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ZANZÍBAR
900 años de cultura suahili

La antigua Ungudja es una de las islas más grande de África. Alargada frente a la costa, de la que dista 36 kilómetros, mide 85 kilómetros de largo por 35 de ancho, con una superficie de 1.600 kilómetros cuadrados. La llegada de los árabes en el año 1107 supuso para la isla un cambio radical, aunque aún tuvo que pasar mucho tiempo antes de convertirse en el foco económico y cultural de toda la costa índica.

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Por José Luis Cortés López

Asentada sobre arrecifes coralinos, forma en la actualidad parte de Tanzania, una federación surgida el 27 de abril de 1964 entre la antigua colonia de Tanganika y el protectorado inglés de Zanzíbar. Para unos, su nombre significa “la orilla de los Zendj”, nombre dado por los viajeros árabes a los habitantes del litoral índico hasta Cabo Delgado. Para otros, basándose en la etimología árabe, sería la “isla bella”, por la exuberancia de sus paisajes y la fertilidad del suelo.

Los habitantes más antiguos fueron africanos, pero los primeros indicios de la presencia humana pertenecen a los siglos IX-X. Corresponde este período a la expansión del Islam y a la emigración de los Shirazi, habitantes de la ciudad persa de Shiraz, enclavada en la provincia de Fars, en el Golfo Pérsico. Se establecieron primero a lo largo de la costa norte.

La ocupación fundamental en la costa era la agricultura de cereal, pero los que pasaron a la isla tuvieron que someterse a sus condiciones climáticas, que con unas precipitaciones de 1.700 milímetros anuales, genera una humedad del 80 por ciento. Ante esta nueva situación, cambiaron el cereal por el tubérculo; como observó el viajero chino Wang Tayuan (s. IX), en Zanzíbar el “ñame sustituía al grano”.

A finales del siglo XI y principios del XII se incrementaron las migraciones hacia el sur, debido, en gran parte, a la continua llegada de árabes de la región de Omán. Estaban formadas por grupos de mercaderes, descendientes de los matrimonios mixtos entre los primitivos shirazi y los autóctonos, que llevaban consigo una cultura áraboislámica, cuyo desarrollo se difundió en las islas donde se establecieron: Zanzíbar, Pemba, Kilua y Mafia, principalmente. El comercio fue creciendo y también la captura de esclavos negros. El geógrafo ceutí El Idrisi, que había hecho sus estudios en Córdoba, señala cómo los comerciantes se atraían a los chicos ofreciéndoles dátiles, y así los hacían esclavos.

En esta segunda ola de migraciones es cuando tuvo lugar la implantación de la cultura árabe, concretándose su presencia en el año 1107; una inscripción encontrada en el mirhab de la antigua mezquita de Kizimkazi señala que su construcción empezó el 27 de julio de este año. El geógrafo árabe Yakut, que escribe en el siglo XIII, afirma que la isla formaba un reino independiente y que Ungudja, nombre que también se dio a Zanzíbar, era su centro comercial más importante, repleto de comerciantes y viajeros.

Otras muchas ciudades e islas (Lamu, Paté, Malindi, Pemba, Mafia, Kilua, Mombasa, Gedi, etc.) habían experimentado los mismos cambios que Zanzíbar. Entre ellas surgían rivalidades para imponer una hegemonía comercial y política en la zona; por eso, los momentos de esplendor pasaron de unas a otras según la personalidad de sus dirigentes y la fortaleza de sus mercados. Kilua gozó durante mucho tiempo de una primacía comercial incuestionable, pero hacia mitad del siglo XV Zanzíbar ya se sentía lo bastante fuerte como para tratar de imponerle su candidato favorito.

Sin embargo, en el siglo XVI Zanzíbar no era ni política ni económicamente uno de los principales centros de la costa índica. Por entonces estaba dividida en cinco territorios con un jefe al frente de cada uno de ellos. Los descendientes de los antiguos persas fueron diluyéndose poco a poco en la sociedad, pero permanecieron ciertos rasgos culturales; unidos a otras aportaciones indias, árabes, africanas y, posteriormente, europeas originaron una cultura peculiar que recibió el nombre de suahili.

La cultura suahili

Tiene su manifestación más directa en el kisuahili, o lengua empleada en la mayor parte de África oriental, cuya formación, de estructura bantú, tiene un vocabulario con palabras procedentes de los países que tuvieron relaciones comerciales o coloniales con las diversas ciudades e islas del Índico. El primer documento escrito es relativamente reciente (1728), pero debido a que cada territorio gozó de autonomía propia, aparecieron dialectos diferentes y variaciones lingüísticas. A raíz de la colonización se buscó la unificación de las diversas manifestaciones, partiendo del suahili hablado en Zanzíbar.

