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SOMALIA:
Guerra abierta

Miliciano
de los Tribunales Islámicos en Mogadiscio.
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Los últimos
enfrentamientos armados en Somalia entre el ejército
del Gobierno de transición y las milicias de
la Unión de Tribunales Islámicos (UTI)
han conducido a una guerra abierta, con implicación
de países vecinos como Etiopía y Eritrea.
Mientras la UTI, que controla Mogadiscio desde mediados
de junio de 2006, se ha ido haciendo con el control
de las principales ciudades del sur de país,
el actual Gobierno de transición sólo
controla la ciudad de Baidoa, sede del Parlamento, aunque
cuenta con la legitimidad del apoyo internacional y
de Etiopía.
Según
un informe confidencial de las Naciones Unidas, citado
por la agencia AP, unos 6.000 a 8.000 soldados etíopes
están a lo largo de la frontera con Somalia,
en apoyo al Gobierno de transición. Al otro lado
de la frontera también vigilan otros 2.000 soldados
eritreos, que apoyan a las milicias islámicas.
Los islamistas somalíes, según la ONU,
reciben armas procedentes sobre todo de Irán
y Siria, mientras que el Gobierno de transición
está siendo ayudado militarmente por Etiopía
y Yemen.
A mediados de
diciembre, las milicias islámicas tenían
ya cercada Baidoa, mientras el Gobierno de transición
reclutaba y entrenaba a jóvenes para luchar “contra
los extremistas islámicos y Al-Qaeda”.
Pocos días antes, las ciudades de Tiyeglow y
Diinsor, a tan sólo 150 y 130 kilómetros
de Baidoa respectivamente, eran escenarios de intensos
combates entre ambos bandos.
La resolución
aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU, del
pasado 6 de diciembre, en donde se autoriza el envío
de una fuerza africana para proteger al Gobierno de
transición de Somalia, ha encolerizado aún
más a los líderes de la UTI, que han manifestado
su rechazo a toda “presencia extranjera”
en territorio somalí.
La resolución
permite el levantamiento parcial del embargo de armas
sobre Somalia, con lo que la fuerza regional podrá
suministrar armamento, equipo militar y entrenamiento
a las fuerzas de seguridad del Gobierno somalí.
También prohíbe la presencia de soldados
de tres pases vecinos: Etiopía, Yibuti y Kenia.
Como muestra
de rechazo a las fuerzas de paz “extranjeras”,
la UTI organizó, el pasado 8 de diciembre, una
masiva manifestación en Mogadiscio. “Abajo
US, abajo UN, abajo Etiopía”, gritaban
los miles de asistentes que acudieron a la llamada “en
defensa de Somalia”. Sheik Sharif Ahmed, presidente
ejecutivo de la UTI, presidió la manifestación,
asegurando que defenderá a su país de
los enemigos que avanzan sobre Somalia. “Todo
somalí debe preparar la Jihad o guerra santa
contra las tropas extranjeras que pongan pie en tierra
somalí”, arengó.
La violencia
no ha cesado en los últimos meses. El pasado
30 de noviembre, Baidoa sufría un segundo atentado
suicida, cobrándose nueve víctimas. (El
primero se produjo el 18 de septiembre, y su objetivo
era atentar contra el presidente del Gobierno de transición,
Abdullahi Yusuf). Salad Ali Jelle, número dos
del ministerio de Defensa del Gobierno de transición
de Somalia, atribuyó el ataque suicida a los
islamistas de Mogadiscio y a Al Qaeda. De hecho, los
líderes de Al Qaeda han defendido en numerosas
ocasiones la causa de sus hermanos de Mogadiscio. Aunque,
oficialmente, la UTI ha negado todo vínculo con
Al Qaeda.
Por su parte,
el Gobierno de Washington asegura que cuenta con documentación
fidedigna que relaciona a algunos dirigentes de la UTI
con Bin Laden y la red terrorista.
La confrontación
ideológica internacional aterriza en territorio
somalí, y en juego está la estabilidad
de todo el cuerno de África. “Ambos bandos
del conflicto emergente –explica Math Bryden,
analista del periódico keniano The Nation–
expresan su confrontación en términos
ideológicos. El Gobierno de transición
y Etiopía se han sumado a la Guerra Global contra
el Terrorismo para atraer el apoyo de Washington y Londres.
De la misma manera, los Tribunales han buscado la simpatía
de todo el amplio mundo musulmán, al presentarse
como víctimas de la agresión etíope
y de la islamofobia occidental”.
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