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Llegamos a Yirol con el tiempo justo para hacer una visita relámpago al misionero comboniano español José Javier Parladé. Este pueblo está rodeado de lagos y cuenta con una población de unas 60.000 personas. “Aquí –nos explica el P. Parladé– no hay superpoblación ni aglomeraciones. A los denka les encanta tener sus chozas diseminadas; construyen las cabañas bastante separadas unas de otras”.
En la misión de Yirol, unos 100 catequistas trabajan en las 45 capillas que dependen de la parroquia. También hay 27 escuelas diseminadas por las comunidades, en donde asisten a clase un total de unos 800 alumnos. “Hay 18 maestros que trabajan como voluntarios. Este año tenemos muchísima hambre. Salimos adelante gracias a una asociación que manda alimentos. Con lo que llega puedo repartir algo de grano en cada escuela. Todos los meses les llevo tres sacos de durra (grano de sorgo) para ayudar un poco a los maestros. Gracias a ellos funcionan las escuelas. Su trabajo es admirable y las comunidades están cada vez más preparadas. Hacemos también mucho trabajo por la paz”.
Junto al P. Parladé trabaja Benjamín Matol, sacerdote diocesano sudanés. Y el P. Rafael Riel, que se encuentra en Aliat, un pueblo que está a dos horas de Yirol. Parladé sigue contándonos el desarrollo y el avance de la misión. “Cuando llegué sólo existía esta escuela; ahora está mucho más desarrollada, pero existía. Hemos construido este hospital que tenemos aquí al lado, y un centro para los voluntarios que vienen para ayudar al hospital. El centro catequético y el centro de formación de las mujeres los he construido yo. Al igual que la capilla. Esta capilla fue mi primera obra”, comenta orgulloso, señalando una recogida y coqueta capilla que está en el centro de la misión.
CONTINÚAN LOS ATAQUES
Poco a poco se van organizando las comunidades de los diferentes poblados que dependen de la parroquia. “Las capillas de fuera no tienen nada, pero en casi todas hay escuelas. Por ejemplo, hay una escuela que construyeron ellos solos durante cinco o seis meses. Hicieron una escuela estupenda. El otro día fui a verla y la encontré vacía. Me fui caminando y en medio del bosque encontré a los maestros dando clase debajo de los árboles. Cada árbol era una clase. Les pregunté: “¿Y la escuela?”. Me contestaron: “Aquello era demasiado visible, padre, y nos atacan”. Los ataques tienen lugar entre clanes denka.
Por ejemplo, hace poco atacaron Lien y la vaciaron totalmente. Lien era una escuela bien organizada: tenía sus aulas con puertas, ventanas, libros… Conseguir aquí cuadernos, libros y otro material escolar es muy difícil... Lo cogieron todo, hasta las visagras de las puertas. Y encima, los atacantes tuvieron la buena suerte de que había llevado yo allí la carretilla, que los del pueblo me habían pedido prestada por unos días... También se la llevaron”.
Es la hora de comer y el P. Parladé, junto a las tres Hermanas ugandesas que trabajan en Yirol, nos invitan a pasar al comedor de la misión, una cabañita ubicada en la zona central, cercana a la capilla. “Esta misión se fundó en los años ochenta. Estuvo aquí el P. Cesare Mazzolari (hoy, arzobispo de Rumbek) con el P. Rafael Riel. Al principio se alojaron en la escuela secundaria del Gobierno. También construyeron una capilla. En ese momento Yirol estaba en manos del SPLA (Ejército para la Liberación del Pueblo Sudanés). Después tuvo lugar un gran ataque de los árabes y tuvieron que escapar. El P. Mazzolari, con otros dos o tres se fueron a Nairobi. Y el P. Rafael se fue a Mampourdit, donde fundó aquella misión”.
OTRO IDIOMA
Como buen andaluz, el P. Parladé no para de hablar. Está contento con nuestra visita, aunque sea por poco tiempo, y quiere aprovecharla al máximo. Visitamos la iglesia-parroquia. “La mayoría de la población en Yirol es protestante, pero ahora están creciendo los católicos”, nos comenta.
Dentro de la misión también está la casa de las Hermanas, todas ellas de la congregación ugandesa Hijas de María Madre de la Iglesia. “Ahora están trabajando cinco Hermanas. Dos de ellas están en la escuela, otras dos en el hospital y una se encarga de los cursos de promoción de la mujer”, nos explica el P. Parladé.