Los tres ejes económicos fueron agricultura, pesca y comercio. Los dos primeros sectores estuvieron a cargo de la población negra y de los esclavos, mientras que el tercero fue controlado por los árabes y se incrementó con el paso del tiempo y el perfeccionamiento de las técnicas marineras. Se importaba principalmente telas, tejidos y objetos metálicos, y se exportaba marfil, ámbar, esclavos, oro, maderas preciosas y algunas especias, la mayoría de cuyos artículos se iba a buscar a las tierras del interior.

En el siglo X el viajero de Bagdad, Al Massudi, que había recorrido Irán, India, China, Indonesia, África oriental y otros lugares, hablaba del comercio de marfil por parte de los zandj: “Ordinariamente va a parar a Omán desde donde se expide a China o a la India. Tal es la ruta que siguen y, si no fuera así, el marfil sería abundante en los países musulmanes. En China los reyes y los notables civiles y militares se sirven de asientos de marfil; a ningún funcionario ni a cualquier personaje importante se le ocurriría visitar al rey en silla de hierro, pues únicamente el marfil es utilizado en una circunstancia semejante...” Añade que en la India el marfil se utilizaba mucho para la empuñadura de las armas y la fabricación de piezas de ajedrez.

La otra característica sobresaliente de esta cultura fue la construcción en piedra; se edificaban con este material palacios, mezquitas y casas para la nobleza y gente rica. En la evolución de las construcciones podemos observar tres períodos diferentes, marcados por el tratamiento que se da a la piedra de coral, que es el elemento empleado en todos los edificios. Hasta el siglo XII se construyó con piedras irregulares, unidas por una argamasa de arcilla rosa; su ejemplar más antiguo es la mencionada mezquita de Mizimkazi. En el XIII se elaboraron bloques de coral en forma de cubo, de 25-30 cms. de arista, que se sujetaban con cal procedente de la cocción del coral.

En el siglo XIV las piedras eran casi iguales y se fijaban con mortero, pero sólo se tallaban las destinadas a los marcos de las puertas y al mirhab. Aparecieron entonces las cúpulas, arcos de medio punto, columnas de piedra, bajorrelieves, etc. Los principales exponentes de este período se encuentran en la cercana isla de Kilua.

Invasión y resurgimiento

En 1498 los portugueses abrieron la ruta hacia las Indias y visitaron la costa suahili, donde les proporcionaron un guía para conducirlos a Calcuta. Volvieron años más tarde con intención de someter todo el litoral índico, y saquearon Zanzíbar en 1503; arruinaron su floreciente cultura, se llevaron un gran botín en cereal, marfil y plata e impusieron un tributo muy oneroso a la isla. Durante dos siglos los zanzibaritas opusieron una resistencia tenaz a la presencia portuguesa. En 1652 recibieron la ayuda de los omaníes; hacia 1729 los portugueses fueron expulsados de Zanzíbar y se marcharon a Mozambique.

Desde mediados del siglo XVII la llegada de omaníes, originarios del sultanato de Mascate, fue en aumento. Llevaron con ellos el kharidjismo, corriente musulmana basada en el rigorismo moral y en una observancia a ultranza de los preceptos coránicos. Con la subida al trono de la dinastía Busaidi en Mascate, aquéllos llegaron a dominar la mayor parte de las ciudades suahili e hicieron de Zanzíbar el centro económico, intelectual y religioso más importante. En 1799 se nombró un gobernador omaní, que fue quitando poder a los jefes locales y repartiendo las tierras de la isla a compatriotas suyos.

Cuando logró someter Mombasa, Said ibn Sultan abandonó Mascate en 1840 y trasladó la corte a Zanzíbar, eclipsando a todas las ciudades de la zona  índica. Introdujo el cultivo del clavo y facilitó la llegada de indios, que se encargaron de la recogida de impuestos y de gestionar las aduanas. En poco tiempo la isla se convirtió en el mercado más importante de marfil, clavo, copal, esclavos, mariscos y productos agrícolas, y en el principal receptor de bienes elaborados de India, Europa y América. No en vano Said firmó tratados comerciales con Norteamérica (1839), Inglaterra (1839) y Francia (1844).

