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El 8 de marzo se celebra el Día Internacional
de la Mujer, una conmemoración que nació en el mundo
occidental pero que está teniendo mucha fuerza en África,
un continente en el que la mujer vive todavía en situación
de marginación y de exclusión en muchos aspectos
de la vida social.
Los datos están ahí: el 80 por
ciento de los pobres son mujeres; el 83 por ciento de las niñas
no escolarizadas vive en África; el 49 por ciento de las
escolarizadas no terminan la primaria y de las que pasan a secundaria,
el 30 por ciento no llegan a terminarla; más de dos tercios
de los adultos analfabetos de África son mujeres... y así
podríamos continuar. A pesar de esta realidad y aunque
cargadas de trabajo y frecuentemente marginadas, las mujeres africanas
poseen una gran dignidad y una conciencia de su propio papel en
la sociedad. Son ellas las que están sosteniendo la economía,
no sólo la doméstica, sino buena parte de las economías
nacionales. Ellas generan el 80 por ciento de los alimentos, controlan
entre el 70 y el 90 por ciento de las pequeñas transacciones
comerciales, realizan la mayor parte de las tareas agrícolas
y la totalidad de las tareas domésticas.
A lo largo de la historia, muchas mujeres gobernaron
los pueblos de África y son poco conocidas en nuestro mundo
occidental, pero destacaron por su grandeza, por su sabiduría
o por su audacia en defensa de la independencia frente a las potencias
colonizadoras: Makeda en Saba (Etiopía), Amina en el reino
Hausa, Njinga en Angola o Ranavalona en Madagascar son algunas
de ellas. Hoy, como si de una vuelta al pasado se tratase, están
surgiendo en el continente una serie de mujeres con carácter,
que han sabido salir de esa marginación y son una referencia
para sus países. Hace poco más de un año,
una mujer, Ellen Johnson-Sirleaf, asumía la presidencia
de un país africano. Elegida democráticamente y
gracias al papel fundamental de las mujeres de la sociedad civil
liberiana, esta economista de sesenta y siete años se convertía
en la primera mujer que toma las riendas de su país por
voluntad expresa de sus ciudadanos.
Cada vez es más frecuente ver a mujeres
que ocupan cargos importantes en los ministerios o en los parlamentos
africanos. Cada día son más las mujeres que destacan
en multitud de disciplinas de las ciencias y de las artes: juristas,
economistas, científicas o escritoras contribuyen al desarrollo
de un continente que tiene una gran deuda con ellas. Hoy existen
incluso varios movimientos y corrientes de un feminismo propiamente
africano (ver reportaje en página 34), movimientos que
tienen similitudes y diferencias con respecto al feminismo occidental,
pero que quieren reivindicar la dignidad no sólo del ser
mujer, sino del ser “mujer africana” con voz propia.
Pero seamos realistas; en muchos lugares de África
la mujer sigue estando marginada y apartada de la vida pública;
todavía hay muchos rincones en el continente en los que
el peso de la tradición sigue impidiendo a muchas mujeres
salir de su situación de marginación y de exclusión.
Si África quiere salir adelante y avanzar por la vía
de la democracia y el desarrollo, debe dar a la mujer el lugar
que le corresponde.
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