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A pesar de los acuerdos de paz de 2002, la celebración de elecciones en 2006 y la presencia de 17.000 cascos azules de la ONU en el país, la población de Kivu lleva casi 10 años sufriendo graves actos de violencia: homicidios, violaciones, torturas y pillajes. A finales de agosto y primeros de septiembre, varios enfrentamientos armados han tenido lugar en Karuba, a 80 kilómetros de Goma, capital de Kivu Norte, entre los seguidores del general disidente Laurent Nkunda y el Ejército regular congoleño. Nkunda lidera el movimiento político-militar Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) y fue uno de los dirigentes del antiguo grupo rebelde Reagrupación Congoleña para la Democracia (RCD-Goma).
El 3 de septiembre, el Ejército habría matado a 80 rebeldes en operaciones de bombardeo con helicópteros de combate, mientras que al oeste de Goma habría acabado con 100 rebeldes más. Días antes, el periódico congoleño Le Potentiel aseguraba que “el Ejército perdía su posición en Bukana, controlada ahora por los milicianos de Laurent Nkunda. Mientras tanto, se señalan movimientos de tropas ugandesas, con vehículos pesados y motorizados a lo largo de la frontera común con la R. D. de Congo. Como si se tratara de movimientos sincronizados que anunciaran el arranque de la tercera guerra en la RDC”. Estos combates han obligado a más de 160.000 congoleños a abandonar sus hogares en Kivu Norte.
Tras los enfrentamientos, hubo una rápida reacción en el plano diplomático. Del 15 al 17 de septiembre se reunieron en Kampala una delegación de ministros de Burundi, Ruanda, Uganda y la R. D. de Congo, y constituyeron la Comisión conjunta denominada Tripartito Plus, con el objetivo de erradicar la amenaza de las “fuerzas negativas”. Los ministros estuvieron de acuerdo en la importancia de acelerar el proceso de integración de las fuerzas armadas congoleñas mixtas, para garantizar la seguridad de la población local.
Ruanda y R. D. de Congo se acusan mutuamente de apoyar a sus enemigos respectivos. R. D. de Congo asegura que Ruanda apoya con recursos humanos, armas y municiones a los insurgentes del general Nkunda. Ruanda considera que el Gobierno congoleño no hace nada para acabar con las bandas afines a los antiguos miembros del Ejército ruandés y a los hutus interahamwe.
Los rebeldes de Laurent Nkunda esgrimen las mismas razones que provocaron las dos guerras anteriores, en 1996 y 1998: la defensa de los banyamulenge. “Todo parece indicar que Ruanda está detrás de la rebelión actual”, asegura el experto en los Grandes Lagos, Ramón Arozarena. La mayoría de los observadores dan como cierta la intervención ruandesa en los acontecimientos actuales. Quienes no tienen duda son los habitantes de Bukavu, que afirman haber visto penetrar en su zona a tropas ruandesas provenientes de la isla Idjwi, en el lago Kivu; mientras, otros han informado de que militares ruandeses avanzaban hacia Beni-Butembo, desde Rutshuru.
Desde hace tiempo, diferentes grupos de derechos humanos han descrito el proceso de reintegración en el Ejército de ex combatientes en Kivu como una auténtica “bomba de relojería”. Bajo este proceso, antiguas tropas del RCD están desde enero reintegradas en las denominadas “brigadas mixtas”, encargadas de la seguridad de Kivu Norte. Las noticias de deserciones, desobediencias a las autoridades locales y falta de presencia de las instituciones públicas en el este han sido constantes desde entonces. “Los insurgentes, que antes sólo controlaban territorios de Masisi y Rutshuru, han conseguido desplegarse e instalarse por la fuerza en casi todos los territorios, así como en la ciudad de Goma, por medio de 5 brigadas: principalmente, Alpha (Masisi-Mweso), Bravo (Rutshuru), Charlie (Masisi), Delta (Masisi) y Echo (Goma)”, denuncian grupos de derechos humanos.
Un Ejército capaz, preparado, cualificado y eficiente es fundamental, si se quiere evitar una nueva insurgencia y garantizar la integridad territorial, la soberanía nacional y la estabilidad de las instituciones públicas.
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