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Inmigrantes: un reto para la Iglesia
Bajo el lema “Inmigrantes: un reto para la Iglesia”, más de un centenar de personas participaron los días 3 y 4 de febrero en Madrid en el XIX Encuentro de Antropología y Misión, organizado por la revista Mundo Negro. En esta edición, el Hno. Isidoro Macías, conocido como “Padre Pateras”, recibió el Premio Mundo Negro a la Fraternidad por la acogida en Algeciras a las subsaharianas embarazadas y con niños pequeños que cruzan en pateras el Estrecho.
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Por LUIS E. LARRA LOMAS

La presencia de los inmigrantes en nuestro país es una realidad evidente que no deja indiferente a nadie. Con este dato justificó el director de Mundo Negro, P. Ismael Piñón, que la revista misional africana dedicara este año el Encuentro de Antropología y Misión a plantear el reto que los inmigrantes presentan a la Iglesia. “La inmigración era el tema más adecuado no sólo por su actualidad, sino porque creemos que, como Iglesia que somos, estamos llamados a dar una respuesta a esta cuestión”, señaló el misionero comboniano.

Sin duda, la persona más cualificada para abordar esta delicada cuestión era el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Mons. José Sánchez, que, en calidad de presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, tuvo la primera ponencia. “La inmigración no es un problema sino una oportunidad”, dijo el prelado, al recordar que la Iglesia tiene que ser pionera y no quedarse atrás en la acogida, respeto, aprecio y promoción de los inmigrantes. Mons. Sánchez comentó que el fenómeno de la inmigración supone una oportunidad para la misión, la catolicidad y el ecumenismo. También destacó que la Iglesia hace mucho por los inmigrantes en sus países, gracias al trabajo de los misioneros, y propuso “afrontar la inmigración en origen y en sus causas, hacer lo posible para que no tengan que venir y crear ámbitos de fraternidad aquí”.

En torno a la inmigración se difunden con celeridad mitos que son difíciles de cambiar y que hacen mucho daño a la integración y la convivencia. Para atacar los falsos estereotipos que sobre los emigrantes circulan en la sociedad, especialmente en el ámbito laboral, es necesario unir los instrumentos técnicos a las herramientas misioneras. De este aspecto se encargó Conchi Carrasco, profesora de Economía en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), que abordó el impacto económico y social de la inmigración en el mundo del trabajo. Para superar las incongruencias que se dan en el mercado laboral en relación con los inmigrantes, Conchi Carrasco vinculó lo económico y lo social y por ello propuso “hacer todo lo posible para que se produzca una rápida integración”. También defendió “que nos admiremos de lo nuevo, lo diferente, el mestizaje, la diversidad y la interculturalidad”, porque, en su opinión, “la tolerancia tiene que ser superada por el respeto, y el respeto por la admiración”.

INTEGRACIÓN SOCIAL

Los participantes tuvieron ocasión de descender al terreno de lo concreto al asistir a los testimonios de los que trabajan en la acogida e integración de los inmigrantes. En este sentido, el misionero comboniano Conrado Franco presentó el Plan de atención pastoral y social al inmigrante de la diócesis de Valencia, aprobado en 2005 e integrado en Cáritas. “El inmigrante es también sujeto de derechos religiosos, no sólo humanos, educativos y culturales”, dijo el misionero, al explicar que el origen del plan pastoral está en la formación de pequeñas comunidades cristianas de emigrantes en las parroquias, auténtico camino y escuela de integración, de renovación y de riqueza para la Iglesia y la sociedad.

Por su parte, el religioso mercedario Antonio Freijo, director de Karibu, se refirió a la inmigración como fuente de riqueza, agente de desarrollo y motor de la economía para los países de origen. “Una de las posibilidades para que África salga adelante está en la propia emigración, no en la ayuda que ha conducido a la deuda externa que esclaviza; la emigración es la esperanza de los países africanos, pues desde la base se transforma la vida social de los emigrantes”, indicó Freijo. También denunció el trato desigual que reciben en la sociedad española los africanos, en relación con otros colectivos de emigrantes.

