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Asentada
sobre arrecifes coralinos, forma en la actualidad parte de
Tanzania, una federación
surgida el 27 de abril de 1964 entre la antigua colonia de Tanganika
y el protectorado inglés de Zanzíbar. Para unos,
su nombre significa “la
orilla de los Zendj”, nombre dado por los viajeros árabes
a los habitantes del litoral índico hasta Cabo Delgado.
Para otros, basándose en la etimología árabe,
sería la “isla bella”, por la exuberancia
de sus paisajes y la fertilidad del suelo.
Los habitantes
más antiguos fueron africanos, pero los
primeros indicios de la presencia humana pertenecen a los siglos
IX-X. Corresponde este período a la expansión del
Islam y a la emigración de los Shirazi, habitantes de
la ciudad persa de Shiraz, enclavada en la provincia de Fars,
en el Golfo Pérsico. Se establecieron primero a lo largo
de la costa norte.
La ocupación fundamental
en la costa era la agricultura de cereal, pero los que pasaron
a la isla tuvieron que someterse a sus condiciones climáticas,
que con unas precipitaciones de 1.700 milímetros anuales,
genera una humedad del 80 por ciento. Ante esta nueva situación,
cambiaron el cereal por el tubérculo; como observó el
viajero chino Wang Tayuan (s. IX), en Zanzíbar el “ñame
sustituía al grano”.
A finales del siglo XI y principios
del XII se incrementaron las migraciones hacia el sur, debido,
en gran parte, a la continua llegada de árabes de la región
de Omán.
Estaban formadas por grupos de mercaderes, descendientes de los
matrimonios mixtos entre los primitivos shirazi y los autóctonos,
que llevaban consigo una cultura áraboislámica,
cuyo desarrollo se difundió en las islas donde se establecieron:
Zanzíbar, Pemba, Kilua y Mafia, principalmente. El comercio
fue creciendo y también la captura de esclavos negros.
El geógrafo ceutí El Idrisi, que había hecho
sus estudios en Córdoba, señala cómo los
comerciantes se atraían a los chicos ofreciéndoles
dátiles, y así los hacían esclavos.
En esta
segunda ola de migraciones es cuando tuvo lugar la implantación
de la cultura árabe, concretándose su presencia
en el año 1107; una inscripción encontrada en el mirhab de
la antigua mezquita de Kizimkazi señala que su construcción
empezó el 27 de julio de este año. El geógrafo árabe
Yakut, que escribe en el siglo XIII, afirma que la isla formaba
un reino independiente y que Ungudja, nombre que también
se dio a Zanzíbar, era su centro comercial más
importante, repleto de comerciantes y viajeros.
Otras muchas ciudades
e islas (Lamu, Paté, Malindi, Pemba,
Mafia, Kilua, Mombasa, Gedi, etc.) habían experimentado
los mismos cambios que Zanzíbar. Entre ellas surgían
rivalidades para imponer una hegemonía comercial y política
en la zona; por eso, los momentos de esplendor pasaron de unas
a otras según la personalidad de sus dirigentes y la fortaleza
de sus mercados. Kilua gozó durante mucho tiempo de una
primacía comercial incuestionable, pero hacia mitad del
siglo XV Zanzíbar ya se sentía lo bastante fuerte
como para tratar de imponerle su candidato favorito.
Sin embargo,
en el siglo XVI Zanzíbar no era ni política
ni económicamente uno de los principales centros de la
costa índica. Por entonces estaba dividida en cinco territorios
con un jefe al frente de cada uno de ellos. Los descendientes
de los antiguos persas fueron diluyéndose poco a poco
en la sociedad, pero permanecieron ciertos rasgos culturales;
unidos a otras aportaciones indias, árabes, africanas
y, posteriormente, europeas originaron una cultura peculiar que
recibió el nombre de suahili.
La cultura suahili
Tiene su manifestación
más directa en el kisuahili,
o lengua empleada en la mayor parte de África oriental,
cuya formación, de estructura bantú, tiene un vocabulario
con palabras procedentes de los países que tuvieron relaciones
comerciales o coloniales con las diversas ciudades e islas del Índico.
El primer documento escrito es relativamente reciente (1728),
pero debido a que cada territorio gozó de autonomía
propia, aparecieron dialectos diferentes y variaciones lingüísticas.
A raíz de la colonización se buscó la unificación
de las diversas manifestaciones, partiendo del suahili hablado
en Zanzíbar.
