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ISLAS BISSAGOS
La vida tal como es
Es un mundo mágico y seductor, lleno de secretos escondidos en la sombra de árboles seculares. Un mundo aparte, donde impera la ley de los más ancianos y de la naturaleza. Podía ser la historia de un libro, creada por un escritor ingenioso, pero no lo es. El archipiélago de las Bissagos, en Guinea-Bissau, existe. Más que un punto en el mapa, es una lección de vida.
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Texto y fotos: Jorge Neto

La primera sensación que tiene quien visita las Bissagos es que el tiempo dejó de correr hace muchos, muchos años. En las 19 islas habitadas del archipiélago –compuesto por más de 80–, los árboles de mayor porte esconden secretos que ningún forastero consigue desvelar. En cada curva de los estrechos caminos que unen las aldeas hay una marca que denuncia la presencia de algo enigmático, singular, a los ojos de quien acaba de llegar. Puede ser un ramo de palmera seco colgado en un árbol, un objeto olvidado en el suelo de arena, una piedra transportada allí a propósito, una pieza de madera pintada, inserta en el tronco de un caobo...

Para visitar Bissagos se necesitan dos cosas: llevar los ojos abiertos para ver una realidad diferente e ir acompañado de alguien que pueda explicar una ínfima parte de ese mundo, de lo que allí se vive y de cómo se vive.
Uno de los mayores especialistas en los bissago es el antropólogo italiano P. Luigi Scantamburlo, misionero del PIME. No vacila en afirmar que el pueblo bissago se encuentra “prácticamente como hace cinco siglos, cuando tuvo contacto con los primeros portugueses”. El misionero basa su afirmación en la comparación entre el presente y la descripción del libro Tratado Breve dos Rios da Guiné, fechado en el siglo XVI.

Puede estar cerca de la verdad, sobre todo en lo que dice respecto a Canhabaque o isla Roxa durante la presencia portuguesa. Esta isla fue desde siempre la que más resistió los avances del tiempo y de los extranjeros. Los portugueses, por ejemplo, sólo consiguieron imponer su presencia en pleno siglo XX. Aún hoy los habitantes de Canhabaque se siguen resistiendo a los signos de los tiempos, lo que podríamos llamar “modernidad”. A manera de broma, el P. Scantamburlo cuenta que el único objeto introducido en Canhabaque fue el machete, cuya lámina de hierro los bissago no podían fabricar.

EL CULTO DE LA TRADICIÓN

Según el P. Scantamburlo, “si alguien quiere saber más sobre cómo ven el mundo los bissago, debe presenciar las ceremonias tradicionales, pues para este pueblo el conocimiento, sobre todo en el ámbito de lo sagrado, no puede transmitirse con palabras, sino con hechos. Para los bissago, se conoce actuando o presenciando”.

Las tradiciones bissago se han transmitido de generación en generación. Aún hoy se celebran de acuerdo con los más sagrados principios de esta sociedad. Algunos ritos, como el de la iniciación, forman parte de los momentos más importantes en la vida de los bissago.

De acuerdo con el antropólogo-misionero, “los ritos de iniciación son una ocasión para repetir los modos de vida tradicionales. Los más ancianos, al ayudar a los jóvenes a aceptar las tradiciones bissago, recuerdan lo que se les enseñó y aprendieron a través de su experiencia de vida”.

El misionero aclara también que “uno de los objetivos de los ritos de la iniciación es el de la educación de los jóvenes. El pueblo bissago dice que los padres son capaces de criar fisícamente bien a sus hijos, pero no saben disciplinar convenientemente sus emociones y sus mentes. Un buen bissago no es egoísta; por el contrario, tiene a la familia en el pensamiento”.

Este momento de la iniciación, que en el pasado podía durar de seis meses a dos años, es, según el P. Scantamburlo, “el tiempo de austeridad, de disciplina, de las muchas enseñanzas de los más ancianos y un período de separación de la vida feliz en la tabanca y de los amigos”. Las principales enseñanzas, transmitidas a lo largo de este período, inciden sobre el trabajo agrícola y el artesanado, las ceremonias y los ritos fúnebres y, sobre todo, en los valores fundamentales de las tradiciones. El joven adulto aprende a respetar a los más ancianos, a ser hospitalario, a compartir con todos, alimentando así el espíritu de unidad en la aldea.

