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RUANDA
Las acusaciones del juez Bruguière
P.
José A. Kouadio
El pasado 17 de noviembre,
el juez francés Jean-Louis Bruguière emitió
una orden internacional de busca y captura contra nueve
miembros del entorno del presidente ruandés Paul
Kagame, por “asesinato, complicidad de asesinato
y asociación de malhechores para cometer un acto
terrorista”. En el documento de 64 páginas,
el magistrado antiterrorista recomendó también
la comparecencia de Kagame ante el Tribunal Penal Internacional
para Ruanda por su presunta implicación en el
asesinato del ex presidente ruandés Juvenal Habyarimana.
En protesta por estas decisiones, Ruanda llamó
a su embajador en París a consulta, expulsó
al embajador francés en Kigali y rompió
sus relaciones diplomáticas con Francia.

El juez Jean-Louis
Bruguière acaba de conseguir uno de sus objetivos.
Después de llevar casos contra el coronel Gadafi
y el Irán de los ayatolás, ahora se encara
a uno de los jefes de Estado más controvertidos
de África, implicado en una tragedia que conmovió
al mundo: el genocidio ruandés. La investigación
del juez Bruguière responde a una querella presentada
en 1998 por los familiares de la tripulación
francesa del avión presidencial Falcon 50 y de
Agathe Habyarimana, la viuda de Juvenal Habyarimana.
Ocho años
después, la justicia francesa sostiene la tesis
de un atentado perpetrado por el FPR (Frente Patriótico
Ruandés) dirigido por Paul Kagame. Según
numerosos testimonios, incluidos los de antiguos miembros
del ex movimiento rebelde, el magistrado estima que
la decisión de atentar contra Habyarimana se
tomó entre finales de 1993 y principios de 1994,
por los más altos mandos de la rebelión.
Según el
magistrado, el atentado contra Habyarimana formaba parte
de un plan urdido por el FPR para hacerse con el poder
por la violencia. Kagame y su entorno habrían
provocado los enfrentamientos para justificar el retorno
a Ruanda de sus guerrilleros, hasta entonces establecidos
en Uganda.
Sólo les
quedaba esta alternativa al no tener una base popular
suficiente para acceder al poder por la vía democrática.
Las diferentes escisiones dentro de los partidos políticos
de oposición favorables a la colaboración
con el FPR, sin cuyos apoyos Kagame no podía
ganar las elecciones, aceleraron la ofensiva rebelde.
El 9 de abril de 1994, Kagame declaró en Radio
Muhabma que estaban caducos los acuerdos de Arusha y
añadió que había elegido la opción
que mejor respondía a los objetivos del FPR:
la conquista del poder por la fuerza de las armas. Es
más, Bruguière cree que la masacre de
tutsis sirvió a la causa del FPR, ya que le ha
asegurado el apoyo de la comunidad internacional. Kagame
nunca dudó en apoyarse en el genocidio para mantenerse
en el poder.
ACUSACIONES
DE REVISIONISMO
El Gobierno ruandés
ha acusado al juez Bruguière y a otros órganos
del Estado francés de organizar la negación
del genocidio y el revisionismo. Sus argumentos –lo
que llaman los límites de la investigación–
son los siguientes: Bruguière nunca viajó
a Ruanda, por lo que no ha podido contrastar sobre el
terreno los testimonios vertidos en su auto judicial.
Se le reprocha también su deseo, apenas disimulado,
de seguir una única pista: la que lleva a culpar
al presidente Kagame.
Asimismo, las
hipótesis sobre la posesión de misiles
Sam por los extremistas hutus y las que implican a unos
mercenarios sólo se evocan como recordatorios
e inmediatamente son descartadas. Las acusaciones se
basan en los testimonios de dos disidentes del Ejército
Patriótico Ruandés, cuya credibilidad,
como es de suponer, es recusada totalmente por Kigali:
Abdul Ruzibiza y Aloys Ruyeri.
Kigali considera también que la orden de Bruguière
tiene un carácter eminentemente político.
Al juez se le reprocha haber sobrepasado su papel al
hacer un análisis personal de las motivaciones
atribuidas al jefe del Estado ruandés, quien
habría planificado el genocidio de su propio
pueblo para conseguir el poder.
Según
sus detractores, el juez Bruguière sólo
está consiguiendo disculpar a los hutus actualmente
procesados por planificar el genocidio. De este revisionismo
se beneficiarían los defensores del honor del
Ejército francés, cuyo controvertido papel
antes y durante el genocidio es objeto en estos momentos
de querellas e investigaciones, tanto en Kigali como
en París.