Los tres ejes económicos fueron agricultura,
pesca y comercio. Los dos primeros sectores estuvieron a cargo
de la población
negra y de los esclavos, mientras que el tercero fue controlado
por los árabes y se incrementó con el paso del
tiempo y el perfeccionamiento de las técnicas marineras.
Se importaba principalmente telas, tejidos y objetos metálicos,
y se exportaba marfil, ámbar, esclavos, oro, maderas
preciosas y algunas especias, la mayoría de cuyos artículos
se iba a buscar a las tierras del interior.
En el siglo X el viajero
de Bagdad, Al Massudi, que había
recorrido Irán, India, China, Indonesia, África
oriental y otros lugares, hablaba del comercio de marfil por
parte de los zandj: “Ordinariamente va a parar a Omán
desde donde se expide a China o a la India. Tal es la ruta que
siguen y, si no fuera así, el marfil sería abundante
en los países musulmanes. En China los reyes y los notables
civiles y militares se sirven de asientos de marfil; a ningún
funcionario ni a cualquier personaje importante se le ocurriría
visitar al rey en silla de hierro, pues únicamente el
marfil es utilizado en una circunstancia semejante...” Añade
que en la India el marfil se utilizaba mucho para la empuñadura
de las armas y la fabricación de piezas de ajedrez.
La otra característica sobresaliente de esta cultura fue
la construcción en piedra; se edificaban con este material
palacios, mezquitas y casas para la nobleza y gente rica. En
la evolución de las construcciones podemos observar tres
períodos diferentes, marcados por el tratamiento que se
da a la piedra de coral, que es el elemento empleado en todos
los edificios. Hasta el siglo XII se construyó con piedras
irregulares, unidas por una argamasa de arcilla rosa; su ejemplar
más antiguo es la mencionada mezquita de Mizimkazi. En
el XIII se elaboraron bloques de coral en forma de cubo, de 25-30
cms. de arista, que se sujetaban con cal procedente de la cocción
del coral.
En el siglo XIV las piedras eran casi iguales y se fijaban con
mortero, pero sólo se tallaban las destinadas a los marcos
de las puertas y al mirhab. Aparecieron entonces las
cúpulas, arcos de medio punto, columnas de piedra, bajorrelieves,
etc. Los principales exponentes de este período se encuentran
en la cercana isla de Kilua.
Invasión y resurgimiento
En 1498 los portugueses abrieron la ruta hacia las Indias y visitaron
la costa suahili, donde les proporcionaron un guía para
conducirlos a Calcuta. Volvieron años más tarde
con intención de someter todo el litoral índico,
y saquearon Zanzíbar en 1503; arruinaron su floreciente
cultura, se llevaron un gran botín en cereal, marfil
y plata e impusieron un tributo muy oneroso a la isla. Durante
dos siglos los zanzibaritas opusieron una resistencia tenaz
a la presencia portuguesa. En 1652 recibieron la ayuda de los
omaníes; hacia 1729 los portugueses fueron expulsados
de Zanzíbar y se marcharon a Mozambique.
Desde mediados del siglo XVII la llegada de omaníes, originarios
del sultanato de Mascate, fue en aumento. Llevaron con ellos
el kharidjismo, corriente musulmana basada en el rigorismo moral
y en una observancia a ultranza de los preceptos coránicos.
Con la subida al trono de la dinastía Busaidi en Mascate,
aquéllos llegaron a dominar la mayor parte de las ciudades
suahili e hicieron de Zanzíbar el centro económico,
intelectual y religioso más importante. En 1799 se nombró un
gobernador omaní, que fue quitando poder a los jefes locales
y repartiendo las tierras de la isla a compatriotas suyos.
Cuando logró someter Mombasa, Said ibn Sultan abandonó Mascate
en 1840 y trasladó la corte a Zanzíbar, eclipsando
a todas las ciudades de la zona índica. Introdujo
el cultivo del clavo y facilitó la llegada de indios,
que se encargaron de la recogida de impuestos y de gestionar
las aduanas. En poco tiempo la isla se convirtió en el
mercado más importante de marfil, clavo, copal, esclavos,
mariscos y productos agrícolas, y en el principal receptor
de bienes elaborados de India, Europa y América. No en
vano Said firmó tratados comerciales con Norteamérica
(1839), Inglaterra (1839) y Francia (1844).
Con la introducción del clavo, se pasó a una agricultura
de plantación, que requería gran número
de esclavos, por lo que su captura adquirió grandes proporciones.