LA DEFENSA DE LA COMUNIDAD

La iniciación es tan importante para los bissago que muchos de los que emigran sin realizar esta ceremonia regresan a las islas ex profeso para cumplir la tradición. El P. Scantamburlo justifica así esta actitud: “Quien no cumple los rituales de iniciación, nunca será considerado un hombre. Su voz nunca será oída en momentos importantes de la vida de la comunidad”. Y añade: “Es posible que una persona joven pueda ser considerada más experimentada que una de más edad, si ha tenido la oportunidad de participar en mayor número de ceremonias”.

Para una mentalidad considerada “moderna”, los bissago parecen vivir aferrados a sus tradiciones anticuadas. Con todo, aclara el P. Scantamburlo, “los bissago miran al pasado no sólo por respeto a la tradiciones, sino porque han aprendido que la tabanca puede sobrevivir mejor si sus miembros se ponen de acuerdo sobre las mismas normas”.
El misionero pone un ejemplo: “Los bissago evitaron en muchas ocasiones hablar con los representantes cristianos, porque las personas bautizadas mostraban poco o ningún respeto por sus antiguas tradiciones religiosas y normas socioeconómicas”.

CHOQUE DE CULTURAS

El P. Scantamburlo, citando a los ancianos bissago, considera que la llegada de los europeos al archipiélago, sobre todo a la isla de Bubaque, “fue una catástrofe” para un pueblo que estaba habituado a una vida libre e independiente en las islas, con abundancia de frutos y espacio libre alrededor de las aldeas para cultivar mandioca, judías, cacahuetes y otros frutos. “La llegada de los colonos obligó a requisar mucha mano de obra, alterando así el ritmo de vida que los bissago tenían desde hace siglos”. Por esa razón, el misionero no vacila en clasificar la presencia colonial como una época de “violencia psicológica” con el pueblo de las islas.

Actualmente ya no hay presencia colonial, pero existen otros factores que indican un cambio en la sociedad bissago. Este cambio, mucho más lento del que se ha producido en la Guinea continental, es fruto del aislamiento y del olvido del poder político. De acuerdo con Nino Lopes, natural de Canhabaque, “los más jóvenes comienzan a no tolerar ciertas costumbres y ritos, aunque aún se vean ‘obligados’ a cumplirlos”.

Hoy en Bissagos, los jóvenes quieren música, enseñanza, televisión. Quieren ir al África continental, al mundo... Ya se visten con ropa importada de la gran ciudad, Bissau, que a su vez importa de Occidente. A primera vista, esta lectura puede parecer contradictoria: si los jóvenes adoptan los signos que llegan de fuera, ¿respetarán en el futuro la tradición?

El P. Scantamburlo no tiene dudas en afirmar que sí. Para el antropólogo, “la juventud es una clase de fiesta; todo está permitido a los niños y a los jóvenes... Cuando llega a una cierta altura, la comunidad los llama y ellos responden. Ahí se acaba el juego”. Aun así, el misionero asegura que “en la medida que la sociedad bissago se vaya escolarizando, la tradición morirá poco a poco”.

Conjugar la tradición con la modernidad es el mayor desafío que afrontan los bissago y los guineanos. El archipiélago puede ganar mucho con los proyectos de cooperación impuestos por Occidente y con la actividad turística, que lentamente comienza a surgir en las islas. De aquí a unos años se percibirá si el desarrollo aniquiló una de las principales riquezas de Guinea-Bissau: la cultura bissago.

EL MISIONERO BISSAGO

El P. Luigi Scantamburlo tiene 75 años; de ellos, 31 los ha pasado con los bissago. Pronto se dio cuenta que sólo aprendería realmente la cultura de este pueblo si era considerado “hijo de las islas”. Para eso, el misionero tuvo que hacer la iniciación como los jóvenes adultos del archipiélago. Hoy considera que, si no hubiese realizado los ritos propios de aquella ceremonia, no sabría lo que sabe sobre el pueblo bissago. “Actualmente, me tratan como parte de la comunidad, como tratan a cualquier otro bissago, pero inicialmente me miraban con desconfianza”.

Licenciado en Historia de las Religiones y Antropología por la Universidad de Detroit (Estados Unidos), dedicó su tesis doctoral a la etnografía de los habitantes de la principal isla del archipiélago (Etnologia dos Bijagós da Ilha de Bubaque). Tiene una obra publicada recientemente en Portugal (Gramática e Dicionário da Língua Crioula da Guiné-Bissau) y prepara una segunda sobre la lengua y la religión de los bissago.

 
 

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