La voz africana del encuentro fue la del emigrante camerunés Jules Daniel Pegang Ngongo, que llegó a España después atravesar Nigeria, Níger, Libia y Argelia, y saltar cuatro veces la valla que separa la frontera hispano-marroquí en Melilla, donde permaneció a la espera más de un año. Con su carga de sufrimiento y su experiencia de dolor, Pegang Ngongo dejó claro que “llegamos ilegalmente porque es la única solución para poder huir de la pobreza y de la muerte”. En Madrid, donde reside desde hace un año, está escribiendo un libro para disuadir al emigrante ilegal: “Piensan que cogemos dinero del suelo, creen que Europa es el paraíso”. Según su testimonio, “la inmigración es fuente de desarrollo si es legal, de lo contrario hay muchos problemas de integración”. Para evitar la ilegalidad, propuso la libre circulación por los países africanos y, como solución a la pobreza del continente, “dar muchas ayudas a las organizaciones para poder ayudar a los que están allí”.

Fuera ya de la mesa redonda, que contó con la intervención de los tres últimos participantes citados, también Inmaculada Gala habló de su trabajo con las inmigrantes subsaharianas que ejercen la prostitución en El Puerto de Santa María (Cádiz), desde su triple condición de cristiana, religiosa de las Carmelitas de la Caridad de Vedruna y miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. Inmaculada echó una doble mirada a la realidad que le toca vivir y acompañar de cerca: desde la sociedad trasmisora de pensamientos e ideologías que marginan, y a partir de la actuación de Jesús en contextos de exclusión, pobreza y vulnerabilidad. “Se asocia la prostitución con la inmigración, la mafia y la marginación, un dato que todavía se agrava más cuando se trata de una mujer, inmigrante, joven y prostituta”, indicó la religiosa. Frente a esta actitud acusadora y manipuladora, recordó que Jesús presenta en el Evangelio una mirada acogedora, amable y esperanzada.

CON AMOR Y HUMOR

Sin dejar la costa gaditana, los asistentes pudieron disfrutar con el testimonio del trabajo en Algeciras del Hno. Isidoro Macías, protagonista del encuentro de este año al recibir el Premio Mundo Negro a la Fraternidad, de manos del superior provincial de los Combonianos en España, P. Laureano Rojo. Con el galardón, la revista ha querido reconocer su ingente obra de solidaridad con los emigrantes africanos, destacar su compromiso con los más desfavorecidos y ponerlo como ejemplo de amor cristiano.

Los medios de comunicación “bautizaron” a este religioso de los Hermanos de la Cruz Blanca con el sobrenombre de “Padre Pateras”, por su acogida a las inmigrantes subsaharianas que cruzaban el Estrecho en pateras con su hijo en el vientre o en brazos. Algunas perecieron en el intento, pero las más afortunadas llegaron a las playas de Tarifa en las avalanchas del año 2000, que pillaron por sorpresa a la Administración. Exhaustas por el esfuerzo sobrehumano y las condiciones adversas, en la costa eran recogidas por efectivos de la Guardia Civil y miembros de la Cruz Roja para después ser entregadas al “Padre Pateras”. Al recibir el premio, el Hno. Isidoro evocó numerosas anécdotas, llenas de amor y de humor, con las mujeres africanas, una labor que con menor intensidad todavía continúa hoy, además de atender a ancianos solos y sin recursos en una casa familiar.

El “Padre Pateras” dijo que comenzó a hacer todo aquello al recordar las palabras del Evangelio: “Fui forastero y me acogisteis”, “Amaos los unos a los otros”. Sintió cómo Dios le decía: “Toqué en la puerta y me abriste, aunque no me conocías porque hablaba otra lengua, era de otra religión y tenía costumbres diferentes”. Y es que Dios, que a él le concedió el don de la mímica para poder comunicarse con las mujeres acogidas, “es un buen Padre que está con todos nosotros, ya seamos buenos, malos o regulares”. De hecho, piensa que él no tiene la exclusiva a la hora de acoger a las mujeres subsaharianas y valora el papel de los voluntarios como algo “imprescindible”. También considera que no todo es de color de rosa en el trabajo con los inmigrantes y que se puede ser criticado por ello, pero hay que “tener mucha vocación” y poner la fe por encima de todo, porque “lo que Cristo quiere es que le atendamos en el pobre” y “aunque no todos somos cristianos, todos somos hermanos”.

Con esta llamada a la fraternidad, la entrega y el servicio concluyó la intensa jornada del primer día del encuentro, que fue clausurado el domingo, 4 de febrero, con la Eucaristía en solidaridad con los inmigrantes. La celebración estuvo presidida por Antonio Freijo y fue animada por el Coro de Karibu, formado por hombres y mujeres africanas que en el ámbito de la capilla de los Misioneros Combonianos dieron ritmo y pusieron color africano a la celebración, hasta la edición del próximo año.

 
 

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