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Con los resultados de las discusiones
sobre los Lineamenta por parte de toda la Iglesia africana, el
Secretariado del Sínodo compondrá el Instrumentum
Laboris, el documento de trabajo del Sínodo que guiará
las sesiones de la Asamblea. El tema del próximo Sínodo,
como se dice en los Lineamenta, es “La Iglesia en África
al servicio de la Reconciliación, la Justicia y la Paz:
Vosotros sois la sal de la tierra... vosotros sois la luz del
mundo (Mt. 5, 13-14)”, y se propone encarnar la Doctrina
Social Católica. Lo que en un tiempo se llamó por
algunos teólogos “el secreto mejor guardado de la
Iglesia”, la Doctrina Social Católica y sus implicaciones
son claramente consideradas por los Lineamenta como parte integral
del trabajo evangelizador de la Iglesia. El documento afirma que
esta doctrina no es ni debe ser en adelante un secreto.
Proclamar o anunciar el nombre
de Jesucristo y su Evangelio “a toda la creación”,
que es lo que significa evangelizar, supone siempre dos procesos
o movimientos simultáneos. Primero, la evangelización
tiene que ver con la “sanación” del alma humana,
volviéndola a una relación recta y amigable con
Dios, su Creador. El segundo proceso se refiere al proceso de
la “sanación” del cuerpo humano y de toda la
creación, conformándolo lo más posible a
su estado original de integridad y felicidad.
Los dos movimientos se conectan
y vienen a ser lo mismo. Los dos tienen como objetivo hacer a
la persona completa e integral. Comprenden una “recreación”
o modelación de nuevo de la persona humana a “imagen
y semejanza” de Dios, como afirma el libro del Génesis.
En él se dice que la creación fue originalmente
“buena”, verdaderamente “muy buena”, y
que su perdición llegó a través de la corrupción
de la humanidad. Según San Pablo, la redención de
la creación, su reconstrucción para retratar el
original designio divino, llegará a través de la
redención de la humanidad.
UNA PERCEPCIÓN UNILATERAL
Históricamente, sin embargo, las dos dimensiones de la
evangelización –proclamación y desarrollo
socio-económico y político realzado por la Doctrina
Social Católica– recibieron diferentes énfasis
en diversos tiempos y distintas partes del mundo. Esto se debió
a varias circunstancias durante los pasados dos milenios de la
historia del cristianismo.
¿Qué ha pasado en la historia de la cristiandad
africana? ¿Se les ha dado a esos dos aspectos la importancia
que tienen como motores indispensables del mismo proceso, la restauración
de la persona humana y del orden de la creación a su designio
original querido por Dios Creador? Si así fuera, ¿cuál
es la evidencia? Si no, ¿por qué? ¿Qué
se puede hacer para restablecer la balanza requerida en el proceso
evangelizador?
Aunque sea verdad que la evangelización como desarrollo
socio-económico y político ha sido asumida e implementada
a lo largo de los últimos doscientos años de la
evangelización cristiana en África, en muchas regiones
del continente ha recibido un énfasis doctrinal secundario,
si no se ha olvidado por completo. Ciertamente no ha recibido
una articulación tan clara como la que aparece en el documento
de los Lineamenta. El desarrollo socio-económico y político,
teológico y pastoral ha sido considerado la mayoría
de las veces como “apostolado” o “evangelización
indirecta”, necesario sin duda, pero de menor significado,
al parecer, que la proclamación en el conjunto de nuestros
esquemas.
Para algunos evangelizadores, el desarrollo fue visto incluso
como una opción. Un misionero veterano de África
puede ser citado como representante de esta actitud. Decía:
“Yo vine aquí a predicar el Evangelio, no a construir
escuelas y hospitales”, queriendo decir que pensaba que
los dos procesos no eran sólo distintos sino diametralmente
opuestos. Este hecho demuestra, en lo que a la Iglesia africana
se refiere, que la enseñanza de la Iglesia Católica
sobre la justicia, la paz, la liberación y reconciliación
en estos últimos cien años, desarrollada meticulosamente
en los tiempos modernos desde 1891 con la encíclica de
León XIII sobre la condición de los obreros (Rerum
Novarum), ha sido un “secreto bien guardado”.
