mogadiscio, Mons. Giorgio Bertin, declaró que sin la asistencia internacional el Gobierno de Somalia hubiese sucumbido: “El mayor reto de Somalia es recomponer juntos a una sociedad tan fragmentada, que ha sido prácticamente destruida desde que las estructuras del Estado se colapsaron en 1991”.
Pero Somalia no es el único lugar de África ni del mundo en el que Cáritas realiza su maravillosa labor. En el este de la República Democrática de Congo, una zona devastada por años de violencia y de guerra, Cáritas ha logrado, gracias a la ayuda de la ONG italiana “Mondo Giusto”, restablecer el abastecimiento de energía eléctrica en las ciudades de Rutshuru, Kiwanja y Rubare, situadas a unos 80 kilómetros al norte de Goma. Gracias a ello, carpinterías, talleres de soldadura, molinos, estructuras sanitarias y alumbrado público y privado han podido recuperar su actividad normal. La región llevaba más de siete meses de apagón a causa del saqueo de la central eléctrica de Nihanga, propiedad de la diócesis de Goma y que alimentaba a toda la zona.
Por otra parte, Cáritas Española acaba de aprobar dos partidas económicas de 60.000 y 50.000 euros para apoyar los planes de reconstrucción puestos en marcha por las Cáritas nacionales de República Democrática de Congo y de Mozambique respectivamente. En el caso congoleño, la partida será destinada a reparar los daños causados por el reciente terremoto que asoló la región de Bukavu, concretamente para rehabilitar seis centros de salud, un hospital, once escuelas y seis bloques de servicios sanitarios. La ayuda enviada a Mozambique será destinada a paliar los graves destrozos causados por las graves inundaciones de diciembre pasado. Concretamente, para la reconstrucción de viviendas para unas 3.000 familias.
Cáritas quiere, con éstas y otras muchas actividades, cumplir con el compromiso que se propuso para este año 2008, que consiste fundamentalmente en fomentar el desarrollo humano integral y en favorecer la edificación de la paz y la reconciliación.
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