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Sincretismo religioso en Cuba
CATÓLICOS Y SANTEROS
Lejos de ser un residuo colonial o un vestigio del pasado, la religiosidad popular de origen africano es hoy una realidad muy presente en Cuba. No hace falta más que darse un paseo por La Habana o Matanzas para confirmar la opinión de algunos estudiosos del hecho religioso, cuando afirman que la religión de Cuba es “santerocatólica” y que en la mayor de las Antillas no hay “católicos puros”, entendiendo como tales a aquellos que no están “contaminados” por tradiciones religiosas afrocubanas en cualquiera de sus manifestaciones.
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Por Luis E. Larra Lomas

Rauvier Nodarse le faltan quince días para acabar el año de iniciación a la santería, concebido a modo de “noviciado”. Es instructor de arte y trabaja como asistente de dirección en una compañía de teatro; también estudia alemán y recibe clases de sociología. Le encontramos en el santuario de Regla, situado frente a la bahía de La Habana, sentado en el primer banco del templo, que le trasmite “una paz inmensa”. Viste de blanco riguroso y lleva un paraguas metido en una funda de color azul, precisamente los dos colores asociados a Yemayá, sincretizada con la Virgen de Regla, a quien él está consagrado. Para este iyabó (“novicio santero”), la santería es “la religión que más se acerca a la verdad, a los problemas y a las necesidades de los seres humanos”; por eso, “son las personas las que buscan esta religión, y no al revés”.

Rauvier se siente “creyente” más que “practicante” de la religión católica: “Me gustaría venir más a Misa, aunque no tengo tiempo porque trabajo mucho”. Le preguntamos por las diferencias que existen, a su entender, entre catolicismo y santería: “La religión católica no es tan inmediata como la religión yoruba, aunque también es bondadosa, tolerante y espiritual. A la religión católica la persona viene a pedir algo que quiere, pero se queda en la duda de si se lo va a conceder el santo. En la religión yoruba, tú tienes la posibilidad de saber el sí o el no de manera inmediata. Aquí vienes a implorar y a esperar a que el santo te dé una prueba; en la otra religión, la respuesta es inmediata y segura”.

En este punto, Rauvier nos remite a la ceremonia de adivinación (Oráculo de Ifa), donde “te dicen lo que va a suceder” a través de los caracoles. A él le dijeron que no viajara en barco, porque Yemayá, la reina de los mares, “me comería”. Si lo hiciera, “tengo la posibilidad de morir en la travesía”. Antes de coger la guagua y bordear toda la bahía para llegar al centro de la ciudad, Rauvier se despide de la Virgen de Regla: “Tú eres la reina del mundo, te quiero mucho mamita”. Y le tira un beso.

Cristianos a su manera

Mercedes Coloma trabaja como veladora en la Casa de África, que se encuentra en pleno centro de la Habana Vieja. Se considera “cristiana a mi manera”, va a Misa, reza con la Biblia y cree que “lo sagrado es lo católico”. Para ella, entre católicos y santeros “no hay racismo pero sí prejuicios”. Nos explica la fiesta de San Cristóbal en La Habana, cada 16 de noviembre, ejemplo entre muchos de sincretismo religioso: primero la Misa en la catedral para honrar al patrono y, a continuación, la magia en la Ceiba, símbolo de Changó (Santa Bárbara) y árbol sagrado de la santería, para pedir tres deseos. Mercedes cuenta que su madre es espiritista: “Tira las cartas y es muy buena”, dice.

Todavía Mercedes no tiene “hecho santo” (no se ha consagrado a ninguna divinidad yoruba sincretizada con un santo católico), pero entiende de santería, porque su novio, Roberto Justiz, es babalao, sacerdote santero. Desde su trabajo, ella misma nos remite a la casa particular donde Roberto “tiene un plante” y está oficiando una ceremonia de iniciación en la regla de Ocha como babalao principal.

