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En informes recientes publicados por observadores internacionales, Guinea Ecuatorial se asocia principalmente con “la espectacular abundancia de ingresos petrolíferos” y, consecuentemente, con “el más alto crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) del mundo entre 1995 y 2001”. La comparación de sus datos económicos con los del resto de países de África al sur del Sahara en la actualidad o consigo mismo en la época anterior a la explotación del petróleo resulta reveladora. El PIB alcanzó un crecimiento medio anual entre 1984 y 1994 de un 3 por ciento, mientras que entre 1994 y 2004 ascendió al 21,6 por ciento. ¿Se han traducido estas cifras en mejoras sociales? La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) responde de forma lacónica: “Los ingresos del petróleo son considerables y han transformado la estructura económica del país; sin embargo, no han beneficiado todavía por completo a su pequeña población”.
La Unión Europea asegura: “Este incremento en recursos no se ha trasladado a la esfera social mediante una mejora en las condiciones de vida de la población, capítulo que aún muestra indicadores preocupantes. Guinea Ecuatorial está actualmente en la posición 110 (de 162) en el IDH (Índice de Desarrollo Humano) del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo)”.
El Departamento de Estado de Estados Unidos sentencia: “La mayoría de la población vive de la agricultura de subsistencia, que se complementa con la caza y la pesca (…). No hay apenas pruebas de que la riqueza del petróleo se destine al bien público”.
ÉXITO ECONÓMICO Y FRACASO SOCIAL
Aunque las fuentes citadas coinciden en la descripción del éxito económico de Guinea Ecuatorial, así como en la falta de un progreso social acorde, difieren en su juicio sobre las razones que explican las diferencias.
La OCDE subraya el “inadecuado ambiente institucional de Guinea Ecuatorial (…). La infraestructura básica es uno de los cuellos de botella del desarrollo del país (…). Otros problemas graves suceden por la débil separación entre los poderes judicial, ejecutivo y legislativo”.
Para la Unión Europea, la falta de progreso social “se debe sobre todo a una administración paralizada y muy ineficaz, que frena el desarrollo del país”. Señala también como factores negativos la falta de concienciación sobre la idea de ‘servicio público’, la centralización del poder y la falta de conocimientos sobre leyes y procedimientos.
El Departamento de Estado de Estados Unidos tiene otra explicación: “La corrupción y un sistema judicial que no funciona bloquean el desarrollo económico y social de Guinea Ecuatorial (…). El presupuesto del Gobierno aún no incluye todos los ingresos y gastos (…). La aplicación de las leyes es selectiva. La corrupción entre los funcionarios está muy extendida y muchos acuerdos de negocios se realizan con falta de transparencia”.
¿Pobre infraestructura, falta de eficacia o simplemente corrupción? En 2004, el Senado de Estados Unidos publicó un informe sobre el blanqueo de dinero negro en el que se menciona a Guinea Ecuatorial. Los senadores consideran que el presidente Teodoro Obiang y su familia son responsables de varios casos de corrupción: “La Banca Riggs gestionó más de 60 cuentas y certificados de depósitos a nombre de Guinea Ecuatorial, sus funcionarios y familiares, sin apenas prestar atención a las obligaciones del banco sobre el blanqueo de capitales”. El petróleo está en la base de estas actuaciones.

POLÍTICA Y DESARROLLO HUMANO
La historia reciente de Guinea Ecuatorial muestra que el país tenía tres sólidas bases para que el Gobierno pudiera fundamentar su desarrollo. Durante los 27 años de mandato presidencial continuado de Obiang, el país ha firmado o ratificado todos los instrumentos internacionales superiores en todas las esferas del ámbito político y se ha adherido a casi todas las principales convenciones internacionales. Además, durante este período, los países más poderosos, además del antiguo poder colonial, España, han comerciado con Guinea Ecuatorial y han cooperado en su desarrollo. Por otro lado, la explotación petrolífera de los últimos diez años ha provisto los fondos suficientes para financiar los proyectos de desarrollo.
