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AFINAR EL OÍDO
El susurro de Dios sigue activo en este comienzo del siglo XXI. El Espíritu continúa llamando a jóvenes cristianos para responder a la vocación misionera, dar esperanza a la humanidad y transformar el mundo con amor, al estilo de Jesús. Estos y otros sentimientos, cargados de testimonios, animaron el IV Encuentro Misionero de Jóvenes, organizado por la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias en Madrid, del 13 al 15 de abril. Disfrutamos también, los días 4 y 5 de mayo en el Pabellón Madrid-Arena de la clausura de la “Misión Joven”, en la que fueron ordenados 16 nuevos sacerdotes.
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Por P. Juan Sánchez Arenas

Da alegría ver a jóvenes que pasan un fin de semana reflexionando sobre la vocación misionera. Algunos se conocían y otros se acercaban por primera vez para compartir tan sabrosa llamada a la misión. La tarde del viernes se adentraba y los participantes iban llegando del variado mosaico peninsular. El clima agradable y el verdor de la naturaleza amenizaron las horas de viaje. La Casa de Espiritualidad Cristo Rey que nos acogía con su hermoso patio respetaba la armonía diseñada por el urbanista madrileño Arturo Soria.

Después de una breve presentación de los participantes, D. Francisco Pérez, Arzobispo Castrense y director Nacional de la OMP (Obras Misionales Potificias) en España, nos alentaba a sentir que Dios nos ama, que oxigena nuestras vidas con su gracia. Pues la esencia de la misión es creer que Él me ama y que yo tengo sed de su amor. El misionero vive esta dimensión de ser amado y no tiene otra alternativa que anunciarlo; sobre todo en lugares y situaciones difíciles en que el amor no se le reconoce. La película “Disparando a perros” nos ilustra cómo el misionero se queda en el momento del conflicto, mientras los demás se van.

En mi experiencia misionera, me ha tocado vivir momentos de tensión por escuchar el grito de los empobrecidos. Cito uno que me aconteció en Búzi, Mozambique. En las visitas por las comunidades del interior procuraba conocer las dificultades de la población. Casi siempre salían la falta de escuelas y de tierra. Algunos miembros de la comunidad cristiana se organizaban para llevar los datos de niños y de niñas en edad escolar a los responsables de educación del distrito. Por esta razón, me llamaron las autoridades civiles para indicarme la manera de proceder en estos casos. Sin embargo, más que una información se trataba de un juicio agresivo. De este modo, experimenté en propia carne que sólo el amor es capaz de soportar y de padecer con la gente.

Por la noche, D. Millán Viñas Pato nos introdujo con sus vivencias personales a la película de “Teresa de Calcuta”. Él ha visitado Calcuta y conoció a la Madre Teresa. Su labor y la de sus hermanas ha contribuido a que se tome conciencia de los problemas de Calcuta y de sus pobres. Ella decía: “Mi comunidad son los pobres, su dignidad es la mía, su salud mi salud y mi casa su casa”. La palabra clave de su estancia en la India ha sido “medita”. Y recordaba con nostalgia aquellas personas que morían con toda su dignidad, de modo especial aquel anciano que le dijo sonriendo: “Papá, prepárame bien, aféitame y ponme guapo, porque dentro de algunos días voy a visitar a Dios”. Y así fue.

EVANGELIZACIÓN A GOLPE DE CORAZÓN

En su charla sobre “La caridad, alma de la misión”, D. Millán la traducía en evangelizar a golpe de corazón. Y definía al cristiano como el altavoz que reproduce con energía el potente grito de Jesús de Nazaret: “Amaos unos a los otros… como yo os he amado” (Jn 13, 34-35). El Espíritu nos capacita para amar como Cristo nos amó (Jn 14, 15-17). De este modo, queda atendida la necesidad de amar y ser amados que tenemos todas las personas. Pero para encontrar la vida, para sentirse feliz, hay que haber encontrado el Amor.  Y el camino comienza por escuchar el grito ajeno como si del propio se tratara. El grito es ¡quiéreme! Sólo lo afectivo es efectivo.

Dicen, también, que los cristianos de comienzos del siglo XXI somos más de fe y caridad que de esperanza. Pues bien, tendremos que a-postar más por la esperanza para estar más abiertos a experiencias positivas. A-prendamos a mirar el mundo y las personas con la mirada de Dios. A contemplar la grandeza de lo frágil, lo desfigurado, lo pequeño, lo roto y a implicarnos en transfigurar lo desfigurado. Desde esta perspectiva todo es posible: Las personas cobran su dignidad, la tierra es más respetada y el universo nos abre al Creador.