Le acompañan varios colegas ahijados y un grupo de santeras en un espacio reducido, en el que tienen que sortear los animales (corderos, palomas, codornices, guineas y jicoteas) que en el suelo, atados o metidos en sacos, esperan ser sacrificados a Obbatalá (sincretizada en la Virgen de la Merced), el santo titular, y a los orishas (deidades) principales. En una estancia contigua está la mujer que va a recibir el santo y a la que no se puede ver hasta el día siguiente, cuando vestida de blanco se presente o “se abra” a la familia en la fiesta donde se comerán los animales sacrificados. Roberto señala a sus ayudantes el orden de los sacrificios a las divinidades del panteón yoruba y descuartiza sobre una mesa los “cuatro patas” que acaban de ser ofrecidos, mientras da pequeños sorbos a un vaso de ron. “No hay sacrificio sin sangre; así sacrifiques, así vivirás”, indica en plena faena. “Los animales forman parte del cambio celestial entre los humanos y los orishas”, añade para justificar el ritual sangriento.

Paz y armonía

Hace diez años que Roberto es babalao, una actividad que exige “tener buena condición humana, ser buen hermano, buen amigo, no tener desviación de conducta sexual, ser desinteresado desde el punto de vista monetario, ver la vida como algo grande que hay que disfrutar, querer al prójimo y tener buen comportamiento social”. En su opinión, el babalao “debe ser apolítico, no tener partidos ni tendencias, pues lo más importante es que exista la paz y la armonía en el mundo entero”.

En un esfuerzo por definir el complejo mundo de la santería, Roberto explica que “Ifá es la propia vida, es la pura verdad, un apéndice cercano de Olodumare, que es Dios. El conjunto de energía que implica vida, muerte y resurrección (el ciclo de la propia vida), eso es Ifá, implícito en la creación, en el desarrollo de las relaciones interpersonales, en los orishas, en los irumoles (los orishas que quedaron en el panteón) y en el mundo tangible o visible que Orumila con su poder y energía es capaz de ver y trasmitirnos hoy a través de fábulas, historias, leyendas y refranes”.

Roberto marca distancias entre católicos y yorubas cuando cree que no es necesario estar bautizado en la Iglesia para “hacerse santo” o al opinar que su religión “es más antigua que la propia Biblia”. Pero está abierto al diálogo, “mientras no exista un sentimiento de derogación a nuestros credos”, aclara. “Nosotros no somos enemigos de la Iglesia, a pesar de que maltrataron y vejaron a nuestra religión, como dicen muchos escritos, por el simple hecho de no tener una creencia eclesiástica”, explica Roberto.

En este sentido, también lamenta que mientras “los yorubas entendemos y respetamos todos los credos, a nosotros nos tildan de gente malsana, de hechiceros y supersticiosos. La desunión ha venido por parte de ustedes. No quieren darnos un espacio. ¿Por qué yo no puedo dar un sermón yoruba (una moyuba, imploración o invocación) en una iglesia?”. Roberto no quiere crear polémica pero piensa que “hay un sentimiento colonizador cuando se habla de la Iglesia y la religión yoruba”. No obstante, si se encontrase con el Papa le pediría “que nos diese un espacio a los yorubas en el mundo y que ayudase a los países africanos pobres”.

Vivir con dos culturas

En la misma ceremonia que oficia Roberto actúa como madrina Isabel Sanabria Montalbo, abogada de profesión e “hija de la Virgen de la Caridad del Cobre” (Ochún, en la religión yoruba) desde hace cinco años. Isabel recurrió a la santería por problemas de salud, al padecer “polineuropatía periférica crónica agudizada”. “Pasé ocho meses sin trabajar, casi postrada en una cama, y esto me levantó”, confiesa. En su opinión, “hay un problema religioso y un problema cultural, aunque la religión forme parte de la cultura. El problema del sincretismo ha hecho que tengamos que vivir con las dos culturas: es real la que traían los ancestros de África y la que tenían los españoles, nuestros colonizadores. Estamos permeados de la religión católica con la religión yoruba”.

