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El Papa había pedido rezar a María por este viaje apostólico y, en particular, por la Conferencia, para que todos los cristianos se sientan discípulos y misioneros de Cristo. Una Conferencia, pues, esencialmente misionera, que bien refleja la preocupación del episcopado, y no sólo el tema de la misma.
Brasil y Aparecida, en particular, fueron escogidos por el papa por “una intuición” según revelaba el arzobispo de Aparecida, Dom Raimundo Damasceno, después de la partida del pontífice. “Le pregunté el porqué de esa elección, y el papa me dijo que fue una intuición y que se había mostrado acertada y que no estaba arrepentido. Vimos en ello la mano de Dios”. Brasil ocupa un lugar especial en el corazón del papa, no sólo “porque nació cristiano sino porque posee el más alto número de católicos, pero sobre todo porque es una nación rica de potencialidades con una presencia eclesial que es motivo de alegría y esperanza para toda la Iglesia”, por ello se espera que pueda dar un nuevo vigor e impulso misionero al continente.
El papa habló del rico mosaico de la religiosidad popular, donde aparece el alma de los pueblos latinoamericanos: refleja el amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y de la reconciliación; el Dios que nos ha amado hasta entregarse por nosotros; el amor al Señor presente en la Eucaristía, el Dios encarnado, muerto y resucitado para ser Pan de Vida; el Dios cercano a los pobres y a los que sufren; la profunda devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe, de Aparecida o de las diversas advocaciones nacionales y locales.
Es importante recomenzar desde Cristo en todos los ámbitos de la misión y transmitirlo en un “lenguaje comprensible e inculturado, y fiel al Evangelio”. Es necesario un salto de calidad en la vivencia cristiana del pueblo, para testimoniar su fe de forma límpida y lúcida. Esa fe, celebrada y participada en la liturgia y en la caridad, nutre y fortifica la comunidad de los discípulos del Señor y los edifica como Iglesia misionera y profética.
El papa recuerda que “la Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo”. Todo bautizado recibe de Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión: " Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará " (Mc 16,15).
La fe nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es encuentro con los hermanos, y responsabilidad hacia los demás. «En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9)».
La Eucaristía suscita el compromiso evangelizador y la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana. De la Eucaristía ha brotado un inmenso caudal de amor y de justicia. ¡Sólo de la Eucaristía brotará la civilización del amor, que transformará Latinoamérica y el Caribe para que, además de ser el Continente de la Esperanza, sea también el Continente del Amor!
El papa quedó cautivado por la acogida y por la fiesta del pueblo brasileño: ¡Una Iglesia en fiesta! Una Iglesia que celebra en medio del dolor y la violencia, y denuncia las injusticias gritantes.
El papa comunicó que había pasado días “inolvidables” y quiso dar a los jóvenes un “abrazo brasileño”. A un periodista que me preguntaba por el sentido de dicha expresión le diría, más allá del diccionario, que es un abrazo que deja “huella”, que es difícil de olvidar.
El obispo de Catanduva (São Paulo), dom Antonio Celso Queirós, dijo que ninguna de las palabras del papa era un “tirón de orejas” a los católicos, al contrario, eran un beso para América Latina: "Nada de lo que ha dicho [el Papa] debe ser interpretado como un tirón de orejas. Mucho de lo que habló fue como un beso para América Latina", afirmó dom Celso, tras la ceremonia de apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Aparecida.
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