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La primera sensación
que tiene quien visita las Bissagos es que el tiempo dejó
de correr hace muchos, muchos años. En las 19 islas habitadas
del archipiélago –compuesto por más de 80–,
los árboles de mayor porte esconden secretos que ningún
forastero consigue desvelar. En cada curva de los estrechos caminos
que unen las aldeas hay una marca que denuncia la presencia de
algo enigmático, singular, a los ojos de quien acaba de
llegar. Puede ser un ramo de palmera seco colgado en un árbol,
un objeto olvidado en el suelo de arena, una piedra transportada
allí a propósito, una pieza de madera pintada, inserta
en el tronco de un caobo...
Para visitar Bissagos se necesitan
dos cosas: llevar los ojos abiertos para ver una realidad diferente
e ir acompañado de alguien que pueda explicar una ínfima
parte de ese mundo, de lo que allí se vive y de cómo
se vive.
Uno de los mayores especialistas en los bissago es el antropólogo
italiano P. Luigi Scantamburlo, misionero del PIME. No vacila
en afirmar que el pueblo bissago se encuentra “prácticamente
como hace cinco siglos, cuando tuvo contacto con los primeros
portugueses”. El misionero basa su afirmación en
la comparación entre el presente y la descripción
del libro Tratado Breve dos Rios da Guiné, fechado en el
siglo XVI.
Puede estar cerca de la verdad,
sobre todo en lo que dice respecto a Canhabaque o isla Roxa durante
la presencia portuguesa. Esta isla fue desde siempre la que más
resistió los avances del tiempo y de los extranjeros. Los
portugueses, por ejemplo, sólo consiguieron imponer su
presencia en pleno siglo XX. Aún hoy los habitantes de
Canhabaque se siguen resistiendo a los signos de los tiempos,
lo que podríamos llamar “modernidad”. A manera
de broma, el P. Scantamburlo cuenta que el único objeto
introducido en Canhabaque fue el machete, cuya lámina de
hierro los bissago no podían fabricar.

EL CULTO DE LA TRADICIÓN
Según el P. Scantamburlo, “si alguien quiere saber
más sobre cómo ven el mundo los bissago, debe presenciar
las ceremonias tradicionales, pues para este pueblo el conocimiento,
sobre todo en el ámbito de lo sagrado, no puede transmitirse
con palabras, sino con hechos. Para los bissago, se conoce actuando
o presenciando”.
Las tradiciones bissago se han transmitido de generación
en generación. Aún hoy se celebran de acuerdo con
los más sagrados principios de esta sociedad. Algunos ritos,
como el de la iniciación, forman parte de los momentos
más importantes en la vida de los bissago.
De acuerdo con el antropólogo-misionero, “los ritos
de iniciación son una ocasión para repetir los modos
de vida tradicionales. Los más ancianos, al ayudar a los
jóvenes a aceptar las tradiciones bissago, recuerdan lo
que se les enseñó y aprendieron a través
de su experiencia de vida”.
El misionero aclara también que “uno de los objetivos
de los ritos de la iniciación es el de la educación
de los jóvenes. El pueblo bissago dice que los padres son
capaces de criar fisícamente bien a sus hijos, pero no
saben disciplinar convenientemente sus emociones y sus mentes.
Un buen bissago no es egoísta; por el contrario, tiene
a la familia en el pensamiento”.
Este momento de la iniciación, que en el pasado podía
durar de seis meses a dos años, es, según el P.
Scantamburlo, “el tiempo de austeridad, de disciplina, de
las muchas enseñanzas de los más ancianos y un período
de separación de la vida feliz en la tabanca y de los amigos”.
Las principales enseñanzas, transmitidas a lo largo de
este período, inciden sobre el trabajo agrícola
y el artesanado, las ceremonias y los ritos fúnebres y,
sobre todo, en los valores fundamentales de las tradiciones. El
joven adulto aprende a respetar a los más ancianos, a ser
hospitalario, a compartir con todos, alimentando así el
espíritu de unidad en la aldea.
LA DEFENSA DE LA COMUNIDAD
La iniciación es tan importante para los bissago que
muchos de los que emigran sin realizar esta ceremonia regresan
a las islas ex profeso para cumplir la tradición. El P.