Con sus compañeras de rito, Isabel ha tenido que recorrer varios templos católicos: “Visitamos ocho iglesias para hacer esto, no podemos dejar de hacerlo, por la misma espiritualidad que tenemos con ustedes”. Ella es fiel ejemplo del sincretismo religioso cubano: “Cuando voy a la iglesia le pido a Dios que me ayude a resolver mis problemas. No lo veo como imagen, lo veo como todo: Dios es todo y está en todo. No lo veo personificado, ni que Dios sea un negro fuerte ni un blanco rubio. No lo toco ni lo veo, pero está. Llámese Dios, Olofi, Jehová. Adoro todo esto de la santería, lo amo, lo quiero”.

En plena actividad sacrificial, los babalaos despellejan los corderos mientras las santeras despluman las aves. Una de ellas es Sabina Jo Ochoa, que también encarna en su persona la religiosidad sincrética: “Voy a la iglesia y mis niños están en catecismo; y cuando voy allí le pido a Dios, a Cristo y a todos los santos, pero cuando llega el día de venir a la santería, vengo aquí, hago mis ofrendas y pido la bendición a mis antecesores”. Sabina recuerda que “mi papá me llevaba a la iglesia”, pero no ve incompatible la fe cristiana con la religión yoruba: “Creo en Dios pero también creo en mis orishas. Me decidí por esta religión, pero no voy a renunciar a creer en Dios”. Esta postura también tiene sus inconvenientes en la práctica: “Cuando voy a la iglesia no llevo las pulseras de la santería, porque, si las llevo, el sacerdote no me deja comulgar, pues dice que estoy en otra religión, con otra creencia. A los curas no les gusta nada esto”.

Algo más que una religión

Mª Antonia Alfonso explica las deidades de la religión yoruba realizadas en terracota que se encuentran en el Museo de los Orishas, situado frente al Parque y Fuente de la India o de la Noble Habana, a escasos metros del Capitolio de La Habana. Lleva diez años practicando la santería: “Las cosas más importantes las tengo por mis deidades, que me han dado pruebas en el ámbito de la salud y estabilidad en el plano de la tierra, como el bienestar de mis hijos, la tranquilidad y la paz en el seno familiar”. Una de las más importantes deidades representadas en el museo es Orumila, que “es quien nos puede ayudar a superar los retos que se presentan en la vida para lograr una satisfactoria solución a cualquier problema”, según recuerda al visitante una información colocada en el tablón de anuncios. En el mismo lugar se dice que “yoruba no es sólo una religión, es un modelo completo de vida”.

Henrietta Pryce es una mujer de color, de origen jamaicano, que trabaja como recepcionista en la Fundación Fernando Ortiz, ubicada en la casa natal de Vedado de este antropólogo cubano, un “blanco sin ascendencia negroide de ningún tipo”, considerado el tercer descubridor de Cuba (tras Colón y Humboldt) y autor de numerosas obras sobre la identidad cultural cubana. Henrietta se educó en Cuba con las Hermanas Oblatas de la Providencia, una congregación fundada en Estados Unidos por Elizabeth Clarisse Lange para mujeres negras al servicio de la educación de niños afroamericanos. “Cuando estás en el colegio eres católico puro, pero después, cuando sales, ya es otra cosa”, advierte esta “católica y revolucionaria”, que no se queja de los apagones (“así puedo encender mis velas”, dice), no quiere marcharse del país y advierte contra la “prensa especulativa”.

“No tengo santo hecho, pero le puse azabache a mi hijo (para evitar el mal de ojo) y no coloco la escoba detrás de la puerta”, apunta Henrietta al recordar algunos fetiches asociados a la santería y muy interiorizados por la población cubana. El mismo logotipo de la Fundación contiene la campana de Obatalá, sincretizada en la Virgen de las Mercedes, la reina de todas las cabezas en la religión yoruba.

