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El mensaje del Papa para el DOMUND de este año, que se celebrará el domingo 21 de octubre, lleva por título “Todas las Iglesias para todo el mundo”. En él, Benedicto XVI nos recuerda algo fundamental: que la misión de anunciar el Evangelio atañe a todos los bautizados, tanto a los de las “Iglesias consolidadas” del Norte, como a los de las “Iglesias jóvenes” del Sur del mundo. Según el Papa, Dios invita también a las Iglesias de reciente evangelización a dedicarse generosamente a la misión ad gentes. “De este modo –afirma el Pontífice– asistimos a un providencial intercambio de dones que redunda en beneficio de todo el cuerpo místico de Cristo”.
El gran crecimiento que han experimentado las Iglesias más jóvenes, especialmente las de África, está haciendo que el “flujo misionero” ya no sea solamente de Norte a Sur, sino que se ha convertido en un movimiento multidireccional en el que cualquier país es origen y puede ser destino de la Misión. Muchos son ya los misioneros de origen africano que están saliendo de sus países e incluso del continente para ir a anunciar el Evangelio a otros lugares del mundo. Atrás quedó aquella época en que los misioneros europeos eran los únicos que lo dejaban todo para ir a tierras lejanas a anunciar el mensaje de Cristo.
Muchos misioneros siguen dejando su tierra natal para ir más allá de sus fronteras, pero ya no son sólo europeos –hoy son ya minoría– ni van solamente para anunciar algo nuevo y desconocido para otras gentes. Pocas son hoy las misiones en las que el personal apostólico o misionero está compuesto exclusivamente por europeos. Hoy es normal encontrar misioneros y misioneras latinoamericanos o asiáticos en África; o misioneros y misioneras africanos en América Latina, Asia o Europa. Gracias a esta nueva realidad, la misión se hace cada vez más universal, no sólo con respecto al destino, sino también al origen. Lejos de haber perdido su actualidad, el mandato misionero de Cristo (“Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio”) se ve revitalizado con esta nueva dimensión, ya que los destinatarios siguen siendo numerosos, pero va creciendo el número y la diversidad de los enviados. Se trata fundamentalmente, como a los misioneros les gusta decir, de “compartir la fe”.
“Id”, ésta es la palabra fundamental cuando hablamos de misión. Salir de la propia tierra, salir del propio entorno cultural, político, social, económico... salir al encuentro del otro para llevarle y compartir con él la buena noticia de la salvación. Es en este salir para compartir, en este “intercambio de dones” que dice Benedicto XVI, en donde la Iglesia encuentra su auténtica razón de ser y en donde alcanza su plenitud.
El lema escogido por la Iglesia española para el DOMUND dice: “Dichosos los que creen”. Dichosos, no por el simple hecho de creer, sino porque la fe da una razón hermosa para vivir y construir un mundo mejor. Sólo si los cristianos nos comprometemos a compartir nuestra fe llegaremos a la felicidad plena. Seremos felices porque creemos, felices porque compartimos aquello en lo que creemos, felices porque no sólo dando, sino también recibiendo, llegaremos a construir entre todos un mundo más humano y solidario, un mundo sin fronteras, imagen del Reino de Dios.
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