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Ser alguien
El pasado mes
de noviembre, el juez francés Jean-Louis Bruguière
emitió una orden internacional de busca y captura
contra nueve miembros del entorno de Paul Kagame y recomendó
la comparecencia del propio presidente ruandés
en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda por su
implicación en el atentado que costó la
vida a Juvenal Habyarimana y que desencadenó
el genocidio de 1994. Según el juez francés,
cuyas acusaciones se basan en los testimonios de dos
disidentes del Ejército Patriótico Ruandés,
fue Kagame quien dio la orden de derribar el avión
presidencial para provocar las matanzas de tutsis y
tener un motivo para llegar al poder. Uno de los testigos,
Abdul Ruzibiza, afirmaba en una entrevista concedida
a Mundo Negro (junio 2006, página 40) que Kagame
y el FPR “estaban dispuestos a sacrificar algunos
tutsis” con tal de conseguir el poder.
Pocos días
después, el presidente sudanés Omar el-Beshir
afirmaba sin escrúpulos en una videoconferencia
con periodistas que el número de víctimas
causadas por el conflicto de Darfur no llega ni siquiera
a 9.000 muertos, poniendo en tela de juicio la cifra
de 200.000 muertos dada por Naciones Unidas y acusando
a los medios de comunicación occidentales de
inflar las cifras para justificar una intervención
internacional en su país. “Todas las estadísticas
son falseadas y la tasa de mortalidad infantil en Darfur
no sobrepasa la de Jartum”, llegó a decir.
En el mes de diciembre,
la ONG Intermón-Oxfam publicaba su informe anual
titulado La realidad de la ayuda 2006-2007, en el que
hace un repaso a la ayuda al desarrollo de España
y critica duramente el llamado Plan África, presentado
por el Gobierno español como una iniciativa para
el desarrollo de África subsahariana y una iniciativa
para controlar la inmigración irregular. El informe
destaca que España es el primer exportador de
municiones a África y que nuestro país
sigue canalizando la ayuda al desarrollo a través
de créditos que crean más deuda. Según
el informe de Intermón, una consecuencia de ello
es que dos países africanos (Uganda y Camerún)
han devuelto más dinero que el que recibieron
en ayudas, convirtiéndose así en donantes
netos de la economía española. Vergonzoso,
pero real.
El mensaje del
Papa para la Jornada Mundial de la Paz de este recién
estrenado 2007, lleva por título La persona humana,
corazón de la paz. El propio Benedicto XVI justifica
el título afirmando que “respetando a la
persona se promueve la paz, y construyendo la paz se
ponen las bases para un auténtico humanismo integral
y se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones”.
Tragedias como el genocidio ruandés, el drama
de Darfur o la deuda externa de Uganda y Camerún
–y de tantos países subdesarrollados–,
nunca habrían existido si los que tienen en sus
manos los destinos de los pueblos antepusiesen la persona
humana a los intereses económicos o de poder.
Mientras la persona humana, creada a imagen de Dios,
no sea el centro y el fundamento de las actuaciones
políticas y económicas, no podrá
haber, como dice Benedicto XVI, un futuro sereno para
las nuevas generaciones. “Por haber sido hecho
a imagen de Dios, afirma el Papa, el ser humano tiene
la dignidad de persona; no es algo, sino alguien”.
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