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El 30 de julio se celebró en Bouaké una ceremonia de desarme bautizada con el nombre “La llama de la Paz” a la que asistieron seis jefes de Estado africanos. “Todos los costamarfileños, levantaos y gritad conmigo: la guerra ha terminado”, alentaba el presidente Laurent Gbagbo a unas 25.000 personas que asistían al acto en el Estadio Municipal de Bouaké. En palabras del antiguo líder rebelde y actual primer ministro, Guillaume Soro, la ceremonia “sella la reunificación del país”.
Además de diferentes discursos, se procedió a la incineración simbólica de diversas armas. El acto, calificado por Gbagbo como momento histórico, representa un paso más hacia el fin de la violencia, tras la firma de un acuerdo de paz, el pasado 4 de marzo, entre Gbagbo y las Fuerzas Nuevas. De hecho, era la primera vez que Gbagbo visitaba el norte del país desde septiembre de 2002, cuando las Fuerzas Nuevas de Guillaume Soro se hicieran con el control del norte y el país quedara dividido en dos.
El P. Dino Dussin, misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, asistió al evento y recordó que “al final de su discurso el antiguo rebelde y ahora primer ministro Guillaume Soro invitó a todos a ponerse de pie y rezar en silencio durante un minuto a favor de la paz”. “Eso me llegó mucho. Todos quieren celebrar de algún modo este día de reconciliación”, añadió el misionero.
Laurent Gbagbo aseguró durante su discurso que el Gobierno emprenderá la organización de unas elecciones presidenciales que de-bían haberse celebrado hace tiempo, pero que se celebrarán “rápido”. Aunque aún quedan tareas pendientes y fundamentales para asegurar la paz: la identificación y el proceso de registro de los votantes, y el desarme de antiguos rebeldes y milicias progubernamentales.
Los principales líderes opositores del país no acudieron al evento, ni enviaron representantes en su lugar, pero manifestaron su apoyo total y señalaron que su ausencia en la ceremonia no significaba nada. Así lo expresaron Alassane Dramane Ouattara, jefe del partido Unión Democrática de Republicanos, y el ex presidente Henri Konan Bedié, del Partido Democrático de Costa de Marfil. Para la oposición, la paz llegará con unas elecciones libres y justas, algo que puede haber sido puesto en peligro tras la decisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de eliminar el puesto del Alto Representante de Naciones Unidas para las Elecciones.
La ceremonia se desarrolló en medio de grandes medidas de seguridad a cargo de las tropas leales al Gobierno, antiguos guerrilleros rebeldes y soldados de paz franceses, de la Misión de paz de las Naciones Unidas.
Hace un mes el primer ministro Guillaume Soro sufrió un intento de atentado, mientras su avión aterrizaba en el aeropuerto de Boauké.
Después de planificar y cancelar las elecciones presidenciales varias veces durante los últimos cuatro años, se prevé que la votación se celebrará a comienzos de 2008.
Por otra parte, las Naciones Unidas han decidido la suspensión de todo el contingente militar marroquí que trabaja en la Misión de Observación de la ONU en Costa de Marfil, desplegado en Bouaké. Decenas de ellos han sido acusados de explotación y abusos sexuales, algunos de ellos contra menores.
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