EDITORIAL
 Ser alguien
 Premio Mundo Negro
 "Padre Pateras"
 ACTUALIDAD
 Somalia
 Chad
 R.D. Congo
 R. Centroafricana
 Burundi
 AGUILUCHOS
 Gente Solidaria
 Cáritas parroquiales en Benín
 MISIÓN HOY
 Etiopía-Eritrea
 Sociedad de misiones
 Ghana
 España
 Análisis
 Acusaciones de Bruguière
 Testimonio Misionero
 P. Egidio Tocalli
 Foro Social Mundial
 Esclavitud y deuda externa
 InfaNCIA mISIONERA
 Al servicio de los niños
 Historia
 Dada Behanzin Ayidjre
 Unión Europea–África
 Socios iguales
 Ventana Cultural
 100% África por dentro
 A Contracorriente
 Joven, acércate a otro joven
 

 

Nº 514 Enero 2007 / INFANCIA A LA INTERPERIE
 
infancia misionera

R.D. CONGO:
Al servicio de los niños

Por P. José Carlos Rodríguez

El día 28 se celebra la Jornada de la Infancia Misionera, dedicada a los niños del mundo y, en particular, a quienes viven en los países más pobres. Dos misioneros, la Hna. Natalina Noella y el P. Mario Pérez, se ocupan en Bukavu y en Goma (República Democrática de Congo) de atender a niñas acusadas de brujería y a formar a los niños más desfavorecidos. La Hna. Natalina, religiosa italiana de las Discípulas del Crucificado, acoge a 37 niñas en el Hogar Ekabana. El P. Mario, salesiano venezolano, dirige el centro Don Bosco de Goma, donde se preparan algo más de 800 niños.

Bukavu, la hermosa ciudad congoleña construida sobre colinas a orillas del lago Kivu, en la frontera con Ruanda, ha sido –junto con Goma– la puerta de entrada de las dos guerras que han asolado la inmensa República Democrática de Congo en 1996 y 1998 y que han causado más de tres millones de muertos. Las recientes elecciones celebradas a finales de octubre de este año, ganadas por Joseph Kabila, han instaurado una estabilidad política de difícil cumplimiento sobre el terreno.

Aunque los acuerdos de paz se firmaron en el año 2003, la región de Kivu continúa sufriendo la inseguridad intermitente de bandas armadas: los antiguos interahamwe hutus ruandeses, las milicias de Laurent Nkunda y bandidos que se aprovechan de la situación para extorsionar y atacar a los campesinos indefensos en el interior. Las principales víctimas de esta violencia “de baja intensidad” son los niños. Y en particular, las niñas acusadas de brujería.

Aunque la creencia en la hechicería ha estado siempre presente en un sinfín de sociedades tradicionales africanas, el fenómeno de las “niñas brujas” se ha exacerbado desde el comienzo de la guerra en 1996. Bukavu y Goma cuentan con cientos de miles de desplazados llegados de las aldeas del interior en distintas oleadas. Cada familia se busca un rincón en uno de los numerosos barrios de chabolas surgidos en poco tiempo en las colinas y busca sobrevivir con el pequeño comercio informal. La promiscuidad, el paro y la miseria reinan en estos suburbios construidos en colinas deforestadas que sufren a menudo corrimientos de terreno durante las abundantes lluvias torrenciales.

Hogar Ekabana

Los valores ancestrales de los bashi, los barega y otros pueblos de Kivu, que siempre han dado una gran importancia a la solidaridad de la familia y el amor a los niños, se han disuelto en el mar de violencia y pobreza de esta nueva situación. Ocurre a menudo que el hombre llega a la ciudad con varias mujeres, y cada una de ellas compite para que sean sus hijos –y no los de su rival– los que vayan a la escuela o tengan mejores ropas o alimentos. El padre, incapaz de proveer a su familia con recursos, y a menudo hundido en el alcoholismo, pierde su autoridad paterna y ya no constituye un modelo para su prole.

Esta situación es un excelente caldo de cultivo para la expansión de numerosas sectas pentecostales, muchas de ellas financiadas desde Estados Unidos, dirigidas por “pastores” o “profetas”. Se las encuentra uno cada cien metros en las calles de la ciudad. Estos falsos profetas se aprovechan fácilmente de las situaciones límite en las que vive la mayor parte de los desplazados internos. Sucede entonces que una mujer aquejada de enfermedades o cualquier desgracia acude a una de estas sectas y cuenta sus cuitas al profeta, el cual para afianzar su autoridad moral no duda en persuadirla de que el origen de sus infortunios está en una de las hijas de la otra esposa de su marido, que ha traído la maldición sobre toda la familia. A la niña (es muy raro que acusen a un niño de brujería) la llevan entonces a la secta, donde es sometida a sesiones de “exorcismos” que son en realidad una verdadera tortura de ayunos que duran varios días y palizas hasta que la criatura termina por “confesar” su supuesta condición de hechicera que ha causado una muerte o una enfermedad en el seno de su familia.