CULTOS AFROCUBANOS

Principales religiones de origen africano en Cuba:

- la Regla de Ocha-Ifá o Santería, la más extendida, que tiene su origen en las tribus yorubas o lucumís procedentes de Nigeria, Benín y Togo;

- la Regla Conga o de Palo Monte, oriunda de los pueblos bantúes de Angola y Congo, llamada también mayombe, que puede ser ‘cristiano’ (trabaja para hacer el bien) o ‘judío’ (practica la magia negra con fin maléfico);

- la Regla Arará, procedente del África occidental, del antiguo reino de Dahomey (hoy Benín), que se instaló sobre todo en La Habana y Matanzas;

- y la Secta Abakuá, conocida como los ñáñigos, que en realidad funciona como una sociedad secreta traída por los calabaríes, pueblos procedentes del antiguo Calabar, en Nigeria del sur y Camerún.
A ellas habría que añadir la brujería y el espiritismo, que puede ser de tres tipos: científico o de mesa, de cordón y cruzado.

DICCIONARIO LUCUMÍ

La religiosidad popular afrocubana no se reduce a la santería pero la religión de origen yoruba y el culto a los orishas es la más extendida en la Isla. Dentro del diccionario lucumí (que significa “mi amigo”), éstos son algunos de los términos más importantes:

iyabó: personas que visten de blanco durante el año de iniciación; las mujeres llevan la cabeza cubierta con un turbante y los hombres una gorra blanca; al saludar no dan la mano sino que cruzan los brazos e inclinan la cabeza; cuelgan del cuello collares de cuentas blancas, azules, amarillas o rojas;

orishas: deidades africanas (antepasados convertidos en espíritus, dueños y señores de las fuerzas de la naturaleza) que se comunican con los humanos a través de ofrendas, ritos, rezos, adivinación y sacrificios de animales;

Olodumare: es el Dios supremo de la religión yoruba (también llamado Olorún u Olofí), no tiene representación y se sirve de espíritus intermediarios;

ocha: “hacerse santo” o “tener hecho santo” significa nacer otra vez y contar los años a partir del día de la iniciación;

ceremonia de asiento o consagración: dura siete días, en los que la persona iniciada no puede salir del “cuarto de los santos” donde se celebra el ritual, e incluye la preparación (ofrenda de entrada y purificación en el río), la rogativa de cabeza (ritos con agua de coco y manteca de cacao), la prendición, la preparación de la cabeza en la que el “santo” se va a asentar (se le afeita al rape), la imposición de otanes o piedras sagradas (para que el orisha patrón baje, tome plena posesión de la persona iniciada y se manifieste), los sacrificios de animales, el saludo al iyabó coronado (a mitad de semana), el día del Itá (cuando la persona recibe un nombre nuevo) y el séptimo día;

miero: agua sagrada compuesta con agua de lluvia (de río o de mar), agua bendita de la Iglesia, de aguardiente, de miel de abejas, de manteca de corojos y de cacao, y de hierbas sagradas, que se utiliza en la ceremonia de asiento;

caracoles: tienen carácter sagrado y son utilizados en los collares rituales y en la adivinación (se considera que los orishas hablan por los caracoles según la posición en que caen sobre la mesa);

coco: tiene valor sagrado y forma parte de la ofrenda y alimento ritual de los orishas y de los muertos (ikús);

ilekes (collares): también tienen carácter sagrado y protector (poseen las virtudes y el poder de los orishas, cada uno de los cuales tiene el suyo propio según el color y la disposición de las cuentas);

batá (tambores rituales): constituyen la música de los orishas pues se tocan cuando se les ofrece o pide algo, en agradecimiento o para despedir a un muerto; en las reuniones festivas (bembés), el toque de los tambores y los cantos buscan crear la atmósfera oportuna para que un ‘santo’ baje a la cabeza, ‘monte’ a su ‘hijo’, que le sirve de ‘caballo’ (cuando entra en ‘trance’ le toma en posesión);

nganga: prenda, fundamento o caldero con el que se realizan los trabajos en la Regla de Palo (puede ser cristiano, para bien, o judío, para hacer daño).

 
 

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