Sin embargo, Obiang, que llegó a la presidencia mediante un golpe de Estado contra su tío Francisco Macías el 3 de agosto de 1979, ha buscado principalmente perpetuarse en el poder y aprovecharse de todos los beneficios. Esto ha sido posible por una conjunción de factores: elecciones amañadas, represión política, control de los poderes estatales (judicial, legislativo y ejecutivo) y de los recursos económicos, apoyo internacional de todo tipo.
Ha habido elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales y hay partidos políticos legalizados, además del que resulta siempre ganador, el del presidente: el PDGE (Partido Democrático de Guinea Ecuatorial). Sin embargo, como sucede con el resto de actividades políticas y el ejercicio de los derechos culturales, sociales y económicos, lo que existe en la teoría no existe en la realidad.
El historial de derechos humanos del régimen es realmente pobre. Esto ha sido documentado en varios informes del Representante Especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, quien ha descrito la tortura como “un medio habitual de investigación”. Este representante ha señalado también palizas y abuso de sospechosos, prisioneros y opositores políticos, así como falta de condiciones básicas para los detenidos.
La Constitución en vigor desde 1982 otorga al presidente amplios poderes, entre otros: nombrar y cesar miembros del Gobierno, promulgar leyes por decreto y disolver el Parlamento. Nombra también a los gobernadores de las siete provincias. Está a la cabeza del sistema judicial, junto con sus asesores judiciales. Es el comandante supremo del Ejército, con grado de capitán general. La mayoría de los altos cargos los ocupan familiares de Obiang (hermanos, hijos, tíos), miembros de su clan (esangui) y gente escogida de su provincia natal (Mongomo). Por otro lado, la ley no garantiza el acceso del público a la información gubernamental.
Ha quedado claro que Obiang y su entorno familiar controlan el principal recurso del país. Basta añadir que también controlan el resto de industrias, como la maderera y la agrícola, es decir, casi todo el sector económico, excepto las actividades de subsistencia.
Hay un importante número de instituciones internacionales que cooperan con Guinea Ecuatorial. Por un lado, las leyes de cooperación requieren que las ayudas contribuyan a la mejora de las condiciones de vida de la población. Además, las ayudas han de ir unidas a la puesta en marcha de políticas democráticas por parte del Gobierno beneficiario. Por otro lado, en la práctica la cooperación internacional se lleva a cabo sin tener en cuenta estos requisitos. Aunque algunas organizaciones no gubernamentales (ONGs) han dado por terminada su cooperación en Guinea Ecuatorial, países y agencias oficiales internacionales mantienen diversos programas de cooperación.
MALA ADMINISTRACIÓN
La reciente historia de Guinea Ecuatorial muestra claramente que su repentina riqueza no ha servido para hacer que el país suba de forma significativa en el Índice de Desarrollo Humano. Por otro lado, la creciente integración del país en las actividades políticas y económicas de la comunidad internacional tampoco han sido eficaces para facilitar ese ascenso.
Según los datos del PNUD, Guinea Ecuatorial está cerca del final del grupo de países con desarrollo medio. Con otras palabras: casi 40 años después de la independencia y diez años después del comienzo de la industria petrolera, el país está muy lejos de lo que cabría esperar de acuerdo al crecimiento del PIB más alto del mundo entre 1995 y 2001.
Esto pone en cuestión las explicaciones sobre la falta de progreso debidas a la ineficacia de la administración, falta de infraestructura y, por supuesto, razones culturales y naturales. Guinea Ecuatorial es un ejemplo de cómo la mala administración de la riqueza por parte de la elite del país es la causa principal de la falta de desarrollo humano. Al mismo tiempo, esto arroja serias dudas sobre las políticas de cooperación de los poderes occidentales respecto de los países del Tercer Mundo.
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