La consecuencia es la expulsión de la familia de la niña “poseída”, la cual irá a engrosar las filas de los niños de la calle, otro de los fenómenos más lacerantes consecuencia de la guerra. A menudo terminará siendo víctima de abusos sexuales. Aunque la ley en la República Democrática de Congo es muy dura para los pederastas, en la práctica la policía y los jueces son fácilmente corruptibles y todo el que tiene dinero termina saliendo de la cárcel o siendo absuelto por los tribunales.

Para intentar remediar esta situación, la Hna. Natalina Noella tomó la iniciativa en 2002 de abrir un hogar –que figura como una institución de la archidiócesis de Bukavu– para recoger a estas niñas traumatizadas. Junto con un experimentado trabajador social congoleño, Ernest Sicuani, formó un equipo de monitores y educadores que trabajan en una casa donde las niñas tienen alojamiento, alimentación y cuidados médicos adecuados. Todas ellas van a la escuela y viven en el Hogar Ekabana como una familia grande donde la Hna. Natalina es la madre.

Sin embargo, los miembros de esta institución no se dedican únicamente a atender a las víctimas de esta situación, sino que con ayuda de las parroquias hacen sensibilización en los distintos barrios para cambiar la mentalidad que condena a niñas inocentes al abandono más absoluto. También contactan a las familias que han expulsado a las niñas de su seno y en algunos casos consiguen que las vuelvan a acoger. Cuando no existe esta posibilidad, el centro Ekabana construye casas para que las niñas, cuando llegan a una cierta edad, puedan empezar una nueva vida independiente valiéndose por ellas mismas.

El Centro Don Bosco

Cabría preguntarse si es posible cambiar esta mentalidad que estigmatiza a niñas inocentes acusadas de brujería. El P. Mario Pérez, venezolano, de la congregación salesiana, parece haber tomado una actitud más pragmática. “Cuando llega una niña acusada de brujería yo simplemente le digo: no te preocupes, yo te curo”. Con su pañuelo a la cabeza, de aspecto informal pero con una conversación que delata unas profundas convicciones, desde 1994, el P. Mario es el director del Centro Don Bosco, situado en la ciudad de Goma, 150 kilómetros al norte de Bukavu. En otros tiempos una bonita ciudad turística, Goma fue también escenario de combates cruentos y masacres de refugiados ruandeses durante los años de la guerra. Por si fuera poco, en enero de 2002 fue arrasada por una violenta erupción del volcán Nyaragongo. La ciudad parece vestida permanentemente de luto, cubierta de piedra negra volcánica, mientras la silueta del impresionante volcán parece seguir amenazando con la humareda de su cima, que se confunde a todas horas con las nubes blancas de baja altura.

El Centro Don Bosco, que funciona desde 1987, está situado en la barriada de Ngangi, una de las más pobres de la ciudad. Su amplio recinto es siempre el escenario de una actividad que parece no tener fin. Algo más de 800 niños se benefician de esta institución. Podría llamarse escuela, pero esta palabra no agota todos los servicios que se prestan a los niños más desfavorecidos. El centro, llevado adelante por la comunidad salesiana más un equipo de voluntarios italianos y trabajadores sociales congoleños, cuenta también con un dispensario, un centro para niños con problemas de desnutrición y una casa de acogida para niños huérfanos.

En la parte educativa, cientos de niños acuden a educación infantil, primaria, secundaria y técnico-profesional. Antiguos niños de la calle, niños soldado, niñas acusadas de brujería, o simplemente jóvenes procedentes de familias pobres, desplazadas por la guerra, reciben una educación que nunca habrían soñado si no existiera este centro salesiano. Contrasta la tristeza de esta ciudad que ha sufrido a causa de la guerra con la alegría que se encuentra uno entre los jóvenes que frecuentan sus aulas de carpintería, mecánica, construcción, corte y confección y trabajos de metal.

A unos dos kilómetros de la escuela don Bosco, los salesianos tienen otro centro para primera acogida a los niños de la calle. Como explica el P. Mario, “mu-chas veces la policía hace redadas de estos niños, y cuando los llevan a comisaría se dan cuenta de que no saben qué hacer con ellos y entonces nos los traen”. Cuando llega un nuevo caso, un equipo social realiza un asesoramiento al final del cual integran al recién llegado en un programa educativo, manteniendo el contacto con la familia para una eventual reintegración.

Bukavu y Goma, como toda la República Democrática de Congo, son dos lugares donde los niños sufren más que los adultos las consecuencias de la guerra, que aún se dejan sentir y que probablemente perdurarán aún durante muchos años. Al menos consuela pensar que si no hubiera buenos samaritanos como la Hna. Natalina o el P. Mario muchos niños ni siquiera podrían tener educación, derechos y una vida bastante más digna.

© No se permite la reproducción total o parcial de artículos y fotografías de MUNDO NEGRO sin una autorización expresa de la dirección de la revista.