En la asamblea participaron 115 directores nacionales de los cinco continentes, que asistieron a la presentación de los informes de los cuatro secretariados generales que componen las OMP: Propagación de la Fe, San Pedro Apóstol, Infancia Misionera y Unión Misional. A ellos hay que añadir la Fundación Domus Missionalis, creada por Benedicto XVI el pasado año para gestionar los colegios pontificios que acogen a seminaristas, sacerdotes, religiosos y catequistas laicos.
Las OMP dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que preside desde hace poco más de un año el cardenal Ivan Dias. El purpurado indio intervino en la apertura de la asamblea, donde recordó que la primera tarea de las OMP no es tanto la recogida de donativos para las distintas necesidades misioneras, aunque sean numerosas, sino, sobre todo, la animación misionera. “Debéis tener un corazón grande para llegar a todos sin tener en cuenta los esfuerzos necesarios para lograrlo”, indicó el cardenal Dias a los directores nacionales, a quienes exhortó también a realizar su trabajo con responsabilidad y transparencia.
De hecho, la Obra de la Propagación de la Fe atendió el año pasado cerca de 6.000 proyectos misioneros, a los que destinó 92 millones de euros. Por su parte, la Obra de San Pedro Apóstol financió en 2006 la formación de más de 81.000 seminaristas, la mayoría (exactamente 51.871) del continente africano. Además, el pasado año la Obra de la Infancia Misionera apoyó proyectos a favor de la infancia más necesitada por valor de unos 18 millones de euros, y para el presente año se pondrán a disposición de las necesidades de los más pequeños al menos 22 millones de euros. Asimismo, en la asamblea general se ha recordado que la Unión Pontificia Misional está llamada a ser “el alma de las OMP”, poniéndose “al servicio de la misionariedad de las Iglesias”, según refiere la agencia Fides.
La asamblea general ha servido también para revisar las estructuras jurídicas y las líneas operativas de las OMP. Del mismo modo, los participantes se han planteado con claridad y valentía algunos asuntos delicados, como el seguimiento y la ejecución de los proyectos subvencionados y la propuesta de una Iglesia más generosa con los menos favorecidos. Así lo recordó Mons. Henryk Hoser, presidente de las OMP, en la clausura de la plenaria, al insistir en la necesidad de que las Iglesias locales se responsabilicen de la cooperación misionera de toda la Iglesia, de modo que no exista tanta diferencia entre Iglesias ricas y pobres.
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