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“Hace unos años, el estudio de la latania amarilla, del bejuco del diablo o de la quina no estaba precisamente de moda entre los investigadores jóvenes. Cuando uno estudiaba las plantas no resultaba creíble”. Quien hace esta declaración es la mauriciana Ameenah Gurib-Fakim, ganadora del premio L’Oréal-UNESCO 2007 por su inventario de las plantas de las Islas Mauricio y su investigación sobre sus aplicaciones biomedicinales. A sus 45 años y madre de dos hijos, cree que las plantas medicinales pueden curar a bajo precio la diarrea infantil. Por eso, junto con su equipo de investigación, ha estudiado las virtudes del melón amargo –Momordica charantia–, que podría favorecer la reducción de la cantidad de glucosa libre en la sangre, para vencer algunas formas de diabetes. Diplomada por la Universidad de Exteter (Reino Unido) y profesora de Química Orgánica en la Universidad de Mauricio, donde es vicecanciller, Gurib-Fakim ha dedicado buena parte de su vida al estudio de la flora de su tierra natal. En 1983 publicó una guía sobre la flora de Mauricio destinada al gran público. Gracias a ella, se sabe que el 15 por ciento de las 634 plantas medicinales censadas son endémicas del archipiélago. Pero la explotación de esas plantas debe quedar a cargo de los propios países africanos, y no de grandes multinacionales. “África ha perdido ya mucho”, lamenta esta investigadora. Por esta razón, participó en la fundación de la Asociación de Estándares para las Plantas Medicinales Africanas, un organismo creado en 2005 que reúne a investigadores, empresarios, exportadores y fitoterapeutas y se propone comercializar remedios a base de plantas que respeten la normativa internacional.
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