INSTIGADORES
Según
el auto del juez, el presidente Paul Kagame, Faustin
Nyamwasa-Kayumba, James Kabarebe y Charles Kayonga son
los instigadores del atentado contra el presidente Habyarimana,
que costó también la vida a Cyprien Ntaryamira,
presidente de Burundi. El magnicidio se propuso, decidió
y preparó en tres reuniones celebradas en el
cuartel general del FPR en Mulindi.
La primera reunión
tuvo lugar un mes después de los Acuerdos de
Arusha, firmados en agosto de 1993. Durante esta reunión,
la mayoría de los oficiales presentes desaprobaron
los acuerdos por estimar que su aplicación no
les favorecía. Fue entonces cuando surgió
la idea de eliminar a Habyarimana.
El plan del asesinato
se presentó en la segunda reunión, celebrada
a finales de 1993. La planificación y la fase
operacional corrió a cargo de James Kabarebe,
quien se encargó de la selección del comando
especializado en el manejo de los misiles tierra-aire
facilitados por Uganda. Después de aprobar el
plan, los instigadores se reunieron por última
vez el 31 de marzo de 1994, para planificar el derribo
del avión presidencial. Durante este encuentro,
Kagame dio la orden de derribar el avión de Habyarimana.
LOS EJECUTORES
El juez Bruguière
imputa al subteniente Franck Nziza y al cabo Eric Hakizimana
como autores materiales del atentado al disparar los
dos misiles contra el avión presidencial. En
enero de 1993, estos militares del Ejército Patriótico
Ruandés recibieron en Uganda una formación
para el manejo de misiles. Los misiles Sam 14 y Sam
16 llegaron de Uganda a comienzos de enero de 1994 y
fueron escondidos en el Consejo Nacional para el Desarrollo,
que servía de cuartel de los rebeldes del FPR.
El día del atentado, Eric Hakizimana efectuó
un primer disparo, que falló. Fue el segundo
misil, disparado por Frank Nziza, el que alcanzó
al aparato y provocó su explosión en vuelo.
Entre los ejecutores figuran también Jackson
Nkuruziza, jefe del G5 en el Estado Mayor, Samuel Kanyemera,
actualmente diputado, Jacob Tumwine, hombre de negocios,
y Rose Kabuye, directora del protocolo. A estos últimos
se les acusa de la preparación material, de la
organización y de facilitar información
necesaria para la ejecución del atentado.
EL CASO
KAGAME
Para Bruguière,
el general Paul Kagame optó deliberadamente por
un modus operandi que, en el contexto particularmente
tenso que predominaba en Ruanda entre las comunidades
hutu y tutsi, sólo podía provocar una
sangrienta reacción de represalias contra los
tutsis. Esta situación le ofreció la justificación
legítima para reanudar los combates y tomar el
poder con el apoyo de la comunidad internacional.
A pesar de saberse
militarmente superior al Ejército ruandés,
el FPR rechazó el alto el fuego y la presencia
de una fuerza internacional que hubiera detenido las
matanzas que ya habían empezado. Esto demuestra
que a Kagame sólo le importaba una victoria total,
incluso al precio de la vida de los tutsis del “interior”,
que consideraba como “colaboradores” del
régimen de Habyarimana. En su calidad de jefe
de Estado, Kagame no puede ser perseguido ante las instituciones
judiciales francesas. Por eso, el juez Bruguière
se ha dirigido al secretario general de la ONU, Kofi
Annan, para pedirle que contemple la posibilidad de
que sea procesado por el TPIR (Tribunal Penal Internacional
para Ruanda). Varios abogados de la defensa venían
solicitando que el auto de Bruguière fuera presentado
como prueba ante el TPIR. Pero éste lo había
rechazado siempre, argumentando que ninguno de los acusados
lo era por el atentado contra el presidente Habyarimana.
Es más, Everard O’Donnell, portavoz de
la instancia internacional llegó a declarar que
la fiscalía del TPIR no recibía instrucciones
de nadie. También añadió que el
fiscal Hassan Bubacar Jallow era independiente, incluso
ante el Consejo de Seguridad de la ONU, antes de reafirmar
que el asesinato del presidente Habyarimana no provocó
el genocidio.
Sin embargo,
el 4 de diciembre, la sala del Tribunal encargada del
procesamiento del coronel Théoneste Bagosora,
acusado de ser el “cerebro” del genocidio,
admitió íntegramente como prueba, y por
primera vez, el informe del magistrado francés.
El auto de Bruguière fue presentado por Raphaël
Constant, abogado francés de Bagosora, que acababa
de interrogar al antiguo número dos de los cascos
azules en Ruanda, el coronel belga Luc Marchal, uno
de los testigos citados por el juez Bruguière.
El juez noruego Erik Mose justificó esta decisión
porque el informe no disculpa a los acusados por el
TPIR y, además, podría ser útil
para conocer el contexto de las matanzas de 1994.
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