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Durante este año 2007 se han celebrado, o está previsto que se celebren, elecciones presidenciales en cinco países africanos: Senegal, Mauritania, Nigeria, Malí y Costa de Marfil. El año próximo, si se respetan los calendarios, será el turno de otros cuatro: Angola, Zimbabue, Kenia y Camerún. De estos nueve países, sólo dos o tres han cambiado o tienen posibilidades de cambiar su presidente.
Si la década de los sesenta estuvo marcada por las independencias, la de los noventa se caracterizó por una ola de democratización que se extendió por buena parte del continente. En aquel entonces, muchos países africanos pasaron de una situación de dictadura o de partido único a una realidad multipartidista, con períodos de transición que transformaron radicalmente los sistemas políticos. Aparecieron caras nuevas y jóvenes que llegaron al poder después de unas elecciones democráticas. Fue el llamado boom democrático en el que se hicieron famosas las llamadas Conferencias Nacionales Soberanas.
Han pasado ya casi dos décadas y parece que esa democracia no termina de consolidarse. De los 53 jefes de Estado que hay actualmente en África, doce llevan más de 20 años en el poder, dos son octogenarios y catorce han superado ya los 70 años de edad. A pesar de su edad o de los años que llevan ejerciendo como jefes de Estado, muchos de los mandatarios se aferran al poder y no tienen reparo alguno en modificar las Constituciones de sus respectivos países para poder seguir siendo presidentes. Si el boom democrático de los años noventa suscitó grandes esperanzas, el inicio de este tercer milenio está siendo, en muchos casos, escenario de desencanto y frustración.
También es cierto, y eso hay que destacarlo, que ha habido dirigentes que han sabido respetar las normas democráticas y se han retirado cuando les ha llegado el momento. Alpha Omar Konaré en Malí, Mathieu Kérékou en Benín, o Jerry John Rawlings en Ghana, son algunos de ellos. Otros, como Nelson Mandela o Léopold Sédar Senghor, lo hicieron antes. Thabo Mbeki ya ha anunciado que no optará a un tercer mandato y Ellen Johnson afirmó, nada más ser elegida presidenta de Liberia, que no se presentará a la reelección al término de su mandato en 2012.
Las jóvenes democracias africanas no llegarán nunca a la mayoría de edad si no hay una verdadera alternancia pacífica y democrática en el poder. Sólo cuando se da esa alternancia se puede decir que una democracia se ha consolidado realmente. África tiene un potencial humano enorme; hoy en día hay jóvenes y mujeres con grandes capacidades, que están preparados para tomar el relevo y guiar el continente hacia un futuro mejor. Están ahí, intentando abrirse paso y pidiendo una oportunidad.
Para que se pueda producir esa alternancia, es necesario que los “brontócratas”, término acuñado por Abdulaye Wade refiriéndose a los dirigentes que llevan muchos años en el poder, acepten retirarse llegado el momento y den paso a las nuevas generaciones que van llegando. No se trata de eliminar lo viejo para poner algo nuevo. Los países de África necesitan hoy más que nunca de sus “ancianos”, pero también precisan savia joven para emprender nuevos caminos de modernidad.
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