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Los obispos de la AMECEA (Asociación de Conferencias Episcopales de África Oriental) expresaron recientemente su solidaridad con la población de Darfur y piden una “resolución pacífica, con la participación de la UA (Unión Africana), la ONU y la comunidad internacional”. Sobre la deteriorada situación de paz en la región de los Grandes Lagos y el Cuerno de África, los obispos expresan también su “preocupación y compromiso de unir esfuerzos con aquellos que buscan caminos de resolución de los problemas”. La AMECEA destaca, además, los progresos hacia la paz que se han producido en Sudán Meridional y en el norte de Uganda. “Hemos percibido con alegría el progreso que Sudán está haciendo en la puesta en marcha de un Acuerdo de Paz Global que ha dado esperanza al pueblo de Sudán –afirman–; rezamos para que la paz se mantenga indefinidamente y el acuerdo se aplique completamente. También destacamos las negociaciones entre el Gobierno de Uganda y el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) en el norte de Uganda”.
Por otra parte, los obispos de Sierra Leona han condenado con firmeza los brotes de violencia que han surgido en el país durante la campaña electoral para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que enfrentó al candidato de la oposición Ernest Bai Koroma y al vicepresidente saliente Solomon Berewa. Los obispos condenan sin paliativos a “todos aquellos que con sus actos y con su conducta fomentan sentimientos de tribalismo y regionalismo como medios para conquistar el poder. Actos de rebelión, de extorsión, de destrucción, de violencia y de desprecio de la ley son prácticas pecaminosas e inadmisibles”. La Iglesia llevó a cabo una gran labor de educación en el proceso electoral, en particular a través de Radio María y de la Comisión Episcopal “Justicia y Paz”.
En Burundi, los obispos han lanzado un llamamiento a la clase política para que antepongan el diálogo y las prioridades de la población a sus intereses. También han criticado abiertamente a los jefes de los partidos políticos acusándolos de hacer crecer la tensión lanzándose mutuamente todo tipo de acusaciones a través de los medios de comunicación. Según los obispos, “los líderes políticos deben rivalizar para asentar la verdadera democracia, que supone una libertad de expresión. Para que no se retrase el proceso nacional, ni el vencedor debe hostigar al vencido, ni el vencido debe causar desórdenes”.
También en Nigeria, por boca de Mons. John Onaiyekan, arzobispo de Abuya, la Iglesia pide que el país cure las heridas del pasado. Mons. Onaiyekan pide, en concreto, que se sepa toda la verdad que concierne a la guerra civil y las dictaduras militares que sufrió el país, y exige que sean restituidas al pueblo las riquezas que le han sido robadas por la corrupción y el mal gobierno. “Nigeria es una sociedad enferma que necesita de la verdad, la reparación y de un proceso de reconciliación para deshacerse de la carga de las injusticias acumuladas en el pasado”, afirmó en un fórum organizado el pasado agosto por la comisión independiente contra la corrupción.
En Níger, que se enfrenta desde comienzos de este año a una lucha armada en el norte del país protagonizada por los rebeldes del Movimiento de los Nigerinos por la Justicia (MNJ), es el arzobispo de Niamey quien hace un llamamiento a la paz: “Níger quiere que las armas de la paz derroten nuestro orgullo, que nos hace creer que la razón del más fuerte es siempre justa y que se puede construir la paz a golpe de cañón. La paz no se prepara organizando la guerra”.
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