El mosquito asesino

ABRIL 2008
Editorial
Telemundo
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El mosquito asesino
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EL MOSQUITO ASESINO

La malaria mata a un millón de personas al año. Casi todas sus víctimas son pobres y pertenecen a los países del llamado Tercer Mundo. Los últimos resultados científicos son alentadores. Para muchos de estos científicos todavía se tardarán décadas en vencer a
la malaria. Las vacunas que se están experimentando, entre ellas la del médico español Pedro Alonso, siembran alguna esperanza entre las víctimas de este mosquito asesino.

Entre las seis enfermedades más graves, que causan más muertes en el mundo, hay que citar las llamadas “enfermedades de pobreza”. El parásito de la malaria, que ocupa el quinto lugar en esta fatídica clasificación, invade los organismos de unos 500 millones de personas y mata a un millón de enfermos al año. El 90 por ciento están en Africa. Los más afectados por esta enorme tragedia son los niños africanos. Mueren tres mil cada día. La malaria sigue siendo la primera causa de mortandad infantil para los menores de cinco años: son más vulnerables a la enfermedad porque su sistema inmunológico está menos desarrollado que en los adultos.

La malaria tiene también consecuencias fatales en la duración de la vida de los adultos y un impacto socioeconómico enorme: los enfermos se ven obligados con frecuencia a permanecer en cama, incapaces de ocuparse de sus actividades laborales, pierden el puesto de trabajo y se convierten en una carga considerable para la familia, el sistema sanitario y la sociedad en general.

CÓMO SE TRANSMITE

El mosquito culpable es el Anopheles. Un asesino, mejor dicho asesina, ya que sólo la hembra es la que transmite la enfermedad al picar a los humanos.

malariaCuando pica perfora con su aguijón un vaso sanguíneo, donde entran los parásito en la sangre y se dirigen rápidamente hacia el hígado, desde donde invaden el organismo con efectos devastadores: obstruyen los vasos que riegan los órganos vitales y matan los glóbulos rojos. Pero cuando falla el riego al cerebro –malaria cerebral– generalmente la persona muere.

Para curar esta enfermedad durante la II Guerra Mundial se utilizó un fármaco antimalárico, la cloroquina, gracias al cual se consiguó erradicar la enfermedad en algunas zonas de Europa, pero en los años 50 se comenzó a registar casos de resistencia del parásito a este fármaco.
En la actualidad ha surgido con fuerza un nuevo fármaco llamado Coartem, un medicamento muy eficaz contra la malaria en zonas con alta resistencia a otros productos convencionales. Con Coartem se consigue un porcentaje de curación del 95 por ciento y tiene muy pocos efectos secundarios. Donde se ha experimentado este nuevo medicamento el número de casos de malaria ha disminuido más del 90 por ciento.
El médico español Pedro Alonso está investigando en Mozambique una vacuna que ha demostrado una alta eficacia, sobre todo en el grupo más vulnerable: los niños.

NECESITAN NUESTRA AYUDA

Con estos descubrimientos, se entrevé la posibilidad de elaborar una vacuna a la que puedan acceder los más pobres. Como afirma Anthony Stowers, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los EE.UU, “una vacuna no sólo debe ser eficaz, sino además económica, sobre todo si se necesita en países de pocos recursos, como los de África”.

La desigualdad entre las condiciones sanitarias de los países del Norte y del Sur del planeta es abismal. Los países pobres no pueden asumir ellos solos el peso financiero para el tratamiento de la malaria, las ayudas internacionales son indispensables para aplicar las mejores soluciones. Una adecuada inversión de los países desarrollados permitiría curar la malaria y mejorar concretamente los tratamientos, y así salvar la vida de millones de personas. La lucha contra esta enfermedad debe ir acompañada, por parte de los países ricos, de una auténtica voluntad de ocuparse de la salud de la población de los países pobres.


 


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