|
El 21 de este mes de abril se cumplen 50 años
de la encíclica Fidei Donum. En ella el Papa Pío
XII hacía un llamamiento explícito a la Iglesia
universal para acudir en ayuda de África, un continente
que en aquel momento estaba atravesando “los años
más graves de su milenario destino”. África
estaba en plena efervescencia independentista y Pío XII
intuía lo que se avecinaba en una época en la que
el mundo estaba dividido en dos grandes bloques: el capitalista
y el comunista.
Aparte de su gran valor en el campo de lo social, lo económico
y lo político, la Fidei Donum supuso un nuevo paso en la
universalidad de la Iglesia en tanto en cuanto la “Misión”
dejó de ser considerada dominio específico de los
institutos misioneros y pasó a ser responsabilidad de la
Iglesia universal. Con la Fidei Donum el Papa pedía que
la Iglesia diese una respuesta a las necesidades de toda la humanidad,
sin tener en cuenta fronteras ni nacionalidades. Como fruto de
esa encíclica surgieron los llamados sacerdotes “fidei
donum”, es decir, sacerdotes diocesanos “cedidos”
(temporal o permanentemente) por sus diócesis de origen
para acudir en ayuda de otras más necesitadas.
Justo diez años después (el pasado mes de marzo
hizo 40 años), Pablo VI publicaba la Populorum Progressio,
otra gran encíclica de carácter social en la que
el Papa analizaba las grandes causas del desigual desarrollo de
los pueblos y proponía las pautas a seguir para que esa
desigualdad desaparezca. “Los pueblos ricos gozan de un
rápido crecimiento, mientras que los pobres se desarrollan
lentamente. El desequilibrio crece: unos producen con exceso géneros
alimenticios que faltan cruelmente a otros, y estos últimos
ven que sus exportaciones se hacen inciertas”, afirmaba.
Han pasado 50 años de una y 40 años de la otra.
En este inicio del siglo XXI es innegable la clarividencia que
ambos Papas tuvieron. Y no sólo eso. Hoy se puede afirmar
que lo que dijeron entonces sigue siendo válido en la actualidad.
Muchos países del mundo (la gran mayoría africanos)
están igual o peor que hace medio siglo. En muchos países
de África, a las independencias le siguieron dictaduras
o guerras civiles que han estancado el desarrollo e impedido que
muchos de ellos hayan podido entrar en la senda del progreso económico
y social. El sistema económico que rige actualmente el
mundo sigue siendo igual de injusto –si no peor– y
las palabras de Pablo VI son más actuales que nunca.
¿Todo sigue igual? No. Hay algo que sí ha cambiado.
La Iglesia universal (y la Iglesia africana en particular) han
evolucionado hacia un mayor compromiso de solidaridad, respondiendo
cada día más y mejor a las necesidades de toda la
humanidad. Hoy la Iglesia de África ya está dando
misioneros, incluso sacerdotes “fidei donum” que dejan
sus diócesis de origen para ir más allá de
sus fronteras, y la Iglesia del continente se prepara para su
segundo Sínodo con el lema “La Iglesia en África
al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la
paz”. La mayoría de las estructuras educativas, sanitarias
y de desarrollo que hoy luchan contra esa desigualdad son de la
Iglesia, una Iglesia que trabaja cada día más y
mejor.
|