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Nº 514 Enero 2007 / INFANCIA A LA INTERPERIE
 
editorial

Ser alguien

 

El pasado mes de noviembre, el juez francés Jean-Louis Bruguière emitió una orden internacional de busca y captura contra nueve miembros del entorno de Paul Kagame y recomendó la comparecencia del propio presidente ruandés en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda por su implicación en el atentado que costó la vida a Juvenal Habyarimana y que desencadenó el genocidio de 1994. Según el juez francés, cuyas acusaciones se basan en los testimonios de dos disidentes del Ejército Patriótico Ruandés, fue Kagame quien dio la orden de derribar el avión presidencial para provocar las matanzas de tutsis y tener un motivo para llegar al poder. Uno de los testigos, Abdul Ruzibiza, afirmaba en una entrevista concedida a Mundo Negro (junio 2006, página 40) que Kagame y el FPR “estaban dispuestos a sacrificar algunos tutsis” con tal de conseguir el poder.

Pocos días después, el presidente sudanés Omar el-Beshir afirmaba sin escrúpulos en una videoconferencia con periodistas que el número de víctimas causadas por el conflicto de Darfur no llega ni siquiera a 9.000 muertos, poniendo en tela de juicio la cifra de 200.000 muertos dada por Naciones Unidas y acusando a los medios de comunicación occidentales de inflar las cifras para justificar una intervención internacional en su país. “Todas las estadísticas son falseadas y la tasa de mortalidad infantil en Darfur no sobrepasa la de Jartum”, llegó a decir.

En el mes de diciembre, la ONG Intermón-Oxfam publicaba su informe anual titulado La realidad de la ayuda 2006-2007, en el que hace un repaso a la ayuda al desarrollo de España y critica duramente el llamado Plan África, presentado por el Gobierno español como una iniciativa para el desarrollo de África subsahariana y una iniciativa para controlar la inmigración irregular. El informe destaca que España es el primer exportador de municiones a África y que nuestro país sigue canalizando la ayuda al desarrollo a través de créditos que crean más deuda. Según el informe de Intermón, una consecuencia de ello es que dos países africanos (Uganda y Camerún) han devuelto más dinero que el que recibieron en ayudas, convirtiéndose así en donantes netos de la economía española. Vergonzoso, pero real.

El mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz de este recién estrenado 2007, lleva por título La persona humana, corazón de la paz. El propio Benedicto XVI justifica el título afirmando que “respetando a la persona se promueve la paz, y construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral y se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones”. Tragedias como el genocidio ruandés, el drama de Darfur o la deuda externa de Uganda y Camerún –y de tantos países subdesarrollados–, nunca habrían existido si los que tienen en sus manos los destinos de los pueblos antepusiesen la persona humana a los intereses económicos o de poder. Mientras la persona humana, creada a imagen de Dios, no sea el centro y el fundamento de las actuaciones políticas y económicas, no podrá haber, como dice Benedicto XVI, un futuro sereno para las nuevas generaciones. “Por haber sido hecho a imagen de Dios, afirma el Papa, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es algo, sino alguien”.

 

 

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