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Hacia el Segundo Sínodo Africano
AL SERVICIO DE LA RECONCILIA-
CIÓN, LA JUSTICIA Y LA PAZ
La posibilidad de celebrar una segunda Asamblea Africana del Sínodo de los Obispos o el II Sínodo Africano ya no es un sueño o un deseo, sino una realidad. El proceso ha empezado con la publicación y distribución en África de los Lineamenta, el documento preparatorio del Sínodo.
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Por Laurenti Magesa, Teólogo Tanzano

Con los resultados de las discusiones sobre los Lineamenta por parte de toda la Iglesia africana, el Secretariado del Sínodo compondrá el Instrumentum Laboris, el documento de trabajo del Sínodo que guiará las sesiones de la Asamblea. El tema del próximo Sínodo, como se dice en los Lineamenta, es “La Iglesia en África al servicio de la Reconciliación, la Justicia y la Paz: Vosotros sois la sal de la tierra... vosotros sois la luz del mundo (Mt. 5, 13-14)”, y se propone encarnar la Doctrina Social Católica. Lo que en un tiempo se llamó por algunos teólogos “el secreto mejor guardado de la Iglesia”, la Doctrina Social Católica y sus implicaciones son claramente consideradas por los Lineamenta como parte integral del trabajo evangelizador de la Iglesia. El documento afirma que esta doctrina no es ni debe ser en adelante un secreto.

Proclamar o anunciar el nombre de Jesucristo y su Evangelio “a toda la creación”, que es lo que significa evangelizar, supone siempre dos procesos o movimientos simultáneos. Primero, la evangelización tiene que ver con la “sanación” del alma humana, volviéndola a una relación recta y amigable con Dios, su Creador. El segundo proceso se refiere al proceso de la “sanación” del cuerpo humano y de toda la creación, conformándolo lo más posible a su estado original de integridad y felicidad.

Los dos movimientos se conectan y vienen a ser lo mismo. Los dos tienen como objetivo hacer a la persona completa e integral. Comprenden una “recreación” o modelación de nuevo de la persona humana a “imagen y semejanza” de Dios, como afirma el libro del Génesis. En él se dice que la creación fue originalmente “buena”, verdaderamente “muy buena”, y que su perdición llegó a través de la corrupción de la humanidad. Según San Pablo, la redención de la creación, su reconstrucción para retratar el original designio divino, llegará a través de la redención de la humanidad.

UNA PERCEPCIÓN UNILATERAL

Históricamente, sin embargo, las dos dimensiones de la evangelización –proclamación y desarrollo socio-económico y político realzado por la Doctrina Social Católica– recibieron diferentes énfasis en diversos tiempos y distintas partes del mundo. Esto se debió a varias circunstancias durante los pasados dos milenios de la historia del cristianismo.

¿Qué ha pasado en la historia de la cristiandad africana? ¿Se les ha dado a esos dos aspectos la importancia que tienen como motores indispensables del mismo proceso, la restauración de la persona humana y del orden de la creación a su designio original querido por Dios Creador? Si así fuera, ¿cuál es la evidencia? Si no, ¿por qué? ¿Qué se puede hacer para restablecer la balanza requerida en el proceso evangelizador?

Aunque sea verdad que la evangelización como desarrollo socio-económico y político ha sido asumida e implementada a lo largo de los últimos doscientos años de la evangelización cristiana en África, en muchas regiones del continente ha recibido un énfasis doctrinal secundario, si no se ha olvidado por completo. Ciertamente no ha recibido una articulación tan clara como la que aparece en el documento de los Lineamenta. El desarrollo socio-económico y político, teológico y pastoral ha sido considerado la mayoría de las veces como “apostolado” o “evangelización indirecta”, necesario sin duda, pero de menor significado, al parecer, que la proclamación en el conjunto de nuestros esquemas.