De unos 150.000 habitantes que tenía la isla en 1850,
60.000 eran esclavos. Pero muchos más eran los que salían
fuera: Francia se los llevaba a sus posesiones del Índico
(Seychelles, Comoras, Mauricio y Reunión), más
aún eran los transportados a los países árabes
de Asia y algunos llegaban a América. En 1845 Inglaterra
impuso a Said el tratado Hamerton, por el que se prohibía
la exportación de esclavos fuera de sus dominios.
Patrimonio de la Humanidad
Said murió en 1856 y, tras un breve reinado de Majid,
pasó a ocupar el puesto de Sultán Barghash, que
se vio sometido a las presiones inglesas y francesas para imponerle
sus pretensiones coloniales. Zanzíbar fue perdiendo influencia,
a medida que los europeos se apropiaban de los territorios africanos;
finalmente, la isla fue declarada protectorado británico.
La pérdida de poder político no empañó su
legado cultural y artístico, que fue reconocido por la
UNESCO Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, “como
un ejemplo excepcional de una ciudad comercial suahili, siendo
la que ha conservado un mayor número de edificios históricos”.
Además de su carácter cultural propio, Zanzíbar
tiene un puesto sobresaliente en la historia colonial de África,
puesto que desde allí salieron grandes expediciones para
explorar las regiones orientales y centrales de África,
dirigidas por Livinsgtone, Stanley o Speke, que buscaban las
fuentes del Nilo o el nacimiento del río Congo. También
guarda una importancia simbólica en la lucha contra el
tráfico esclavista, porque si bien en un momento lo favoreció,
allí se levantaron voces, como la de Livingstone, que
abogaron por su abolición.
La “Ciudad de Piedra”, objeto de la declaración
de Patrimonio, está formada por edificios coloniales,
residenciales, religiosos o de servicio público, como
escuelas, mercados, hospitales, etc. Las casas de tradición
india son fácilmente reconocibles por un tenderete peculiar
en sus fachadas, y las de tipo árabe exhiben sus característicos
arcos en puertas y ventanas; estas últimas muestran celosías
multicolores que dan a los edificios una personalidad especial.
Si a esto unimos el labrado inconfundible de las puertas (motivos
florales, pequeñas tallas, representaciones simbólicas,
etc.) y el empleo de piedra de coral con enlucimiento de yeso
y cal, obtenemos conjuntos singulares que hacen de Zanzíbar
un lugar único.
La ciudad fue construida sin una planificación previa,
por lo que las calles, angostas y sinuosas, no tienen un trazado
definido, originando muchos espacios cerrados; a lo largo de
ellas están las tiendas, bazares y puestos, que muestran
sus variopintos productos en un desorden generalizado. Una de
las más peculiares es la calle Darjani, sobre todo en
su parte más antigua.
Entre los monumentos más importantes tenemos el Fuerte Árabe,
al sur del paseo marítimo; su construcción data
del siglo XVIII y ocupa el lugar donde se levantó una
iglesia portuguesa. Fue un importante bastión defensivo
en el enfrentamiento contra los Mazrui de Mombasa en 1754. Posteriormente
sirvió de cárcel y hoy sólo se conservan
las torres que sostenían las murallas almenadas. Ejemplo
de construcción tradicional árabe es la conocida
Casa de Tippu Tip, un antiguo negrero que logró levantar
un estado potente al suroeste del lago Tanganika. Destacan sus
escaleras con alternancia de mármol blanco y negro.
El palacio del sultán Barghash, o Casa de las Maravillas,
fue construido en 1883; es uno de los edificios mejores de toda África
oriental. En sus puertas bellamente esculpidas destacan los dorados
de los textos del Corán, mientras que paneles de teca
y de cedro adornan las habitaciones y forman el entramado de
la extraordinaria veranda. Hoy es el Museo de la Cultura Suahili.
Antes de construir esta casa, el Sultán residía
en otro palacio, que ahora se conoce como el Palacio del Pueblo.
Además de la citada mezquita de Kizimkazi, hay que detenerse
en la de Aga Khan y, sobre todo, en la de Malindi Bamnara (1831),
que tiene el minarete más antiguo de Zanzíbar. Otros
edificios religiosos son la Catedral católica (1897-1900)
de estilo neorrománico, cuyos arquitectos fueron los mismos
que diseñaron la Basílica de Marsella, y la Catedral
anglicana (1873-1903), edificada sobre el antiguo mercado de esclavos,
por lo que se ha convertido en un símbolo de la abolición
de la esclavitud. La secta de los Ismaelitas también levantó su
lugar de reunión, el Jamat Khan, donde destacan las grandes
columnas de piedra que sostienen toda la estructura arquitectónica. |