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La XLVIII Campaña Contra el Hambre
de Manos Unidas, que se celebra el 11 de este mes de febrero,
tiene como lema “Sabes leer, ellos no. Podemos cambiarlo”.
Cumplido el ciclo de tres años dedicados a los desafíos
de la globalización, Manos Unidas abre este año
un ciclo nuevo de campañas centrado en los Objetivos
de Desarrollo del Milenio, el segundo de los cuales busca “lograr
la enseñanza primaria universal”.
Es del todo evidente que sin educación
no puede haber democracia, ni desarrollo ni futuro para ninguna
nación. Según el informe 2006 del Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 130 millones
de niños (de los cuales el 70 por ciento son niñas)
no asisten a la escuela y 960 millones de adultos (el 66 por
ciento son mujeres) no saben leer ni escribir. Desgraciadamente,
el continente africano sigue estando en el furgón de
cola en cuanto a escolarización o a alfabetización,
especialmente de las mujeres. Más de un tercio de los
niños y niñas de África subsahariana están
sin escolarizar.
Manos Unidas presenta en su informe datos más
que evidentes. Cita el Informe sobre el Estado Mundial de la
Infancia 2005, según el cual lograr el objetivo de la
enseñanza primaria universal para 2015 costaría
unos 100 mil millones de dólares. Tan sólo en
2003 se gastaron en el mundo 956 mil millones en Defensa. Es
decir, que con apenas la décima parte de lo que los Gobiernos
se gastan en un año en Defensa, se podría conseguir
que, de aquí a 2015, todos los niños del mundo
puedan tener garantizada la enseñanza primaria.
África ha dado al mundo grandes pensadores,
políticos, intelectuales, escritores, artistas... No
muchos, es cierto, pero sí de una calidad humana excepcional.
El problema no está en la falta de gente (África
está a punto de llegar a los 1.000 millones de habitantes),
sino en la falta de medios y de voluntad. Mientras en los países
desarrollados se invierten 7.372 dólares en educación
por niño y año, en África subsahariana
se invierten sólo 38.
El pasado 4 de diciembre falleció el
historiador y político burkinés Joseph Ki-Zerbo,
una institución no sólo en su país, sino
en el mundo entero. Considerado uno de los mayores intelectuales
que el continente africano ha dado al mundo de las letras y
de la política, fue un hombre comprometido en la defensa
de la democracia y de la cultura. Dar educación a un
niño no implica directamente que ese niño se convierta,
en el día de mañana, en un gran intelectual o
un honesto político que busque el bien de su país;
pero lo que es innegable es que si a los niños de hoy,
especialmente los de los países menos desarrollados,
se les niega la posibilidad de acceder a una educación
de calidad, de mayores no podrán ser una referencia para
su país, como Ki-Zerbo y tantos otros “africanos
ilustres”, que tanto han dado a sus respectivas naciones
y al continente.
La educación es el primer paso para
el desarrollo, un paso ineludible para conseguir ese mundo mejor
del que se habló en el reciente Foro Social Mundial de
Nairobi. Si algo está claro, como dijo el Nobel de Economía
Joseph Stiglitz, es que “el mundo sí que puede
costear la eliminación del analfabetismo”. Todo
está en tener la voluntad de hacerlo.
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