SE EVITÓ LA POLÍTICA
Ha habido otra dificultad en términos de percepción
doctrinal y práctica. De las tres dimensiones cruciales
del desarrollo práctico –social, económico
y político– en África, con poquísimas
excepciones el aspecto político ha sido el más evitado,
especialmente en la catequética. La Iglesia durante mucho
tiempo defendió que no era de su competencia. Pero si la
Iglesia es de verdad una “experta en humanidad”, como
el último Papa la describía correctamente, o si
ella comparte las alegrías y sufrimientos de la humanidad,
como dijo el Vaticano II, entonces no puede alegar incompetencia
en lo que se refiere a la política, la economía,
el orden social o el bienestar de la humanidad.
Claro que la Iglesia es competente en estas áreas de distinta
manera a la de un político o economista profesional. Su
competencia es moral y ética, su finalidad es guiar la
vida de la sociedad humana hacia la verdad de Dios en Jesucristo.
Pero no puede decirse que esta competencia no exista porque existe
y es, en este caso, incluso de mayores consecuencias que la del
tipo profesional para un desarrollo humano integral, que requiere
el establecimiento de la justicia, la paz y la reconciliación.
Negar la competencia de la Iglesia en esta materia es violentar
la integridad del Evangelio.
M. A. Garreton es el que mejor ha escrito sobre la distinción
y unidad esencial existente entre el desarrollo práctico
humano y el Evangelio. Dice: “El cristianismo es profético:
lucha contra la injusticia para terminar con ella. La política
es el arte de lo posible. Lucha contra la injusticia para no ser
destruida por ella. Éste es el drama que une, y a la vez
separa, estos componentes claves de las sociedades humanas”.
Considerando que la sociedad humana decae y se desintegra cuando
falta la justicia, se puede apreciar cuán indispensable
sea para el drama de la existencia en la tierra la contribución
de la Iglesia a que se acaben las injusticias. Sin embargo, la
tarea de la Iglesia trasciende esta necesidad terrena y llega
a tocar la escatológica y eterna existencia de la persona
con Dios, el Creador. Y a pesar de eso, trabaja en este mundo,
necesitado según la fe cristiana del misterio de la salvación
del pecado humano y de la Encarnación de Dios.
LA
CONEXIÓN RESTABLECIDA
Los Lineamenta para el II Sínodo Africano restablecen
la unidad entre evangelización y los requisitos de la justicia
y la paz como nunca se dieron oficialmente en la Iglesia africana.
El documento hace que la Doctrina Social Católica no sea
en lo sucesivo un secreto. Articula de manera clara y comprensible
para el continente africano la doctrina del Vaticano II en esta
materia, especialmente lo que encontramos en los documentos “Constitución
Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno” (Gaudium et
Spes), el “Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia”
(Ad Gentes), la “Declaración sobre las relaciones
de la Iglesia con las Religiones No-Cristianas” (Nostra
Aetate) y la “Declaración sobre la Libertad Religiosa”
(Dignitatis Humanae).
Los Lineamenta se refieren explícitamente a los numerosos
escritos y pronunciamientos al respecto del último Papa,
Juan Pablo II, y a algunos del actual, Benedicto XVI. De manera
particular, aunque sin decirlo abiertamente, reconfirman fuertemente
y sin ambigüedad el contenido de las cartas de los últimos
pontífices, especialmente, de Juan XXIII y Pablo VI. La
carta del Papa Juan XXIII “Paz en la Tierra” (Pacem
in Terris), publicada en 1963 –mientras el Vaticano II,
que él mismo convocó, se estaba celebrando–
es memorable en este aspecto.
