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Discípula... y misionera
 

El pasado 13 de mayo el Papa inauguraba la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en la ciudad brasileña de Aparecida. A la gran relevancia a nivel eclesial que tiene un acontecimiento de este tipo (la reunión de todo el episcopado latinoamericano), se une el hecho de que se trata del primer viaje misionero que realiza Benedicto XVI. En el momento de cerrar este número de Mundo Negro, la Conferencia continúa aún los trabajos de reflexión.

Con el lema Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida, la Conferencia de Aparecida supone un paso adelante en la vida y en el crecimiento de una Iglesia, la latinoamericana, que siempre ha sido considerada como la avanzadilla de la Iglesia universal. La Conferencia de Medellín en 1968 impulsó la adaptación de las novedades del Concilio Vaticano II a la realidad de marginación y pobreza que padecía una gran parte de la población. La de Puebla, en 1979, asumió la “opción preferencial por los pobres”, que sería la punta de lanza de la teología de la liberación. La de Santo Domingo, que coincidió en 1992 con las celebraciones del V Centenario, tuvo que hacer frente a la polémica que se creó en torno a aquel acontecimiento. Entonces, la Conferencia del CELAM, más que mirar al pasado quiso mirar al futuro. En esta ocasión, la Iglesia latinoamericana quiere seguir mirando hacia adelante; la Conferencia de Aparecida desea ser la de la primavera misionera. Durante el discurso de inauguración, el propio Benedicto XVI expresó su deseo de que la V Conferencia del CELAM sea el inicio de una nueva etapa misionera en la historia de un continente que él mismo califica, citando a su predecesor, como “el continente de la esperanza”.

América Latina es el continente con mayor número de católicos. Sigue viviendo grandes contrastes sociales, con una minoría cada vez más rica y una mayoría que vive cada vez más sumida en la pobreza. Muchos son los retos a los que se tiene que enfrentar en este siglo XXI: las sectas, el narcotráfico, los aspectos negativos de la globalización, las desigualdades sociales, el surgimiento de una serie de gobiernos populistas, las reivindicaciones de las poblaciones indígenas o de los afroamericanos, cada día más marginados.

Los dos grandes ejes en torno a los que ha girado la Conferencia, coinciden con dos grandes valores de los cristianos latinoamericanos: el discipulado y la misión. A primera vista parecería que el impulso misionero ad gentes, que tanto ha caracterizado siempre a la Iglesia latinoamericana se haya quedado un poco relegado en detrimento de una preocupación por la búsqueda de respuestas para tantos desafíos que se viven ad intra. Sin embargo, no hay que olvidar que, al mismo tiempo que se celebra esta V Conferencia General, se está preparando el COMLA (Congreso Misionero Latinoamericano), que tendrá lugar en Ecuador el año próximo. Será entonces, una vez plasmadas en clave misionera las conclusiones de Aparecida, cuando la V Conferencia del CELAM alcanzará su total plenitud. No es casualidad que ambos encuentros tengan el mismo lema. La Iglesia latinoamericana es, por su tradición, discípula... y misionera.

 
 

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