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En su mensaje cuaresmal titulado
"El trabajo es una bendición" y publicado por
agencia Fides, Mons. Pascal N’Koué, obispo de la
diócesis beninesa de Natitingou, exhorta a los cristianos
a considerar el trabajo no como un castigo de Dios, sino como
una bendición. “Los problemas materiales nos agobian
constantemente –afirma el obispo–, pero Dios nos ha
dado las manos para trabajar y participar en su obra creadora.
Las manos son el instrumento de nuestra dignidad. Cuando Dios
creó a Adán y Eva los puso en un bello jardín
para que lo trabajaran, eran los jardineros. Al hombre y a la
mujer, creados a su imagen, Dios les pide que se multipliquen
y dominen la tierra, transformándola, haciéndola
habitable. Y la transformación de la tierra sólo
es posible por medio del trabajo”.
Mons. N’Koué considera
el trabajo como un instrumento privilegiado para luchar contra
la pobreza, las enfermedades y la ignorancia, situando al lado
opuesto lo que él considera los “enemigos del trabajo:
la negligencia, la pereza, la estafa, las pérdidas de tiempo
en críticas estériles y en charlas inútiles,
que sólo producen corrupción y mediocridad”.
La carta, dirigida a todos los católicos y personas de
buena voluntad, pide a todos una implicación personal por
el bien común, ya que “después de Dios, se
debe contar con el hombre para el progreso de la sociedad”.
En un país afligido por
muchas situaciones de pobreza y miseria, el obispo de Natitingou
afirma que el trabajo es una bendición cuando se realiza
para hacer la voluntad de Dios y advierte que “el progreso
material separado de Dios puede destruir a la humanidad. Si Dios
no está presente en nuestras acciones, antes o después
ese progreso se volverá contra nosotros. El progreso científico
y tecnológico sin Dios lleva en su seno un veneno peligroso”.
La carta termina asegurando que
se deben buscar ante todo los valores del Reino para luchar contra
toda forma de miseria, sólo así se llegará
a una fraternidad universal habitada por el Espíritu de
Dios y caracterizada por la solidaridad y la ayuda mutua. “Infundamos
en nuestros niños y jóvenes el deseo de trabajar
para la gloria de Dios”, concluye.
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