Quienes nos hemos encontrado con Jesucristo –“Rostro del hombre tan divino y rostro de Dios tan humano”– tenemos que regalarlo a todas las personas del mundo. Pues el Espíritu nos asiste y ayuda (Jn 14,26) a superar la limitada felicidad de los sucedáneos. Nos impulsa, también, a dar la cara como cristianos denunciando la falta de humanidad para con los más pobres, el consumismo y la corrupción (Jn 16, 8-14). Nos convida a ser jóvenes que amen la Iglesia y la oración, que encuentren tiempo para estar con Dios y para trabajar unidos a fin de transformar el mundo con amor, al estilo de Jesús.

UNA VIDA ALTERNATIVA

Dentro de los talleres misioneros tuvimos la oportunidad de escuchar a Sergio y a Íñigo. Nos hablaron del funcionamiento de la ONG misionera de ACOES –Asociación Colaboración y Esfuerzo– fundada por el P. Patricio Larrosa y que actualmente trabaja en Honduras en proyectos de educación. Ellos nos definían su voluntariado de la siguiente manera: Son personas que no se conforman con la realidad que nos ofrece la sociedad. Se plantean una vida alternativa, sin ánimo de lucro, ante una cultura dominante de insolidaridad. Se trata de personas comprometidas que hacen suyos los problemas de los más débiles y actúan en consecuencia. Es un voluntariado de corta y larga duración.

La joven Raquel Sánchez nos ofreció con mucha alegría su testimonio de voluntaria en el Albergue que está cerca de la catedral de la Almudena, en Madrid, animado por el P. Enrique, la Hermana Carmela y personas voluntarias. Su vivencia alegre y comprometida en esta misión de caridad nos hizo vibrar.

También Marcos Amador animó el taller de vocación misionera con una dinámica que nos envolvió a todos. Tres jóvenes tenían que percibir y acercarse a una campanilla que sonaba en determinados momentos en medio de varios instrumentos, que emitían sonidos al unísono. La moraleja es que Dios sigue llamando a la vocación misionera. Sin embargo, el joven necesita afinar el oído para percibir la llamada y dar su respuesta.

“FUI FELIZ Y VOLVÍ MÁS FELIZ”

En la noche del sábado tuvimos la Vigilia de Oración acompañada de testimonios misioneros. La Hermana Clara (Franciscana Misioneras de María) nos decía que de joven sentía la necesidad de comunicar a otras personas lo que ella había recibido: La buena noticia de Jesucristo. Esta alegría de anunciar el Evangelio la experimentó en sus 15 años de presencia misionera en Angola. La gente pobre, en medio de la guerra civil, quería conocer más a Dios. También estuvo en Rusia. Actualmente se encuentra en España debilitada por un cáncer pero entregada a la misión con personas que sufren esta misma enfermedad.

La joven Hermana María José (Misionera Comboniana) nos habló con ternura de su proceso vocacional.  Fue el Evangelio y el testimonio de los misioneros los que la llevaron a dar el salto y superar bloqueos y resistencias para seguir la vocación misionera. Trabajó 4 años en Kenia con los pokot y los rendile, pueblos que viven de la ganadería en poblados semidesérticos. Su empeño mayor fue en la educación y con las mujeres. Vivió la amistad y la solidaridad con esta gente que lleva el rostro de Dios sufriente, pero que está sedienta de dignidad y de una vida mejor.

También Ángela (Misionera Laica Vicenciana) nos contó lo vivido en su breve experiencia en Bolivia: “Me fui feliz y volví más feliz. Me quedé tocada por Dios y por los pobres”. A partir de este momento decidió entregarse plenamente a la misión.

El domingo por la mañana D. Anastasio, subdirector de las OMP en España, propuso indicadores a tener presentes en la vocación misionera “ad gentes”. La persona llamada para esta misión necesita: Capacidad de acogida y diálogo; tenacidad y constancia en el estudio de la cultura; paciencia, bondad y cercanía de Dios; serenidad, paz y buen humor; capaz de compartir gozos y sufrimientos; un corazón libre, una obediencia rebelde y una energía grande de Dios.

La “Misión Joven” de Madrid celebró el momento culminante de este curso en el Pabellón Madrid-Arena de la Casa de Campo, con dos días de espectáculos musicales, testimonios, oraciones y 16 ordenaciones sacerdotales. El concierto del grupo “Gen Verde” fue de una elegancia digna de tal acontecimiento. “La Misión Joven continúa”, dijo el cardenal de Madrid en la clausura.

 
 

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