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Nº 514 Enero 2007 / INFANCIA A LA INTERPERIE
 
actualidad

SOMALIA:
Guerra abierta

Miliciano de los Tribunales Islámicos en Mogadiscio.

 

Los últimos enfrentamientos armados en Somalia entre el ejército del Gobierno de transición y las milicias de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) han conducido a una guerra abierta, con implicación de países vecinos como Etiopía y Eritrea. Mientras la UTI, que controla Mogadiscio desde mediados de junio de 2006, se ha ido haciendo con el control de las principales ciudades del sur de país, el actual Gobierno de transición sólo controla la ciudad de Baidoa, sede del Parlamento, aunque cuenta con la legitimidad del apoyo internacional y de Etiopía.

Según un informe confidencial de las Naciones Unidas, citado por la agencia AP, unos 6.000 a 8.000 soldados etíopes están a lo largo de la frontera con Somalia, en apoyo al Gobierno de transición. Al otro lado de la frontera también vigilan otros 2.000 soldados eritreos, que apoyan a las milicias islámicas. Los islamistas somalíes, según la ONU, reciben armas procedentes sobre todo de Irán y Siria, mientras que el Gobierno de transición está siendo ayudado militarmente por Etiopía y Yemen.

A mediados de diciembre, las milicias islámicas tenían ya cercada Baidoa, mientras el Gobierno de transición reclutaba y entrenaba a jóvenes para luchar “contra los extremistas islámicos y Al-Qaeda”. Pocos días antes, las ciudades de Tiyeglow y Diinsor, a tan sólo 150 y 130 kilómetros de Baidoa respectivamente, eran escenarios de intensos combates entre ambos bandos.

La resolución aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU, del pasado 6 de diciembre, en donde se autoriza el envío de una fuerza africana para proteger al Gobierno de transición de Somalia, ha encolerizado aún más a los líderes de la UTI, que han manifestado su rechazo a toda “presencia extranjera” en territorio somalí.

La resolución permite el levantamiento parcial del embargo de armas sobre Somalia, con lo que la fuerza regional podrá suministrar armamento, equipo militar y entrenamiento a las fuerzas de seguridad del Gobierno somalí. También prohíbe la presencia de soldados de tres pases vecinos: Etiopía, Yibuti y Kenia.

Como muestra de rechazo a las fuerzas de paz “extranjeras”, la UTI organizó, el pasado 8 de diciembre, una masiva manifestación en Mogadiscio. “Abajo US, abajo UN, abajo Etiopía”, gritaban los miles de asistentes que acudieron a la llamada “en defensa de Somalia”. Sheik Sharif Ahmed, presidente ejecutivo de la UTI, presidió la manifestación, asegurando que defenderá a su país de los enemigos que avanzan sobre Somalia. “Todo somalí debe preparar la Jihad o guerra santa contra las tropas extranjeras que pongan pie en tierra somalí”, arengó.

La violencia no ha cesado en los últimos meses. El pasado 30 de noviembre, Baidoa sufría un segundo atentado suicida, cobrándose nueve víctimas. (El primero se produjo el 18 de septiembre, y su objetivo era atentar contra el presidente del Gobierno de transición, Abdullahi Yusuf). Salad Ali Jelle, número dos del ministerio de Defensa del Gobierno de transición de Somalia, atribuyó el ataque suicida a los islamistas de Mogadiscio y a Al Qaeda. De hecho, los líderes de Al Qaeda han defendido en numerosas ocasiones la causa de sus hermanos de Mogadiscio. Aunque, oficialmente, la UTI ha negado todo vínculo con Al Qaeda.

Por su parte, el Gobierno de Washington asegura que cuenta con documentación fidedigna que relaciona a algunos dirigentes de la UTI con Bin Laden y la red terrorista.

La confrontación ideológica internacional aterriza en territorio somalí, y en juego está la estabilidad de todo el cuerno de África. “Ambos bandos del conflicto emergente –explica Math Bryden, analista del periódico keniano The Nation– expresan su confrontación en términos ideológicos. El Gobierno de transición y Etiopía se han sumado a la Guerra Global contra el Terrorismo para atraer el apoyo de Washington y Londres. De la misma manera, los Tribunales han buscado la simpatía de todo el amplio mundo musulmán, al presentarse como víctimas de la agresión etíope y de la islamofobia occidental”.

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