Para algunos evangelizadores, el desarrollo fue visto incluso como una opción. Un misionero veterano de África puede ser citado como representante de esta actitud. Decía: “Yo vine aquí a predicar el Evangelio, no a construir escuelas y hospitales”, queriendo decir que pensaba que los dos procesos no eran sólo distintos sino diametralmente opuestos. Este hecho demuestra, en lo que a la Iglesia africana se refiere, que la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la justicia, la paz, la liberación y reconciliación en estos últimos cien años, desarrollada meticulosamente en los tiempos modernos desde 1891 con la encíclica de León XIII sobre la condición de los obreros (Rerum Novarum), ha sido un “secreto bien guardado”.

SE EVITÓ LA POLÍTICA

Ha habido otra dificultad en términos de percepción doctrinal y práctica. De las tres dimensiones cruciales del desarrollo práctico –social, económico y político– en África, con poquísimas excepciones el aspecto político ha sido el más evitado, especialmente en la catequética. La Iglesia durante mucho tiempo defendió que no era de su competencia. Pero si la Iglesia es de verdad una “experta en humanidad”, como el último Papa la describía correctamente, o si ella comparte las alegrías y sufrimientos de la humanidad, como dijo el Vaticano II, entonces no puede alegar incompetencia en lo que se refiere a la política, la economía, el orden social o el bienestar de la humanidad.

Claro que la Iglesia es competente en estas áreas de distinta manera a la de un político o economista profesional. Su competencia es moral y ética, su finalidad es guiar la vida de la sociedad humana hacia la verdad de Dios en Jesucristo. Pero no puede decirse que esta competencia no exista porque existe y es, en este caso, incluso de mayores consecuencias que la del tipo profesional para un desarrollo humano integral, que requiere el establecimiento de la justicia, la paz y la reconciliación. Negar la competencia de la Iglesia en esta materia es violentar la integridad del Evangelio.

M. A. Garreton es el que mejor ha escrito sobre la distinción y unidad esencial existente entre el desarrollo práctico humano y el Evangelio. Dice: “El cristianismo es profético: lucha contra la injusticia para terminar con ella. La política es el arte de lo posible. Lucha contra la injusticia para no ser destruida por ella. Éste es el drama que une, y a la vez separa, estos componentes claves de las sociedades humanas”.

Considerando que la sociedad humana decae y se desintegra cuando falta la justicia, se puede apreciar cuán indispensable sea para el drama de la existencia en la tierra la contribución de la Iglesia a que se acaben las injusticias. Sin embargo, la tarea de la Iglesia trasciende esta necesidad terrena y llega a tocar la escatológica y eterna existencia de la persona con Dios, el Creador. Y a pesar de eso, trabaja en este mundo, necesitado según la fe cristiana del misterio de la salvación del pecado humano y de la Encarnación de Dios.

LA CONEXIÓN RESTABLECIDA

Los Lineamenta para el II Sínodo Africano restablecen la unidad entre evangelización y los requisitos de la justicia y la paz como nunca se dieron oficialmente en la Iglesia africana. El documento hace que la Doctrina Social Católica no sea en lo sucesivo un secreto. Articula de manera clara y comprensible para el continente africano la doctrina del Vaticano II en esta materia, especialmente lo que encontramos en los documentos “Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno” (Gaudium et Spes), el “Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia” (Ad Gentes), la “Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las Religiones No-Cristianas” (Nostra Aetate) y la “Declaración sobre la Libertad Religiosa” (Dignitatis Humanae).

Los Lineamenta se refieren explícitamente a los numerosos escritos y pronunciamientos al respecto del último Papa, Juan Pablo II, y a algunos del actual, Benedicto XVI. De manera particular, aunque sin decirlo abiertamente, reconfirman fuertemente y sin ambigüedad el contenido de las cartas de los últimos pontífices, especialmente, de Juan XXIII y Pablo VI. La carta del Papa Juan XXIII “Paz en la Tierra” (Pacem in Terris), publicada en 1963 –mientras el Vaticano II, que él mismo convocó, se estaba celebrando– es memorable en este aspecto.

