Ahora me doy cuenta - Perdón y reconciliación

Pag. inicial

MARZO 2008
Editorial
Telemundo
Combonianas en Sudán
Beata Anuarite
Raíces
Aves
Hola África
Yo misionero


RAÍCES
Ahora me doy cuenta

Perdón - Reconciliación

La gente no se encontraba bien. Alguien había escrito algo en nombre del grupo. El hecho no gustó. Enseguida se descubrió quién era. Ese alguien no se sentía bien en el grupo y decidió decirlo. Vivir de espaldas unos contra otros es lo que no valía. Conclusión: las dos partes tenían razones de quejas una de la otra. Sólo se vio una solución: encontrarnos, hablarnos, perdonarnos y cambiar lo que estaba mal.

El hijo ProdigoPedir perdón y perdonar, de modo sincero, es de las cosas más difíciles. Pero es también de las más esenciales. No es posible ser feliz sin pasar por aquí. No se madura en la vida sin pedir perdón.

Durante la Cuaresma y cuando nos preparamos para el sacramento de la reconciliación, la pregunta es invariable: “¿Qué le voy a decir al confesor? ¿Por qué la gente se tiene que confesar?” Para entender este sacramento tenemos que bucear en su núcleo. Y el núcleo del sacramento no es la confesión. La confesión es la forma de celebrar ese sacramento.

El cobrador de impuestos

Vamos a ver un episodio del Evangelio. Seguro que habéis oído hablar de Zaqueo. Vivía en Jericó. Tenía una profesión algo complicada: cobraba impuestos. Bueno, para él era muy sencillo. Cobraba siempre más dinero de lo previsto. Se enriquecía fácilmente. Zaqueo era rico, pero su conciencia debía estar inquieta.

Cuando oyó decir que Jesús estaba en Jericó, corrió para intentar verlo. Pero –infeliz–, era muy bajito. Se subió a un árbol. Con la certeza de que Jesús iba a pasar por allí. Y por allá venía Él en medio de la multitud. Y… ”Zaqueo, baja deprisa, que Yo voy a quedarme hoy en tu casa”.
“¿En mi casa? ¿Cómo es posible?” Y cuando Zaqueo recibió a Jesús en su casa se sintió perdonado. Aquella experiencia le dejó una profunda huella: “Señor –dijo enseguida Zaqueo–, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y, si defraudé a alguien en cualquier cosa, voy a restituirle cuatro veces más”.

¿Por qué?

Ahora, haz cuentas: dio la mitad de lo que tenía. Además de eso, de lo que recibió y que no le pertenecía, restituyó cuatro veces más. Quiere decir que, si había cobrado indebidamente cuatro monedas, iba a restituir 16. A quien había pedido ocho de más, le dio 32.

¿Por qué hizo todo esto? ¿Qué le empujó a comportarse así? Porque se sintió perdonado.

Éste es el núcleo del sacramento de reconciliación, que tiene cuatro elementos: dejarse mirar por Jesús, pedir perdón, ser perdonado y cambiar de actitud.

Nada fácil

Jesús abraza a un jovenPero no resulta fácil confesarse. No es fácil, porque nos causa incomodidad dejarnos mirar por Dios. No es fácil, porque nos gustaría siempre ser perfectos. Pero no lo somos.

A Jesús no le cuesta nada perdonar. Sólo necesita un poco de arrepentimiento en nuestro corazón. Él no hizo esfuerzo alguno para entrar en casa de Zaqueo. Pero si Zaqueo no hubiese cambiado de actitud, ¿habría servido de algo la visita de Jesús? Si nosotros no tenemos intención de corregir nuestros errores, ¿de qué sirve confesarnos? Pero si nunca nos confesamos, ¿cómo vamos a darnos cuenta de que Dios nos invita a cambiar?

Fiesta

Jesús concluyó así su visita a Zaqueo: ”Hoy vino la salvación a esta casa”. Y después hicieron una gran fiesta.
Cada vez que celebramos este sacramento, Jesús hace un fiesta con nosotros. Jesús renueva tu vida. No hay que tener miedo. Déjate conducir por donde Él te lleva. Fue lo que le sucedió a mi amigo Fabio. El día que se dejó mirar verdaderamente por Jesús en la confesión, exclamó: ”Hermana, ahora ya lo he experimentado. Ahora entiendo perfectamente por qué hay que confesarse”.

 




Hna. Isabel Martin

 


Optimizado para IExplorer - © Copyright - Misioneros Combonianos