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DARFUR, una puerta a la esperanza
 

La Misión Conjunta de las Naciones Unidas y de la UA (Unión Africana) en Darfur (UNAMID), aprobada el pasado 31 de julio por el Consejo de Seguridad de la ONU, supone una puerta abierta a la esperanza para esta región de Sudán que tantos años lleva siendo escenario de muerte y destrucción. La puesta en marcha de la UNAMID, que deberá estar en funcionamiento a principios del próximo año, facilitará las labores humanitarias de ayuda a los más de dos millones de desplazados que ha causado el conflicto, impedirá que se sigan cometiendo masacres de forma impune y podrá permitir a mucha gente regresar a sus casas.

El Gobierno sudanés y los países que lo apoyan en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas –particularmente China–, terminaron aceptando una resolución que en principio contemplaba fuertes sanciones contra las partes en conflicto que no respetasen el acuerdo, pero que luego fue modificada para lograr una aprobación por unanimidad.

A pesar de que esta resolución es muy positiva y de que el envío de una fuerza multinacional es algo bueno –será la mayor misión de paz enviada por la ONU en todo el mundo–, para acabar definitivamente con un conflicto que ha causado unos 200.000 muertos y más de dos millones de desplazados, hace falta algo más. Es necesaria una solución política. Los enfrentamientos entre agricultores y ganaderos a causa de la escasez de agua o la cuestión de los recursos naturales que hay en el subsuelo (especialmente agua y petróleo), son asuntos clave que exigen una solución. La guerra civil que enfrentó al Gobierno de Sudán y a la guerrilla del Sur sólo vio el final cuando Jartum y el SPLA (Ejército para Liberación del Pueblo Sudanés) se sentaron a negociar. Los acuerdos que llevaron al fin de la guerra contemplan el reparto de los beneficios por la explotación del petróleo del Sur y una autonomía política para el Sudán Meridional que incluye la celebración de un referéndum de autodeterminación en el año 2011.

Tanto el Gobierno sudanés, que ha estado apoyando hasta ahora a las milicias yanyawid, como las diferentes facciones rebeldes que se oponen a Jartum, tienen en sus manos conseguir para Darfur lo que en su día se logró para la región del Sur, donde miles de refugiados están ya regresando a sus casas (ver reportaje en página 48). El hecho de que Sudán haya aceptado la resolución bajo fuertes presiones internacionales y de que las dos figuras claves de la rebelión, Abdel Wahid Mohamed Nour y Suleiman Jamous, hayan rechazado participar en el encuentro realizado en Arusha a principios de agosto, hacen pensar que la voluntad de llegar a una solución política dista mucho de ser una realidad, pero es el único camino para alcanzar una paz duradera.

En los más de cuatro años que dura el conflicto se han lanzado infinidad de llamadas a la comunidad internacional para que detenga lo que todos consideran un verdadero genocidio. Con la puesta en marcha de la UNAMID se puede decir que la comunidad internacional ha respondido. El llamamiento debe dirigirse ahora con mayor insistencia a las facciones rebeldes y, especialmente, al Gobierno de Sudán. Que la paz pueda llegar a Darfur depende ahora única y exclusivamente de ellos.

 
 

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