Scantamburlo justifica así esta actitud: “Quien no
cumple los rituales de iniciación, nunca será considerado
un hombre. Su voz nunca será oída en momentos importantes
de la vida de la comunidad”. Y añade: “Es posible
que una persona joven pueda ser considerada más experimentada
que una de más edad, si ha tenido la oportunidad de participar
en mayor número de ceremonias”.
Para una mentalidad considerada “moderna”, los bissago
parecen vivir aferrados a sus tradiciones anticuadas. Con todo,
aclara el P. Scantamburlo, “los bissago miran al pasado
no sólo por respeto a la tradiciones, sino porque han aprendido
que la tabanca puede sobrevivir mejor si sus miembros se ponen
de acuerdo sobre las mismas normas”.
El misionero pone un ejemplo: “Los bissago evitaron en muchas
ocasiones hablar con los representantes cristianos, porque las
personas bautizadas mostraban poco o ningún respeto por
sus antiguas tradiciones religiosas y normas socioeconómicas”.
CHOQUE DE CULTURAS
El P. Scantamburlo, citando a los ancianos bissago, considera
que la llegada de los europeos al archipiélago, sobre todo
a la isla de Bubaque, “fue una catástrofe”
para un pueblo que estaba habituado a una vida libre e independiente
en las islas, con abundancia de frutos y espacio libre alrededor
de las aldeas para cultivar mandioca, judías, cacahuetes
y otros frutos. “La llegada de los colonos obligó
a requisar mucha mano de obra, alterando así el ritmo de
vida que los bissago tenían desde hace siglos”. Por
esa razón, el misionero no vacila en clasificar la presencia
colonial como una época de “violencia psicológica”
con el pueblo de las islas.
Actualmente ya no hay presencia colonial, pero existen otros
factores que indican un cambio en la sociedad bissago. Este cambio,
mucho más lento del que se ha producido en la Guinea continental,
es fruto del aislamiento y del olvido del poder político.
De acuerdo con Nino Lopes, natural de Canhabaque, “los más
jóvenes comienzan a no tolerar ciertas costumbres y ritos,
aunque aún se vean ‘obligados’ a cumplirlos”.
Hoy en Bissagos, los jóvenes quieren música, enseñanza,
televisión. Quieren ir al África continental, al
mundo... Ya se visten con ropa importada de la gran ciudad, Bissau,
que a su vez importa de Occidente. A primera vista, esta lectura
puede parecer contradictoria: si los jóvenes adoptan los
signos que llegan de fuera, ¿respetarán en el futuro
la tradición?
El P. Scantamburlo no tiene dudas en afirmar que sí.
Para el antropólogo, “la juventud es una clase de
fiesta; todo está permitido a los niños y a los
jóvenes... Cuando llega a una cierta altura, la comunidad
los llama y ellos responden. Ahí se acaba el juego”.
Aun así, el misionero asegura que “en la medida que
la sociedad bissago se vaya escolarizando, la tradición
morirá poco a poco”.
Conjugar la tradición con la modernidad es el mayor desafío
que afrontan los bissago y los guineanos. El archipiélago
puede ganar mucho con los proyectos de cooperación impuestos
por Occidente y con la actividad turística, que lentamente
comienza a surgir en las islas. De aquí a unos años
se percibirá si el desarrollo aniquiló una de las
principales riquezas de Guinea-Bissau: la cultura bissago.
EL
MISIONERO BISSAGO
El P. Luigi Scantamburlo tiene 75 años; de ellos, 31 los
ha pasado con los bissago. Pronto se dio cuenta que sólo
aprendería realmente la cultura de este pueblo si era considerado
“hijo de las islas”. Para eso, el misionero tuvo que
hacer la iniciación como los jóvenes adultos del
archipiélago. Hoy considera que, si no hubiese realizado
los ritos propios de aquella ceremonia, no sabría lo que
sabe sobre el pueblo bissago. “Actualmente, me tratan como
parte de la comunidad, como tratan a cualquier otro bissago, pero
inicialmente me miraban con desconfianza”.
Licenciado en Historia de las Religiones y Antropología
por la Universidad de Detroit (Estados Unidos), dedicó
su tesis doctoral a la etnografía de los habitantes de
la principal isla del archipiélago (Etnologia dos Bijagós
da Ilha de Bubaque). Tiene una obra publicada recientemente en
Portugal (Gramática e Dicionário da Língua
Crioula da Guiné-Bissau) y prepara una segunda sobre la
lengua y la religión de los bissago.
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