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Después de doce largos años
desde que se celebró la primera Asamblea del Sínodo
de los Obispos Africanos, la Iglesia de África se encamina
hacia la celebración del Segundo Sínodo Africano.
Para ayudarnos mejor a examinar los Lineamenta, puede sernos útil
reflexionar brevemente sobre algunos signos de Buena Nueva de
la vida interna de la Iglesia africana, problemas actuales y retos
sobre la reconciliación, la justicia y la paz en las sociedades
africanas, y lo que la Iglesia católica africana ha hecho
y hace para ayudar a resolverlos.
Hay grandes diferencias entre
las distintas Iglesias del continente africano. No se puede generalizar.
Las siguientes tendencias son significativas a la hora de examinar
la vida interior eclesial en los países africanos. Su crecimiento
es un hecho. Los expertos nos dicen que África es el continente
con mayor crecimiento anual de cristianos en el mundo. Cada año
se bautizan más. En algunos países africanos, seminarios
y noviciados de religiosas tienen más candidatos de los
que pueden acoger. Se crean parroquias y diócesis nuevas.
Sin embargo, a África no le bastan los números.
Crecimiento e interiorización de la fe no se disocian.
Algunos signos de este crecimiento
son los monasterios e institutos eclesiásticos superiores,
la organización de Ejercicios Espirituales anuales en parroquias
y misiones donde el sacerdote no reside permanentemente, aumento
de centros pastorales y catequéticos diocesanos, y los
numerosos cursillos organizados por las diócesis para reflexionar
sobre la Exhortación Apostólica emanada del Sínodo
“La Iglesia en África”. Varias Causas de Beatificación
han sido iniciadas, una de las últimas la del Presidente
Julius Nyerere de Tanzania. Los africanos se esfuerzan por vivir
su fe cada día con mayor entusiasmo. Los laicos se mueven.
Sacerdotes y religiosas se empeñan cada vez más
en el trabajo misionero dentro y fuera de África.
La Iglesia africana no se cierra
en sí misma. Comparte las alegrías y esperanzas,
los problemas y retos de la sociedad africana en su conjunto.
La penosa situación de violencia e incluso de guerra en
Somalia, la tragedia de Darfur, y los casos irresueltos de Costa
de Marfil, República Democrática de Congo y hasta
en los Grandes Lagos nos preocupan. El reto de construir y desarrollar
una nación en paz y armonía donde países
colonizadores amalgamaron múltiples grupos étnicos,
caso de Nigeria, sigue estando presente.
Además, pobreza, enfermedades
y especialmente el VIH/SIDA, son peligros reales que han exterminado
o diezmado poblaciones enteras. A la vez, África en los
últimos doce años ha registrado algunas buenas noticias
en estos campos. Algunos ejemplos: un proceso normal del apartheid
a la democracia en Suráfrica, la oposición ganando
sin lágrimas las elecciones en Senegal, Ghana, Malaui y
Zambia, y pasos significativos hacia la democratización
en otros países.
La Iglesia católica,
sin pretensiones de tener una misión política o
económica, sabe que primero tiene que contribuir mediante
la predicación del Evangelio a la conversión de
los corazones, respeto por los derechos de otros pueblos, arrepentimiento
y reconciliación, perdón y armonía. Los laicos
creyentes están concienciados para desarrollar su tarea
específica, que no es otra que la de llevar el espíritu
de Cristo a todas las áreas de la vida secular. Las diócesis
de África dan pasos prácticos para mostrar su solidaridad
cristiana hacia los pobres y necesitados.
Muchas Conferencias Episcopales
han establecido sus comisiones de Justicia y Paz, que educan a
los ciudadanos acerca de sus derechos y deberes a la hora de votar.
Los obispos hablan sobre asuntos nacionales con coraje y amor.
Refugiados y desplazados encuentran en la Iglesia una de las pocas
instituciones que se preocupan de ellos y que pueden hacerles
sonreír. La discusión sobre los Lineamenta ayudará
a enfocar nuestra atención en muchos caminos en los que
la Iglesia africana puede servir a la reconciliación, la
justicia y la paz en este vastísimo continente.
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