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Cambio climático y África:
El continente más vulnerable
En este mes de junio hay dos fechas para la reflexión:el 5 se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente y el 17 el Día Mundial contra la Desertización. La degradación del medio ambiente está alcanzado niveles muy graves y esto afecta al Tercer Mundo y en especial a África. De aquí a 2020, entre 75 y 250 millones de africanos podrían sufrir más  hambrunas y severas penurias de agua, debido a la sequía y a la degradación de los suelos. Cada año, entre dos y siete millones de personas más podrían verse afectadas por inundaciones, sobre todo las que viven en las costas, donde está aumentando la presión demográfica. Lo asegura el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (GIEC), según el cual África, el continente más pobre, es también el más vulnerable al recalentamiento de la Tierra.
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Por Jean-Arsène Yao

El informe es un mensaje dramático sobre las consecuencias del cambio climático sobre el desarrollo económico en África. Las temperaturas subirán entre uno y tres grados centígrados y afectarán, a finales de este siglo, a 750 o 1.800 millones de africanos. Un aumento continuo de las emisiones de gas de efecto invernadero provocará escasez de agua, amenazando al menos a 400 millones de personas en el continente, o incluso a 1.800 millones, también a finales de este siglo. Por otra parte, una mínima elevación de las temperaturas podría ocasionar, en algunos sistemas fluviales, una importante bajada de las corrientes de agua.

Entre 2080 y finales de siglo, las precipitaciones medias anuales bajarán una quinta parte en el litoral mediterráneo africano. Lo mismo pasará con el litoral del noroeste africano. Se prevé también bajadas de los niveles de los ríos en África austral, que podrían alcanzar el 40 por ciento de junio a agosto, en el extremo occidental de la región. En cambio, la pluviometría en el África oriental y tropical podría aumentar un 7 por ciento.

Una subida de las temperaturas de un grado centígrado provocará, de aquí a 2020, una disminución del 10 por ciento de las aguas en la cuenca del río Ouergha en Marruecos. Si otras cuencas registrasen una bajada anual igual, el impacto en estas regiones sería semejante a las pérdidas de una gran presa. Los investigadores del GIEC subrayan también la vulnerabilidad de la cuenca del río Okavango (Namibia), en donde los efectos del cambio climático tendrán repercusiones más nefastas que las presas y las extracciones de agua para el uso agrícola.

También se verá afectado el turismo, a menudo ligado a la naturaleza: podrían desaparecer del 25 al 40 por ciento de la fauna de los parques nacionales del África subsahariana, como la cebra. El número de personas amenazadas por las inundaciones en las costas pasará de un millón en 1990 a 70 millones en 2080. El GIEC prevé una posible subida del nivel del mar en el litoral del África oriental, que podría causar inundaciones susceptibles de costar a cada país afectado el equivalente al 10 por ciento de su PIB(Producto Interior Bruto). Asimismo, la cumbre más alta del continente, el Kilimanjaro, podría perder la totalidad de las nieves perpetuas de aquí a 2020.

ALIMENTACIÓN

En las latitudes bajas –particularmente, en las regiones que tienen estaciones secas– y en las regiones tropicales las proyecciones muestran rendimientos agrícolas decrecientes, lo que aumentará los riesgos de hambruna. Entre 80 y 200 millones de personas más podrían sumarse a los afectados por el hambre de aquí a 2080. Esta vulnerabilidad extrema se explica por el hecho de que el 70 por ciento de la población africana vive de la agricultura, cuyos rendimientos dependen en más del 95 por ciento del agua de lluvias.

El recalentamiento de la tierra ya tiene consecuencias palpables sobre el continente, como en Mtitoandei, en el centro de Kenia. Esta región era muy fértil, pero se ha desertizado en los últimos diez años debido a la escasez de las lluvias. Los agricultores han pasado de 300 a 2 en una década, según la ONG Intermón-Oxfam. Y las consecuencias del cambio climático podrían ser mucho más catastróficas de ahora en adelante para África. El rendimiento de los cultivos de cereales podrían bajar un 5 por ciento de aquí al año 2080.

Todo esto tendrá un efecto negativo suplementario sobre la seguridad alimentaria y hará empeorar la desnutrición en el continente. La producción local de alimentos estará afectada desfavorablemente por la disminución de los recursos pesqueros en los grandes lagos, a causa de la elevación de las temperaturas del agua, que puede agravarse por la sobrepesca.

Paralelamente, la extensión de las tierras áridas y semiáridas aumentará más del 8 por ciento, con consecuencias sobre los modos de vida y sobre la lucha contra la pobreza. El informe prevé también que el trigo desaparecerá del continente africano de aquí a 2080. Las proyecciones más pesimistas consideran que, de aquí a 2050, la cosecha de soja en Egipto bajará un 30 por ciento y la producción de maíz caerá drásticamente en el África austral. Así, las cosechas podrían disminuir en ciertos países africanos hasta el 50 por ciento en 2020 y el 90 por ciento en 2100.
Hay que tener en cuenta que la agricultura representa hasta el 70 por ciento del PIB en algunos países y da trabajo a numerosas familias. En África, el 40 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día y otro tanto con menos de 2 dólares.

SANIDAD

El cambio climático que frena el desarrollo en África puede socavar incluso las mejoras registradas en algunos países del continente durante los últimos años. El recalentamiento de la tierra afectará probablemente al estado de salud de millones de personas, por el aumento de la desnutrición, con sus consecuencias sobre el crecimiento y el desarrollo de los niños. Unos 185 millones de personas en África subsahariana podrían morir de enfermedades directamente relacionadas con el cambio climático, de aquí a finales de siglo.