Debemos recordar al Papa Pablo VI por sus cartas “Sobre
el Desarrollo de los Pueblos” (Populorum Progressio) de
1967 y “A los Ochenta Años” (Octogesima Adveniens)
con motivo de la celebración de los ochenta años
de la Rerum Novarum. La Octogesima Adveniens, incluso por su título,
reafirma los contenidos de la Rerum Novarum de León XIII
la cual, a su vez, estaba imbuida de la meditación de los
textos de los primeros Padres de la Iglesia. Debemos recordar
también como memorable sobre el tema que nos concierne
la Exhortación Apostólica “Sobre la Evangelización
de los Pueblos” (Evangelii Nuntiandi) publicada en 1975,
y en el caso particular de África, su carta a la jerarquía
y pueblos del continente, “Las Tierras de África”
(Africae Terrarum), publicada en 1967. La tradición de
la doctrina social en la Iglesia es larga. Arranca en los inicios
del movimiento cristiano y llega hasta nuestros días.
IGLESIA, FAMILIA DE DIOS
Uno de los logros centrales del Primer Sínodo Africano,
al que alude el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica
La Iglesia en África (Ecclesia in Africa), fue la imagen
teológica de la Iglesia como Familia de Dios. Citando la
proposición relevante del Sínodo de Obispos, el
Papa esperó que los teólogos africanos desarrollaran
una eclesiología usando esa imagen y enriqueciéndola
con otras anteriores como las del “Cuerpo Místico,
Pueblo de Dios, Templo del Espíritu Santo, Rebaño
y Pastor, Casa donde Dios vive con el Hombre” (EA 63).
Los Lineamenta hacen de esta imagen el pensamiento guía
del Sínodo venidero y, en lo que se refiere a la reconciliación,
la justicia y la paz en la vida de la Iglesia, yo no encuentro
que hasta ahora se haya hecho un planteamiento de la Iglesia como
Familia de Dios tan bueno como el que estos Lineamenta proponen.
Los Lineamenta identifican dos grupos de problemas que atañen
a la Iglesia africana en lo referente a la justicia y la paz.
El primero, el hecho de que “a la hora de construir el mundo,
África ha sido dejada al margen, siendo sólo recordada
cuando sus miserias necesitan ser mostradas o explotadas”
(n. 8). Basándonos en evidencias palpables, esto es una
verdad como un templo, y aún se debe añadir que
en el mundo los recursos africanos son mucho más valorados
que sus gentes.
Es un hecho penoso ver cómo se echa más leña
al fuego de los conflictos africanos en vez de pararlos donde
y cuando más fácil sería. Eso acarrea numerosas
pérdidas de vidas humanas, sea porque esas situaciones
favorecen que se les esquilme o porque donde faltan esos recursos
no hay interés alguno en ayudar. Hechos recientes ocurridos
en la República Democrática de Congo, Liberia y
Sudán pueden ser mencionados como algunos del primer caso,
y Ruanda, Burundi y el Norte de Uganda, como del segundo.
El segundo grupo de problemas se refiere a los que África
tiene en su interior, ya sean psicológicos o sociales.
Según los Lineamenta, es necesario mirar más allá
de las “causas objetivas de los conflictos y su insatisfacción
general” e investigar “las causas objetivas y psicológicas
de la guerra” en África misma: “...entre otras,
los tradicionales conflictos entre tribus, la ausencia de grandes
causas para aglutinar a los pueblos, el proyectar los descontentos
y resentimientos personales sobre los demás y la desconfianza
llevada al extremo”.
RESPUESTA AFRICANA
La cuestión es cómo comportarse ante estos problemas
para llegar a promover la reconciliación, la justicia y
la paz en África. Esto es lo que el II Sínodo Africano
está llamado a plantearse. La participación de la
comunidad internacional es vital, por supuesto, para lograr una
solución duradera, pero la respuesta se debe fundar y debe
venir desde la misma África. Buenas maneras de gobernar
pueden ser la clave para resolver el primer grupo de problemas.
África necesita gobiernos democráticos, transparentes,
que respeten la dignidad y los derechos de las personas y que
tengan un verdadero sentido y orgullo nacional y cultural. Los
Gobiernos deben tener en cuenta que el desarrollo material debe
ayudar al progreso humano.
