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Mejorar la sonrisa del mundo” es el lema de la ONG Odontología Solidaria, a la que pertenece Federico Gerona, que se dedica, desde 1992, a la mejora de la salud buco-dental de comunidades desfavorecidas, tanto en el Cuarto Mundo como en el Tercer Mundo. “Lo ideal es que nosotros no hiciéramos falta, pero realmente hacemos falta no solamente en el Tercer Mundo, sino muchísimo en el Cuarto Mundo. Aquí en nuestro país, hay atenciones que no se realizan en comunidades desfavorecidas, como ex toxicómanos, seropositivos, mujeres maltratadas, inmigrantes... Trabajamos con toda esta gente marginal, olvidada, no sólo por la sociedad, sino por la Administración. Trabajamos con tres clínicas, una en Madrid, otra en Granollers (Barcelona) y otra en Valencia. En la Consejería de Sanidad de la Junta de Extremadura también hemos hecho bastante labor, porque no había atención buco-dental a minusválidos psíquicos. Otro compañero que trabaja en Plasencia y yo hicimos un proyecto de atención a minusválidos psíquicos en un CAMP (Centro de Atención de Minusválidos Psíquicos) que hay en Don Benito, a 120 kilómetros de Badajoz”.
Pero además del espléndido trabajo que ha realizado en nuestro país, Federico lleva ya nueve años dedicando sus vacaciones a mejorar la salud dental de cientos de personas en países del Sur. “El primer país donde trabajé fue en un proyecto de salud buco-dental en Bata, Guinea Ecuatorial. Fue en el año 1998. También estuve en El Salvador”.
En Malanje (Angola) Federico ha sido pionero en la introducción de un tratamiento buco-dental. “El producto se llama Fluoroplat. Sólo se fabrica en Japón y en Argentina. El producto es un cariostático,para las caries ya formadas. Puede ser muy útil en el Tercer Mundo, sobre todo en los lugares donde hay dificultades para tener energía eléctrica. Es un producto que, una vez limpiada la caries, lo colocas encima y la caries no avanza. Otra ventaja es que puede usarse de una manera sencilla por enfermeros locales. Lo importante no es que nosotros lleguemos, lo coloquemos y nos vayamos, sino que enseñemos a los sanitarios locales a utilizar este producto, que va a evitar destrozos en la boca. Hemos visto problemas muy serios: bocas destrozadas, infecciones generalizadas que acaban en septicemias, y las personas mueren... Yo he visto morirse a un niño por una infección en un diente de leche, y se me ha muerto a mí, aquí en Angola, hace tres años”.
Federico subraya la buena relación que mantiene con los religiosos de la zona. “La diócesis de Malanje me ha ayudado muchísimo en este proyecto, como contraparte nuestra, y los religiosos y religiosas me han ayudado en logística, en sitios para trabajar, presentándome gente. Sin ellos hubiera sido imposible llevar el proyecto adelante”, asegura Federico, agradecido.
“Ahora vamos a hacer un proyecto similar en Sierra Leona, con el misionero javeriano Chema Caballero”.
¿Sus motivaciones, sus sentimientos? “Es un sentimiento agridulce. Muchas veces piensas que lo que estás haciendo es muy poco... Es como una gota en un océano, y hay tanto por hacer, que te sientes muy mal. Lo que de verdad me ayuda no es África, sino los africanos, que te dan todo lo que tienen, comparten contigo... También me encantan los paisajes de África... Pero de lo que menos se habla es de la gente, de los niños, que, aunque vayan descalzos, siempre están sonriendo, que, aunque no tengan qué comer y estén llenos de parásitos, siempre están dándote besos.
A mí África me ha cambiado. Hay un antes y un después de haber estado en este continente. Lo único que me da rabia es no haberlo descubierto antes”.
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