Debemos recordar al Papa Pablo VI por sus cartas “Sobre el Desarrollo de los Pueblos” (Populorum Progressio) de 1967 y “A los Ochenta Años” (Octogesima Adveniens) con motivo de la celebración de los ochenta años de la Rerum Novarum. La Octogesima Adveniens, incluso por su título, reafirma los contenidos de la Rerum Novarum de León XIII la cual, a su vez, estaba imbuida de la meditación de los textos de los primeros Padres de la Iglesia. Debemos recordar también como memorable sobre el tema que nos concierne la Exhortación Apostólica “Sobre la Evangelización de los Pueblos” (Evangelii Nuntiandi) publicada en 1975, y en el caso particular de África, su carta a la jerarquía y pueblos del continente, “Las Tierras de África” (Africae Terrarum), publicada en 1967. La tradición de la doctrina social en la Iglesia es larga. Arranca en los inicios del movimiento cristiano y llega hasta nuestros días.

IGLESIA, FAMILIA DE DIOS

Uno de los logros centrales del Primer Sínodo Africano, al que alude el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica La Iglesia en África (Ecclesia in Africa), fue la imagen teológica de la Iglesia como Familia de Dios. Citando la proposición relevante del Sínodo de Obispos, el Papa esperó que los teólogos africanos desarrollaran una eclesiología usando esa imagen y enriqueciéndola con otras anteriores como las del “Cuerpo Místico, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu Santo, Rebaño y Pastor, Casa donde Dios vive con el Hombre” (EA 63).

Los Lineamenta hacen de esta imagen el pensamiento guía del Sínodo venidero y, en lo que se refiere a la reconciliación, la justicia y la paz en la vida de la Iglesia, yo no encuentro que hasta ahora se haya hecho un planteamiento de la Iglesia como Familia de Dios tan bueno como el que estos Lineamenta proponen.

Los Lineamenta identifican dos grupos de problemas que atañen a la Iglesia africana en lo referente a la justicia y la paz. El primero, el hecho de que “a la hora de construir el mundo, África ha sido dejada al margen, siendo sólo recordada cuando sus miserias necesitan ser mostradas o explotadas” (n. 8). Basándonos en evidencias palpables, esto es una verdad como un templo, y aún se debe añadir que en el mundo los recursos africanos son mucho más valorados que sus gentes.

Es un hecho penoso ver cómo se echa más leña al fuego de los conflictos africanos en vez de pararlos donde y cuando más fácil sería. Eso acarrea numerosas pérdidas de vidas humanas, sea porque esas situaciones favorecen que se les esquilme o porque donde faltan esos recursos no hay interés alguno en ayudar. Hechos recientes ocurridos en la República Democrática de Congo, Liberia y Sudán pueden ser mencionados como algunos del primer caso, y Ruanda, Burundi y el Norte de Uganda, como del segundo.

El segundo grupo de problemas se refiere a los que África tiene en su interior, ya sean psicológicos o sociales. Según los Lineamenta, es necesario mirar más allá de las “causas objetivas de los conflictos y su insatisfacción general” e investigar “las causas objetivas y psicológicas de la guerra” en África misma: “...entre otras, los tradicionales conflictos entre tribus, la ausencia de grandes causas para aglutinar a los pueblos, el proyectar los descontentos y resentimientos personales sobre los demás y la desconfianza llevada al extremo”.

RESPUESTA AFRICANA

La cuestión es cómo comportarse ante estos problemas para llegar a promover la reconciliación, la justicia y la paz en África. Esto es lo que el II Sínodo Africano está llamado a plantearse. La participación de la comunidad internacional es vital, por supuesto, para lograr una solución duradera, pero la respuesta se debe fundar y debe venir desde la misma África. Buenas maneras de gobernar pueden ser la clave para resolver el primer grupo de problemas. África necesita gobiernos democráticos, transparentes, que respeten la dignidad y los derechos de las personas y que tengan un verdadero sentido y orgullo nacional y cultural. Los Gobiernos deben tener en cuenta que el desarrollo material debe ayudar al progreso humano.