La solución al segundo grupo de problemas “necesita”,
como dicen correctamente los Lineamenta, “una transformación
espiritual. Para ser un pacificador uno debe poseer paz interior.
Paz... que pasa por una conversión personal” (n.
81). Es importante añadir, sin embargo, que esta profunda
transformación espiritual interior no puede prescindir
de claras estructuras de justicia. Aunque las estructuras no pueden
reemplazar la transformación interior, son un aspecto y
una ayuda esencial para ella.
DOS SÍNODOS, UN PROCESO
Los Lineamenta se unen fuertemente a las deliberaciones del Primer
Sínodo Africano y, especialmente, a la Exhortación
Apostólica La Iglesia en África fruto de aquél.
Según los Lineamenta, esta Segunda Asamblea y su desarrollo
se orienta a “conservar vivo” el primero y a desarrollarlo.
Tres son las cuestiones “básicas”, según
el documento, para la preparación del Segundo Sínodo:
Primera, “¿Qué consiguió el documento
La Iglesia en África?”. Segunda, “¿Qué
ha hecho la Iglesia africana con La Iglesia en África?”.
Y tercera, “¿Qué queda por hacer, usando sus
directrices, para responder a las siempre cambiantes situaciones
del continente africano?” (n. 1).
Desde lo que yo percibo en la Iglesia de África Oriental,
la respuesta a las dos primeras preguntas es descorazonadora.
No quiero ser pesimista pero desde que terminó la primera
Asamblea y se publicó la Exhortación Apostólica,
muy poco se ha hecho que tenga significado pastoral para implementarla.
El Sínodo no empezó donde terminó, como se
esperaba y tenía que haber sido. Espero equivocarme y,
en diálogo fraterno, desearía que alguien me demostrase
lo contrario.
Por tanto, queda mucho por hacer. De hecho, en África
Oriental por lo menos, necesitamos volver al documento La Iglesia
en África para entender mejor sus implicaciones y aplicarlas,
incluso mientras nos preparamos para la II Asamblea. Esto forma
parte del segundo objetivo del proceso del Sínodo venidero,
de acuerdo con los Lineamenta. Lo que se pretende es “despertar
un renovado interés en los objetivos de la Exhortación
Apostólica que fueron propuestos una y otra vez a los cristianos
y a las gentes de buena voluntad” (n. 1).
Recordemos que el Primer Sínodo Africano consideró
cinco aspectos referidos a la misión evangelizadora de
la Iglesia en África: principalmente, Evangelización,
Inculturación, Diálogo, Justicia y Paz, y Medios
de Comunicación Social. Debido a la necesidad urgente de
buscar “caminos para superar la situación crítica
africana” (n. 1) en estos campos, el Sínodo venidero
acentúa la reconciliación, la justicia y la paz,
no aisladamente sino como una pieza en el todo. Anteriormente,
el espacio que se le dio fue para hacerse unas cuantas preguntas
(Lineamenta, 63-68), y algunos parágrafos explicativos
en el capítulo sexto de la Exhortación Apostólica.
Ahora todo el proceso del Sínodo está dedicado a
ello.
CONCLUSIÓN
La tarea de reconciliación, de justicia y paz es un reto
no sólo para el valor testimonial de la Iglesia africana
sino también, en un mundo globalizado, para la Iglesia
universal. Tanto los que perpetran la injusticia como quienes
la padecen necesitan la liberación ofrecida por la Buena
Nueva de Jesucristo: la invitación a reconciliarse, o mejor
todavía, al perdón, en la que una actitud espiritual,
como la llaman los Lineamenta, “se ofrece para una real
purificación de la memoria y una paz consistente”
(n. 68).
Los Lineamenta citan al Papa Benedicto XVI, describiendo a África
como “la gran esperanza de la Iglesia” (n. 6). ¿Se
puede pensar que la Iglesia africana, inspirada por el proceso
del Segundo Sínodo Africano ya en marcha, tomará
el liderazgo para demostrar al mundo el camino de la verdadera
reconciliación, de la justicia y de la paz? Ésta
es mi oración y mi esperanza.
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