Mientras caminamos hacia las dependencias que sirven como centro de promoción de la mujer, el P. Parladé nos comenta algunos de los nuevos retos que tienen que afrontar los misioneros en África: “La lengua denka me está entrando con dificultad… A partir de cierta edad no se tiene la misma capacidad para aprender idiomas”, asegura este comboniano todoterreno que ya cumplió 65 años, pero que no piensa en la jubilación.
Llegó a Sudán en 1971 y desde entonces ha pasado por diferentes misiones y por distintas circunstancias, incluidos los traumáticos momentos vividos en Raga, tras los bombardeos aéreos efectuados por el Gobierno árabe del Norte contra la población del Sur. “En Raga se hablaba en árabe. En Mabán, donde estuve dos años, tuve que aprender la lengua ma-bán. Me metí de lleno en el idioma. Ahora, con el denka tengo ya un gran lío en la cabeza”.
LOS GRUPOS DE PAZ
Llegamos al centro de promoció de la mujer. Allí las Hermanas dan clases de costura, tienen escuela de cocina, escuela para adultos, formación doméstica, formación de jóvenes para la preparación al matrimonio. “Aquí –asegura Parladé– hay un problema gordísimo, porque los denkas son polígamos”.
También hay “un grupo de paz”, en donde se imparten cursos para la defensa de los derechos de los retornados. “Después de la firma de los acuerdos de paz, está llegando mucha gente a casa, gente que estaba en campos de desplazados internos y en campos de refugiados. El grupo defiende a esta gente. Es muy frecuente que la ayuda y el grano que les llega se quede en manos de las autoridades. El ‘grupo de paz’ pretende evitar que haya corrupción”.
Poco después visitamos la escuela. Un cartel clavado en el suelo nos indica que se trata de la Escuela primaria de la Santa Cruz de Comboni de Yirol. En una gran explanada están diseminadas las diferentes aulas. “Sólo de primaria tenemos 1.800 alumnos. Y como ésta tengo 27 escuelas; es la única que tiene la diócesis”.
¿Cómo saca adelante el P. Parladé tantos proyectos en marcha? “Me ayudan varias ONGs, como Manos Unidas-España, agencias de la ONU... La Cáritas alemana, nos apoya en varios proyectos de agua y en el campo de la agricultura”.
HOSPITAL, MERCADO Y... DESPEDIDA
Nuestra última visita es al hospital. Está a las afueras del recinto de la misión. Hay consultas externas e internas. Cuentan con la presencia de un médico etíope que comenzó a trabajar en marzo de 2005. “El mayor problema –nos comenta el médico etíope– es la falta de alimentos y la desnutrición; todavía no ha llovido lo suficiente y no se han recogido las cosechas de maíz. Muchas enfermedades están relacionadas con esta desnutrición. Tenemos también unos enfermeros que van con su mochila llevando las medicinas por los poblados y las comunidades. En cada poblado contamos con un pequeño puesto de salud, y los enfermeros los visitan de vez en cuando. Ahora tenemos un curso para enfermeros voluntarios. En el hospital se están construyendo unas nuevas dependencias para internos, con capacidad para 35 pacientes, gracias a la ayuda de Naciones Unidas. Y ahora nos han prometido otras dos dependencias más grandes. Con ello vamos a tener capacidad para 120 enfermos”.
El tiempo apremia y al P. Parladé la visita se le ha hecho muy corta. Le hubiera gustado enseñarnos alguna de las capillas, habernos presentado a alguno de los maestros, habernos acompañado a visitar la famosa Santa Cruz de Daniel Comboni...
Subidos al coche del P. Parladé, camino de la pista de aterrizaje, pasamos, como una ráfaga, por en medio del mercado. “Hay poca cosa, hay muy poca comida, porque los camiones no pueden llegar. Cualquier cosa es carísima. Antes estábamos totalmente atados a los árabes, para la comida, para recibir todos los materiales de construcción, si tú no estabas en buena comunicación con los árabes, no lograbas encontrar nada… Ahora los productos suelen venir de Kenia”.
Nos despedimos del P. Parladé, pues nuestro tiempo se agota y en la pista de aterrizaje de Yirol, nos espera, solitaria, la avioneta que nos llevará a Lokichoggio.
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