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La reciente visita a Uganda del cardenal Renato Rafael Martino, Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, tuvo tres objetivos: lanzar oficialmente el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, ayudar a que se reuniera el Consejo Mundial de Jóvenes Estudiantes Católicos y realizar una visita pastoral a la zona acholi, objetivos que se cumplieron en su totalidad.
En la homilía de la Eucaristía celebrada en la catedral de Gulu, el cardenal –sin olvidar las dificultades que viven los refugiados en la zona acholi– subrayó la importancia de los programas de rehabilitación para los ex niños soldado en la sociedad, programas que buscan desarrollar las potencialidades de las ONGs, comunidades y organizaciones cristianas para identificar, concienciar y responder a sus necesidades específicas. Reunir a los miembros de las diferentes familias y el rechazo que sufren los niños soldados debido a su anterior estado de combatientes son sin duda algunos de los retos que se plantean a estas familias y a sus comunidades respectivas.
En lo que se refiere a las necesidades humanitarias de los refugiados, el cardenal Martino subrayó, tras visitar el campo de Pagak, que las organizaciones que se encargan de los desplazados merecen mayor apoyo, de forma que puedan tener la capacidad de proteger y asistir a las víctimas. Según el Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, el periodismo moderno ha marcado el conflicto en el norte de Uganda como una guerra olvidada, un conflicto de segunda clase en comparación con las guerras que hay en otras partes del mundo, como pueden ser Irak y Afganistán. En esta perspectiva invitó a los interesados a actuar con determinación: “No podemos aceptar que los medios internacionales sigan ignorando el sufrimiento de los inocentes. Por favor, tened en cuenta –dijo durante la homilía– que los acholi y los lango, tienen ante Dios la misma dignidad que cualquier otro ser humano”.
Poco antes de abandonar el país, el cardenal declaró que “no se puede considerar resuelto el drama de los niños soldado por el mero hecho de que las hostilidades hayan cesado en un país en el que hace muy poco estos menores se encontraban inmersos en acciones bélicas”. El presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz manifestó su deseo de que la comunidad internacional se implique más aún para hacer frente a una urgencia que sigue siendo una cuestión abierta en numerosos países en los que los acuerdos de paz y las negociaciones no han llegado a asegurar una verdadera inserción de los ex combatientes. “Que un joven coja el fusil va contra natura –afirmó–, pero es el caso de tantos jóvenes que después de sufrimientos indecibles en las filas de la guerrilla, terminan por errar en las calles obligados a la mendicidad o a la prostitución”. Es imprescindible movilizar las conciencias para que los niños soldado reciban una educación sana y un seguimiento apropiado con el fin de poder ingresar con pleno derecho en el mercado de trabajo. Los donantes internacionales deben hacer todo lo posible para garantizar la financiación adaptada a los proyectos de reinserción y rehabilitación.
En el momento de su despedida, ya en el aeropuerto de Entebe, el cardenal dijo al presidente de la Conferencia Episcopal Ugandesa, Monseñor Mathias Ssekamanya, que había orado para que, “por la intercesión de los Mártires de Uganda y los de Paimol, Daudi y Gildo, el futuro al que miramos con el corazón lleno de esperanza, traiga paz, prosperidad y reconciliación mutua al norte de Uganda”.
P. Giulio Albanese
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