La malaria amenazará a 80 millones de personas más y las regiones, hasta ahora prácticamente exentas –como Zimbabue, Etiopía, Kenia, Ruanda y Burundi–, se transformarán, de aquí a 2080, en lugares propicios para el desarrollo del anofeles. Las incidencias de esta enfermedad también aumentarán en las regiones montañosas de Angola y de Somalia, que registran actualmente casos esporádicos de malaria.

UNA SITUACIÓN INJUSTA

El informe pone en evidencia el precio desmesurado que debe pagar el continente africano por las consecuencias de un acelerado cambio climático, algo inaceptable para los actuales 936 millones de habitantes y las generaciones futuras. Mientras África es el continente menos responsable del cambio climático, paradójicamente es el que pagará el mayor tributo, si no se reducen las emisiones de gas de efecto invernadero. África y sus poblaciones sólo podrán hacer frente a esta situación, si el continente recibe una ayuda urgente para adaptarse a los cambios climáticos y los países industriales actúan de inmediato para reducir significativamente sus emisiones de gas a la atmósfera.

Los países africanos deberían desde ahora adaptarse a las consecuencias del cambio climático. Los costes de esta adaptación son menos elevados hoy que en el futuro. Según las proyecciones, la adaptación a la subida del nivel de los océanos podría representar del 5 al 10 por ciento del PIB, un coste que no pueden asumir los más pobres. Los gobiernos africanos no podrán tampoco contar sólo con la ayuda exterior para hacer frente a las consecuencias del cambio climático. Pero si hay un sector en el que los Estados africanos deben exigir una contribución de los países ricos es, desde  luego, el de la lucha contra el recalentamiento climático. ¡Sería indecente que los pobres paguen por los ricos!

Así lo puso de relieve el pasado 15 de mayo Babagana Ahmadu,  comisario para el Desarrollo Agrícola de la Unión Africana.Dijo en el Parlamento Panafricano: “Los daños medioambiantales en África están provocados por el comportamiento de los países occidentales, y por eso les pedimos que nos ayuden a resolver el impacto de estos problemas. Nosotros no tenemos la capacidad tecnólogica y financiera para hacerlo”. En el Parlamento Panafricano se prestó especial atención a los desechos tóxicos y se informó que se han vertido en África al menos 50.000 toneladas de estqa clase de desechos.

TIEMPO DE MOVILIZACIÓN

Los países afectados por el mismo clima deberían invertir juntos en sistemas meteorológicos y compartir informaciones, para reducir las consecuencias catastróficas de las inundaciones y de la sequía. Con una mejor planificación y mejores pronósticos meteorológicos se pueden evitar algunas catástrofes.

No hace falta esperar hasta 2020 para ver los efectos del cambio climático. Desde hace algunos meses, un extraño color cubre aproximadamente 3.000 metros cuadrados del litoral del lago Victoria; desprende un fuerte olor sobre la fuente más importante de pescado de agua dulce del África oriental destinado a la exportación. El color del agua adulterada, que cambia de un verde ligero a un verde oscuro, podría deberse a un alga cuya descomposición mata a los peces. La aparición de esta alga tiene algo que ver, según parece, con el recalentamiento de las aguas del Victoria, a causa de la contaminación industrial por empresas pesqueras y hortícolas, instaladas cerca del lago.

En Camerún, país del litoral occidental, la gente se moviliza para prevenir los efectos del cambio climático. Se ha creado un movimiento nacional llamado "Hay que salvar al Wouri" para proteger al río Wouri, cuyo estuario en Duala contribuye a formar el puerto más grande del país. Sin embargo, a causa de los desechos industriales y domésticos, los transportes marítimos, la pesca excesiva, la ocupación anárquica de las orillas por la población local y el recalentamiento de las aguas, este río corre el peligro de desaparecer en las próximas décadas.

EL LAGO CHAD EN VÍA DE DESAPARICIÓN

El agua del lago Chad  está mermando progresivamente. Desde hace 40 años, se ha reducido a la quinta parte. En cuatro décadas, el lago ha pasado de una superficie de 25.000 a 5.000 kilómetros cuadrados. El crecimiento demográfico, el desarrollo de las actividades agropastoriles y la desertización han provocado una degradación preocupante de la fauna y de la flora. 

En su origen, la disminución se debe a la escasa pluviosidad y a las graves sequías de los años 1980. Según algunas previsiones climáticas de la NASA, al ritmo actual, el lago podría desaparecer en unos veinte años. La desertización ha obligado a numerosos ganaderos, particularmente de Nigeria, a emigrar hacia la región del lago y a dedicarse a las actividades agropastoriles. Estos cultivos acentúan la reducción del lago, ya que, a medida que se extienden las superficies cultivadas, son cada vez mayores las necesidades de irrigación.

Otra consecuencia es la desaparición de numerosas especies de peces. La actividad del 80 por ciento de la población del lago gira en torno a la pesca. Ahora bien, un número creciente de pescadores utiliza redes cuyas pequeñas mallas retienen crías de carpas de apenas dos centímetros. Ante la gravedad de la situación, la Comisión de la Cuenca del lago Chad (se creó en 1964 y reagrupa a los Estados ribereños: Chad, Níger, Nigeria, Camerún y la República Centroafricana) estudia actualmente un proyecto de trasvase de agua desde el río Congo (Ubangui-Chari) a Chad.

 
 

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