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SUDÁN: La educación salva

El programa escolar puesto en marcha hace más de 20 años por la archidiócesis de Jartum a favor de los niños de los campos de desplazados está atravesando serias dificultades y corre peligro de desaparecer. Sólo la ayuda exterior podrá mantener viva la presencia de la Iglesia sudanesa en el ámbito educativo.

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Un profesor, rodeado por los alumnos de una de las escuelas que mantiene la archidiócesis de Jartum para la educación de los niños desplazados internos del Sur de Sudán

Como consecuencia de la guerra que comenzó en 1983 en el sur de Sudán, cristiano y animista, muchas familias se desplazaron al norte del país, árabe y musulmán. La mayoría se asentaron en la periferia de las grandes ciudades, como Jartum, la capital, donde se levantaron grandes campos de desplazados internos. Desde entonces, allí han tenido que afrontar el problema de la vivienda, la escasez de alimentos, el abastecimiento de agua y las condiciones higiénicas.

En medio de estas dificultades, también surgió la necesidad de dar una solución al problema de la educación y la escolarización de los niños desplazados. Al saber que la escuela pública no estaba preparada para acogerlos, la archidiócesis de Jartum ideó en 1986 el programa escolar Save the Saveable (“Salvar a los que pueden salvarse”), con el fin de preparar a 8.500 alumnos para que accedieran a los centros estatales a partir de 3º de Primaria.

En 1991, muchos desplazados fueron realojados en lugares alejados de Jartum, algunos en medio del desierto, por lo que la Iglesia, gracias al trabajo de las misioneras y los misioneros combonianos, amplió el programa educativo, abarcando de la educación infantil a 8º de Primaria. En total, dentro y fuera de la capital, el programa gestiona 65 colegios de Primaria y 90 escuelas infantiles.

Hasta ahora, los centros escolares han funcionado con cierta normalidad, pero tampoco han faltado dificultades, como la falta de recursos, la escasez de becas, las deficientes instalaciones, la formación del profesorado y el control estatal, pese a que pueden impartir clases de religión. En estos momentos la situación es realmente complicada, pues el Gobierno no está en condiciones de garantizar la escolarización de los niños de los campos de desplazados, y tampoco es favorable a que reciban una educación cristiana. Sin embargo, las escuelas católicas, que funcionan en Sudán desde hace más de cincuenta años y donde estudian juntos cristianos y musulmanes, gozan de una excelente reputación y realizan una importante contribución al entendimiento mutuo. Además, sólo gracias a ellas los niños del sur han podido acceder a la educación.

Ante el peligro de “arabización” de la enseñanza, la Iglesia sudanesa ha lanzado la voz de alarma, manteniendo la idea de que debe haber escuelas que ofrezcan un sistema alternativo de educación. En este sentido, el cardenal Gabriel Zubeir Wako, arzobispo de Jartum, ha señalado que “hay que tomarse en serio lo que se impone deliberadamente en las escuelas del Gobierno”, pues “nos espera un triste futuro si carecemos de intelectuales cualificados que no se hayan beneficiado de algún tipo de educación cristiana”.

En los últimos tres años el número de niños que participan en los programas educativos de la Iglesia se ha reducido a más de la mitad, pasando de 70.000 a 33.000 alumnos. Ello se ha debido a que las familias no pueden pagar las modestas tasas escolares, las clases se imparten en cabañas improvisadas que no resisten las fuertes precipitaciones de la época de lluvias y las dificultades de las escuelas para pagar los salarios y la formación de los profesores.

Para garantizar el futuro de las escuelas, el obispo auxiliar de Jartum, Mons. Daniel Marco Kur Adwok, ha pedido ayuda económica del exterior a través de la institución Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), que se ha comprometido a subvencionar nuevamente el programa con 250.000 euros. Sin esta contribución, “nunca podríamos ofrecer una educación a estos niños”, indica Mons. Kur, al recordar que “si Sudán vuelve a recuperar una paz verdadera, el programa finalizará de forma natural”, cuando todos los desplazados puedan regresar a sus lugares de origen.

 
 

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