Con la introducción del clavo, se pasó a una agricultura de plantación, que requería gran número de esclavos, por lo que su captura adquirió grandes proporciones. De unos 150.000 habitantes que tenía la isla en 1850, 60.000 eran esclavos. Pero muchos más eran los que salían fuera: Francia se los llevaba a sus posesiones del Índico (Seychelles, Comoras, Mauricio y Reunión), más aún eran los transportados a los países árabes de Asia y algunos llegaban a América. En 1845 Inglaterra impuso a Said el tratado Hamerton, por el que se prohibía la exportación de esclavos fuera de sus dominios.

Patrimonio de la Humanidad

Said murió en 1856 y, tras un breve reinado de Majid, pasó a ocupar el puesto de Sultán Barghash, que se vio sometido a las presiones inglesas y francesas para imponerle sus pretensiones coloniales. Zanzíbar fue perdiendo influencia, a medida que los europeos se apropiaban de los territorios africanos; finalmente, la isla fue declarada protectorado británico. La pérdida de poder político no empañó su legado cultural y artístico, que fue reconocido por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, “como un ejemplo excepcional de una ciudad comercial suahili, siendo la que ha conservado un mayor número de edificios históricos”.

Además de su carácter cultural propio, Zanzíbar tiene un puesto sobresaliente en la historia colonial de África, puesto que desde allí salieron grandes expediciones para explorar las regiones orientales y centrales de África, dirigidas por Livinsgtone, Stanley o Speke, que buscaban las fuentes del Nilo o el nacimiento del río Congo. También guarda una importancia simbólica en la lucha contra el tráfico esclavista, porque si bien en un momento lo favoreció, allí se levantaron voces, como la de Livingstone, que abogaron por su abolición.

La “Ciudad de Piedra”, objeto de la declaración de Patrimonio, está formada por edificios coloniales, residenciales, religiosos o de servicio público, como escuelas, mercados, hospitales, etc. Las casas de tradición india son fácilmente reconocibles por un tenderete peculiar en sus fachadas, y las de tipo árabe exhiben sus característicos arcos en puertas y ventanas; estas últimas muestran celosías multicolores que dan a los edificios una personalidad especial. Si a esto unimos el labrado inconfundible de las puertas (motivos florales, pequeñas tallas, representaciones simbólicas, etc.) y el empleo de piedra de coral con enlucimiento de yeso y cal, obtenemos conjuntos singulares que hacen de Zanzíbar un lugar único.

La ciudad fue construida sin una planificación previa, por lo que las calles, angostas y sinuosas, no tienen un trazado definido, originando muchos espacios cerrados; a lo largo de ellas están las tiendas, bazares y puestos, que muestran sus variopintos productos en un desorden generalizado. Una de las más peculiares es la calle Darjani, sobre todo en su parte más antigua.

Entre los monumentos más importantes tenemos el Fuerte Árabe, al sur del paseo marítimo; su construcción data del siglo XVIII y ocupa el lugar donde se levantó una iglesia portuguesa. Fue un importante bastión defensivo en el enfrentamiento contra los Mazrui de Mombasa en 1754. Posteriormente sirvió de cárcel y hoy sólo se conservan las torres que sostenían las murallas almenadas. Ejemplo de construcción tradicional árabe es la conocida Casa de Tippu Tip, un antiguo negrero que logró levantar un estado potente al suroeste del lago Tanganika. Destacan sus escaleras con alternancia de mármol blanco y negro.

El palacio del sultán Barghash, o Casa de las Maravillas, fue construido en 1883; es uno de los edificios mejores de toda África oriental. En sus puertas bellamente esculpidas destacan los dorados de los textos del Corán, mientras que paneles de teca y de cedro adornan las habitaciones y forman el entramado de la extraordinaria veranda. Hoy es el Museo de la Cultura Suahili. Antes de construir esta casa, el Sultán residía en otro palacio, que ahora se conoce como el Palacio del Pueblo.

Además de la citada mezquita de Kizimkazi, hay que detenerse en la de Aga Khan y, sobre todo, en la de Malindi Bamnara (1831), que tiene el minarete más antiguo de Zanzíbar. Otros edificios religiosos son la Catedral católica (1897-1900) de estilo neorrománico, cuyos arquitectos fueron los mismos que diseñaron la Basílica de Marsella, y la Catedral anglicana (1873-1903), edificada sobre el antiguo mercado de esclavos, por lo que se ha convertido en un símbolo de la abolición de la esclavitud. La secta de los Ismaelitas también levantó su lugar de reunión, el Jamat Khan, donde destacan las grandes columnas de piedra que sostienen toda la estructura arquitectónica.
 
 

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