A principios del pasado mes de mayo, el cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa y presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras, entregaba un documento al Presidente de Alemania, Horst Koehler, en el que representantes de la Iglesia de varios países del mundo manifiestan su gran preocupación por la disminución de la ayuda a los países en vías de desarrollo.
La delegación, que preside el cardenal hondureño, está integrada por diez prelados de América Latina, Estados Unidos, Europa, África y Asia, así como por representantes de la obra episcopal alemana Misereor de ayuda a los países en desarrollo y por otras entidades católicas internacionales. Entre los miembros están Mons. Vincent Michael Concessao, arzobispo de Nueva Delhi (India); el arzobispo de Abuja (Nigeria), Mons. John Onaiyekan; y Mons. Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kisangani.
Según expresó el cardenal Maradiaga, “estamos cumpliendo el 40 aniversario de la Encíclica Populorum Progressio, de Pablo VI, y constatamos que el desarrollo es todavía una asignatura pendiente y sin desarrollo no tendremos paz en el mundo”.
La delegación se entrevistó con varios miembros del Gobierno alemán, que acogerá del 6 al 8 de este mes de junio la cumbre del G8, integrada por los países más desarrollados del mundo y Rusia. Antes lo había hecho ya con representantes de Gran Bretaña y después lo hizo también con el primer Ministro italiano, Romano Prodi. Al término de su gira, la delegación fue recibida en audiencia por el Papa Benedicto XVI, a quien informó sobre el resultado de todos los contactos mantenidos con los representantes de algunos de los países más ricos del planeta. Tras el encuentro con el pontífice, el cardenal Maradiaga ofreció una rueda de prensa en la que afirmó que “si de un día para otro se pueden aprobar fondos para la guerra, también se puede hacer lo mismo para la paz, basta que exista la voluntad política”.
El documento contiene tres orientaciones precisas que la delegación ha presentado al G8 para que en la cumbre de Heiligendamm (Alemania) se trate de manera preferencial la cuestión del retraso de los países más pobres y el papel que deben jugar los países ricos: las ayudas al desarrollo, la anulación de la deuda y la lucha contra la corrupción. En lo que respecta a la ayuda al desarrollo, el documento pide a los gobernantes de los países más industrializados que mantengan los compromisos adquiridos y busquen nuevas fuentes de financiación para la cooperación. En cuanto a la anulación de la deuda, y tal y como lo había solicitado ya el Papa Benedicto XVI en una carta dirigida a la canciller alemana Angela Merkel, los prelados piden al G8 que se elaboren nuevas estrategias para que esa anulación sea total, efectiva y sin condiciones. “Me alegra que la pobreza esté en el orden del día de los países del G8 con una referencia explícita a África”, señala el pontífice en su misiva. Por último, en lo tocante a la lucha contra la corrupción, la delegación eclesial considera como un aspecto fundamental la gestión de las ayudas, así como la promoción de la transparencia económica y financiera.
En una Eucaristía presidida por el propio cardenal Maradiaga en Berlín, los obispos rezaron por el “éxito de estas conversaciones con los Gobiernos del G8 y por un mayor acercamiento solidario de la Iglesia a los trabajadores en el proceso de globalización”. Según afirmó el cardenal hondureño, “la globalización no se puede reducir a la economía. Estamos viendo que el proceso se vuelve otra vez escondite de monopolios y que conduce al consumismo y al materialismo, sin globalizar la corresponsabilidad, la caridad y la solidaridad”.
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