|
El pasado 4 de marzo, el presidente
Laurent Gbagbo y Guillaume Soro, jefe de los rebeldes de las Fuerzas
Nuevas, firmaron en Uagadugú, Burkina Faso, un acuerdo
global de paz destinado a poner fin al conflicto que divide al
país en dos desde septiembre de 2002. Fue en presencia
del presidente Blaise Compaoré, bajo cuyos auspicios se
iniciaron las negociaciones el 5 de febrero de 2007.
El documento de ocho capítulos
detallados se refiere esencialmente a la identificación
de las poblaciones, al proceso electoral, la reestructuración
de las fuerzas de defensa y de seguridad, la reunificación
del territorio y la formación de un nuevo Gobierno. Todo
lo cual va acompañado de un cronograma muy preciso que
prevé, en el plazo de 10 meses, las medidas necesarias
para la organización de elecciones libres, abiertas, transparentes
y democráticas.
En lugar de la identificación
general de la población –una de las principales exigencias
de las Fuerzas Nuevas–, ambas partes han decidido privilegiar
la identificación del electorado, solamente a partir del
censo del año 2000. Todos los ciudadanos que se registren
en la lista electoral recibirán un resguardo con un número
único de identificación y útil para la retirada
de la tarjeta de elector y del nuevo carné de identidad.
Esta operación tendrá lugar un mes después
del comienzo de las audiencias foráneas, que durarán
tres meses y que únicamente permitirán la entrega
de partidas de nacimiento a todos los costamarfileños y
extranjeros nacidos en Costa de Marfil.
Sobre las cuestiones militares,
las partes han decidido unificar las fuerzas de defensa y de seguridad
de Costa de Marfil y las Fuerzas Nuevas. Esta fusión se
hará a través de la creación de una estructura
denominada Centro de Mando Integrado (CCI, siglas en francés),
bajo la autoridad conjunta de los jefes de Estado Mayor de ambos.
Entre las misiones del CCI figuran la ejecución del programa
nacional de desarme, desmovilización y reinserción
de los ex combatientes. El CCI creará también unidades
militares y paramilitares mixtas para el control de la zona de
confianza rebautizada "línea verde", en cuanto
su vigilancia deje de ser tarea de los cascos azules y militares
franceses. El despliegue de la administración y de los
servicios públicos intervendrá después de
la supresión de la zona de confianza y la instalación
de puestos de observación. El desmantelamiento de las milicias,
la reagrupación de las tropas y el almacenamiento de las
armas han sido igualmente tratados en el apartado militar.
En el acuerdo, Gobierno y rebelión
piden el fin inmediato de las sanciones individuales dictadas
por la ONU contra dos líderes de los "jóvenes
patriotas" pro-Gbagbo y un responsable de las Fuerzas Nuevas
por violación de los derechos humanos y obstrucción
del proceso de paz. Los firmantes han pedido asimismo el levantamiento
del embargo sobre las armas tres meses después de la organización
de la elección presidencial, de cara al armamento ligero
necesario para el mantenimiento del orden público y la
seguridad. A fin de facilitar el perdón y la reconciliación
nacional, ambas partes han decidido adoptar una ley de amnistía
que cubra los crímenes y delitos relacionados con los disturbios
que ha vivido Costa de Marfil, excepto los crímenes económicos,
de guerra y contra la humanidad.
El acuerdo habla de gestión
concertada del poder político entre Gobierno y rebelión.
Los textos no fijan ningún marco ni determinan las prerrogativas
que los firmantes piensan dar a la oposición y a la sociedad
civil, manifiestamente excluidos de este reparto de poder. Sin
embargo, los firmantes han aceptado "colocar" al ex
Presidente Konan Bédié y al antiguo Primer ministro
Dramane Ouattara dentro del Marco Permanente de Concertación
con rango de presidente de Institución. Además de
esta estructura, que de hecho sólo tiene un papel consultivo,
Gbagbo y Soro han creado un Comité de Evaluación
y de Acompañamiento, presidido por el jefe de Estado burkinés
o su representante.
La especificidad del acuerdo
de Uagadugú, en comparación con los acuerdos anteriores,
es que reúne sólo a los dos beligerantes, que han
optado por una solución africana de la crisis. Sólo
queda esperar que los dos líderes demuestren que el acuerdo
es algo más que el fruto de un simple regateo para el reparto
del poder del Estado y de prebendas.
|