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RELIGIOSOS AFRICANOS
Consagrados de primera

Los países del Tercer Mundo se han convertido en los últimos años en la gran esperanza de la Iglesia: el Espíritu está suscitando en esta parte del mundo numerosas vocaciones tanto al sacerdocio como a la vida consagrada. Mientras, en Occidente y en el Norte los sacerdotes y los religiosos son cada vez menos y más mayores, y asistimos al cierre de seminarios y noviciados.
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P. Salustiano Oyono Ngumea

Al hilo de ese boom de vocaciones, en el Tercer Mundo ha sido, es y será necesario un verdadero espíritu de prudencia a la hora de acoger las vocaciones. Lo sorprendente es que algunas voces se han erigido como las que mejor conocen la “cultura africana”, afirmando postulados categóricos que para ellos chocan con la vida consagrada. Como si Occidente tuviese una cultura evangélica pura y modélica para las otras culturas. Es más, algunos de estos agoreros de la cultura africana dicen que  "otras limitaciones vienen de la impronta cultural africana, que no suele estar acostumbrada a la reflexión personal o a los ejercicios de interiorización ".

Me cuesta aceptar que se diga eso. Pues afirmaciones como éstas cuestionan en el fondo que los africanos sean realmente personas o que sean capaces de consagrarse a Dios para siempre en la vida religiosa. La capacidad de reflexión y de interiorización, ¿no son constitutivos de la persona humana y consagrada? No tengo suficiente experiencia ni conozco toda la cultura africana. No obstante, sé que el silencio, el saber callar es uno de los elementos esenciales que se aprenden en la iniciación Bantú (de los Muntúes, si se quiere españolizar), aunque dicho rasgo no sea exclusivo de ellos. El saber guardar silencio, la capacidad de reflexión y de saber medir las palabras son unos de los rasgos que a simple vista muestran que una persona es madura, íntegra, cabal y ecuánime.

El que muchos pueblos africanos sean pueblos de la danza y de los gestos no se sigue que dichas expresiones carezcan de contenido. La danza de los negros es una de las mayores expresiones de sus corazones, aun cuando la sangre que bulle en sus entrañas no se agote en la danza. 

A mí también me costaba entender que en grandes solemnidades de alabanza a Dios los fieles y creyentes españoles se quedaran impasibles. Pero por su silencio y parquedad para expresar sus sentimientos en las celebraciones litúrgicas no se puede tildar a los occidentales españoles de ser menos personas. A Dios no sólo hay que encontrarle en el silencio del corazón. Él nos habla también en el continuo baile poético de la creación.

COMPLEJOS SUPERADOS

En mi país y en otros países africanos fue muy difícil –rozando lo imposible– aceptar a los negros en la vida consagrada, por muchas razones que prefiero ahorrarme. Pero fue una época en la que estaban en boga teorías de grandes pensadores, antropólogos y etnólogos según los cuales los negros eran salvajes y no tenían alma... Supongo que en estos inicios del siglo XXI, complejos como ésos están ya superados con creces, o ya lo deberían estar, sobre todo en los miembros de la Iglesia y de la vida consagrada.

Por otra parte, creo que los consejos evangélicos son una gracia de Dios. Y es más, el simple hecho de ser cristiano ya es un don. Si hay alguna cultura humana, digo bien, “humana”, a la que no supongan "escándalo" los consejos evangélicos, que tire la primera piedra... Si el Kerigma cristiano ya era necedad para los sabios, un rompecabezas para los judíos, ¿no lo serán los consejos evangélicos? Si no, ¿por qué son don de Dios?

En una de las reflexiones sobre la pobreza evangélica en un instituto de vida consagrada, en el cual la mayoría de los miembros sigue siendo de países occidentales, se dice lo siguiente: “Nos cuesta ser pobres”. A veces me pregunto si el individualismo exacerbado y en ocasiones patológico de los occidentales no dificulta seriamente la vida fraterna en una comunidad religiosa. Los cada vez más crecientes y alarmantes casos de desviaciones sexuales en estas sociedades noroccidentales, incluso entre personas consagradas, ¿no ponen en crisis la virginidad por el Reino?

DISCERNIMIENTO OBJETIVO

Llevo poco tiempo en España, concretamente en Madrid. Mi impresión sobre la imagen con que aquí se presenta (y se vive) lo de Dios,  Jesucristo, la Iglesia y la vida consagrada es que tal vez no es la más completa ni la más evangélicamente paradigmática, ni que pueda entronizarse como modelo universal. Con esto simplemente quiero señalar que en España, Francia, Estados Unidos o en otras sociedades del mundo, siempre encontraremos ámbitos y modos culturales de vivir que se puedan evangelizar.

Estimo en gran medida la preocupación manifiesta en muchos sectores de la Iglesia por la formación de los africanos consagrados. Y, además, creo que se trata de una invitación urgente a toda la Iglesia y a las congregaciones que, en ocasiones, van “de caza vocacional” a países del Tercer Mundo sin tener en cuenta el subsuelo antropológico y cristiano (o “teológico”) de los aspirantes. Es necesario hacer un discernimiento objetivo, que deje de lado muchos prejuicios, liberándonos de ciertas categorías occidentales y limando actitudes que expresan una exclusiva encarnación del Evangelio en “los hombres blancos”. Pero este discernimiento ha de hacerse no sólo con respecto a la cultura africana, sino igualmente para todas. ¿Acaso la occidental goza ya, por ejemplo, de una íntima armonía conciliable con el Evangelio?

A veces me da la impresión de que, por un neofariseísmo dentro de la vida consagrada, incluso los apóstoles de Jesús habrían de encontrar no pocas dificultades en entrar hoy en “nuestra” vida religiosa: a algunos les diríamos que tienen un temperamento irreconciliable con la vida comunitaria; a otros les echaríamos en cara sus problemas de afectividad; a otros, por proceder de familias pobres e inestables, les miraríamos con la sospecha de que vienen a la vida consagrada en busca de un estatus y reconocimiento social... En realidad, nos habríamos olvidado de que es el Señor quien llama, y a quien Él quiere. Y que, por tanto, la mediación humana ha de estar siempre en un segundo plano –no por eso es  innecesaria–, porque somos “servidores inútiles” del Señor.

Creo que todos los consagrados tenemos que hacer un gran esfuerzo para que el mensaje de Cristo sea realmente vivido y asumido en el corazón de todas las culturas del mundo, y que la vida cristiana y consagrada manifieste y recupere, en cualquier rincón de la historia donde sobreviven africanos o no-africanos, su sentido evangélico, profético y martirial.

 
 

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