La solución al segundo grupo de problemas “necesita”, como dicen correctamente los Lineamenta, “una transformación espiritual. Para ser un pacificador uno debe poseer paz interior. Paz... que pasa por una conversión personal” (n. 81). Es importante añadir, sin embargo, que esta profunda transformación espiritual interior no puede prescindir de claras estructuras de justicia. Aunque las estructuras no pueden reemplazar la transformación interior, son un aspecto y una ayuda esencial para ella.

DOS SÍNODOS, UN PROCESO

Los Lineamenta se unen fuertemente a las deliberaciones del Primer Sínodo Africano y, especialmente, a la Exhortación Apostólica La Iglesia en África fruto de aquél. Según los Lineamenta, esta Segunda Asamblea y su desarrollo se orienta a “conservar vivo” el primero y a desarrollarlo. Tres son las cuestiones “básicas”, según el documento, para la preparación del Segundo Sínodo: Primera, “¿Qué consiguió el documento La Iglesia en África?”. Segunda, “¿Qué ha hecho la Iglesia africana con La Iglesia en África?”. Y tercera, “¿Qué queda por hacer, usando sus directrices, para responder a las siempre cambiantes situaciones del continente africano?” (n. 1).

Desde lo que yo percibo en la Iglesia de África Oriental, la respuesta a las dos primeras preguntas es descorazonadora. No quiero ser pesimista pero desde que terminó la primera Asamblea y se publicó la Exhortación Apostólica, muy poco se ha hecho que tenga significado pastoral para implementarla. El Sínodo no empezó donde terminó, como se esperaba y tenía que haber sido. Espero equivocarme y, en diálogo fraterno, desearía que alguien me demostrase lo contrario.

Por tanto, queda mucho por hacer. De hecho, en África Oriental por lo menos, necesitamos volver al documento La Iglesia en África para entender mejor sus implicaciones y aplicarlas, incluso mientras nos preparamos para la II Asamblea. Esto forma parte del segundo objetivo del proceso del Sínodo venidero, de acuerdo con los Lineamenta. Lo que se pretende es “despertar un renovado interés en los objetivos de la Exhortación Apostólica que fueron propuestos una y otra vez a los cristianos y a las gentes de buena voluntad” (n. 1).

Recordemos que el Primer Sínodo Africano consideró cinco aspectos referidos a la misión evangelizadora de la Iglesia en África: principalmente, Evangelización, Inculturación, Diálogo, Justicia y Paz, y Medios de Comunicación Social. Debido a la necesidad urgente de buscar “caminos para superar la situación crítica africana” (n. 1) en estos campos, el Sínodo venidero acentúa la reconciliación, la justicia y la paz, no aisladamente sino como una pieza en el todo. Anteriormente, el espacio que se le dio fue para hacerse unas cuantas preguntas (Lineamenta, 63-68), y algunos parágrafos explicativos en el capítulo sexto de la Exhortación Apostólica. Ahora todo el proceso del Sínodo está dedicado a ello.

CONCLUSIÓN

La tarea de reconciliación, de justicia y paz es un reto no sólo para el valor testimonial de la Iglesia africana sino también, en un mundo globalizado, para la Iglesia universal. Tanto los que perpetran la injusticia como quienes la padecen necesitan la liberación ofrecida por la Buena Nueva de Jesucristo: la invitación a reconciliarse, o mejor todavía, al perdón, en la que una actitud espiritual, como la llaman los Lineamenta, “se ofrece para una real purificación de la memoria y una paz consistente” (n. 68).

Los Lineamenta citan al Papa Benedicto XVI, describiendo a África como “la gran esperanza de la Iglesia” (n. 6). ¿Se puede pensar que la Iglesia africana, inspirada por el proceso del Segundo Sínodo Africano ya en marcha, tomará el liderazgo para demostrar al mundo el camino de la verdadera reconciliación, de la justicia y de la paz? Ésta es mi oración y mi esperanza.

 
 

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